Internacional
  • La “capital mundial del pollo” está en EU y... ¡es sostenida por migrantes mexicanos!

  • Los connacionales llegaron a Georgia para sumarse a la cadena avícola y así enviar a sus familias dinero que tiene el mismo destino que los pollos que producen.
Uno de cada seis pollos consumidos en Estados Unidos sale de Georgia | Foto: Gardenia Mendoza

M+.- “Esto es por mi hijo”, resume Reveriano Barragán a MILENIO mientras se quita el gorro y abandona el área de producción de Trilogy Foods. Lleva un año y tres meses en Gainesville desde que salió de Sinaloa, tiempo suficiente para entender la rutina que sostiene a una de las industrias más poderosas de Estados Unidos: jornadas nocturnas, frío constante, cuchillos afilados, olor a pollo y largas horas lejos de casa.

Aun así, asegura que jamás habría ganado en Culiacán lo que aquí, por muchas ganas que le echara trabajando como conductor de Uber. Por eso soporta salir de trabajar por la noche y regresar de madrugada para empezar otra vez.

Prefiere esa rutina a la incertidumbre económica o la violencia dejada atrás en México, la cual padecen los miles de connacionales que, con su trabajo, sostienen diariamente la maquinaria que convirtió a Gainesville, Georgia, en la llamada “capital mundial del pollo”.

Gracias a ellos, uno de cada seis pollos consumidos en Estados Unidos sale de aquí y le reditúan al estado alrededor de 28 mil millones de dólares, según la Oficina Agrícola de California, que documentó la escala productiva masiva de Georgia. Diariamente, alrededor de 12 millones de kilos.

Estas cifras han marcado a Gainesville. Su identidad gira alrededor del pollo hasta el punto de mantener un obelisco de siete metros de altura coronado por un gallo cerca de la plaza principal por donde pasa el viento, expandiendo un tufillo dulzón, como el de las plumas mojadas.

Ubicada a 80 kilómetros al noreste de Atlanta, Gainesville concentra algunas de las compañías avícolas más importantes del país: Pilgrim’s, Mar Jac Poultry, Fieldale Farms y Koch Foods, además de incubadoras, granjas de engorda, fábricas de alimento balanceado y plantas procesadoras.

Hay también instalaciones donde procesan grasa, huesos y plumas para convertirlos en aceites industriales, fertilizantes y alimento para animales. Prácticamente ninguna parte del ave se desperdicia.

Reveriano Barragán, originario de Sinaloa, dejó su trabajo como conductor de Uber para ir a EU
Reveriano Barragán, originario de Sinaloa, dejó su trabajo como conductor de Uber para ir a EU | Foto: Gardenia Mendoza

Mexicanos al mando de Trilogy Foods

En medio de ese universo industrial opera Trilogy Foods, una empresa especializada en cortes gourmet para restaurantes, cadenas de supermercados y exportación. En sus tres plantas de producción procesan diariamente alrededor de 91 mil kilos de pollo, mediante turnos sincronizados bajo la dirección de Juan Carlos Lomas, el guanajuatense Manuel Hernández y el estadunidense Kenny Andrews.

Antes de convertirse en empresario, Juan Carlos Lomas también fue un niño migrante que trabajó en esta industria para ayudar a sus padres tras salir de Sombrerete, Zacatecas.

Conoce cada parte de la cadena porque las llevó a cabo u observó, desde el sacrificio al desplume, la evisceración, el despiece, empaquetado, congelación y cocción. Sabe exactamente cómo funciona la maquinaria humana.

“Tuvimos que superar retos de todo tipo”, recuerda durante una reunión con MILENIO
“Desde cuando fuimos a registrar la empresa y no creían que queríamos ser los dueños porque nos vieron latinos, no blancos”.

Después descubrieron que criar e industrializar las aves era apenas una parte del reto.

“Tú piensas: ‘Yo sé hacer el producto, yo sé hacer el trabajo’, pero luego te das cuenta de que no sabes contabilidad, no sabes pagar impuestos, no sabes vender, cómo manejar empleados o licencias”.

Después de 11 años, aprendieron cómo sostener el negocio, conseguir financiamiento, operar legalmente y mejorar las condiciones laborales de sus mil 500 empleados, principalmente mexicanos, aunque también venezolanos, guatemaltecos, hondureños, brasileños y salvadoreños.

“Cuando yo empecé a trabajar había muchos abusos y malos pagos”, asegura Lomas. 
“Nosotros empezamos a subir los pagos desde 7.25 dólares la hora hasta 18 dólares que se pueden pagar ahora”.

De las injusticias económicas sabe bien Manuel Hernández, el otro socio de Trilogy Foods, quien conoció a Lomas trabajando en otra procesadora avícola.

“Por eso aquí se trabaja mucho por producción: mientras más cantidad y mejor hagan su trabajo, más pueden ganar”, explica. El destajo convertido en supervivencia migrante.

Tanto Lomas como Hernández saben hacer equipo, dice el estadunidense Andrews. 

“Hemos crecido juntos todos estos años, son mi familia, mis hermanos y espero en los próximos 29 años poder crecer la compañía”.

Trilogy Foods procesa 91 mil kilos de pollo diariamente
Trilogy Foods procesa 91 mil kilos de pollo diariamente | Foto: Gardenia Mendoza

De México para México... y más allá

Enfundados en batas blancas, mangas plásticas y guantes naranjas, cientos de trabajadores guardan silencio dentro de Trilogy Foods. Todos mantienen la vista fija sobre la mesa y el cuchillo que sostienen en las manos. De vez en cuando giran el torso para afilar la hoja y vuelven a concentrarse.

Al centro de las mesas, cientos de pechugas esperan convertirse en una versión exacta para los clientes: cortes milimétricos con tamaño y peso específicos. Lucen brillantes y frescas. Llegaron esa misma mañana al almacén y el cuidado sanitario es extremo para evitar contaminación: agua, desinfectantes, gorros, cubrebocas y ambiente frío permanente.

Amy Arellano, gerente de Calidad de la empresa, explica que la vigilancia sanitaria y de seguridad es permanente. Igual que en otras empresas avícolas, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos tiene una oficina dentro de la planta con un representante gubernamental que supervisa todo.

Camino a la zona de producción, Amy saluda desde lejos a la funcionaria federal y continúa hacia el área donde se realizan los cortes de pechuga, con el mando de quien conoce a fondo la binacionalidad: nacida en Los Ángeles, California, sus padres la llevaron a Georgia con cinco años cuando buscaban mejores oportunidades de trabajo.

Actualmente estudia Ciencias Agrícolas y Avícolas, inspirada por las condiciones de la ciudad y la oportunidad que le dan en Trilogy Foods para ausentarse algunas horas y asistir a la universidad.

“Hay que vestirse con todo el protocolo de higiene y seguridad, como todos”, dice a la enviada especial.

La vigilancia extrema tiene antecedentes dolorosos. En 2021, ocurrió una tragedia industrial en otra planta avícola de Georgia, donde una fuga masiva de nitrógeno líquido provocó la muerte de seis trabajadores por asfixia, cinco de ellos mexicanos.

La investigación determinó que un tubo doblado permitió el escape del gas dentro del cuarto de congelación y generó una nube mortal. Las autoridades detectaron ausencia de alarmas adecuadas, falta de capacitación y protocolos deficientes de emergencia.

En el vestíbulo de Trilogy Foods entran y salen hombres y mujeres que terminan su turno. Son ellas quienes caminan más rápido: tienen prisa por llegar a casa para atender a sus hijos.

Mientras se quita el uniforme sobre la ropa, Misael Rodríguez cuenta que llegó contratado mediante una visa de trabajo y después logró obtener la residencia permanente. Actualmente es uno de los empleados veteranos de confianza.

“Al principio éramos como seis personas trabajando aquí, pero poco a poco fueron llegando más. También he tenido oportunidad de recomendar gente conocida para venir a trabajar. La empresa nos da oportunidad de traer personas que sabemos que quieren salir adelante”, relata.

Su vida parece estable, excepto por una preocupación permanente: la inseguridad que vive su familia en Michoacán

“Uno se siente incómodo por los familiares y lo que está pasando allá”, admite.

Reveriano Barragán comparte preocupaciones similares, aunque también reconoce algo inevitable: México expulsa trabajadores que terminan procesando el pollo que luego el propio país importa.

El país mexicano compra cerca de 20 por ciento del pollo que consume y alrededor de 59 por ciento proviene de Estados Unidos, que tiene en su vecino del sur su principal mercado externo para carne avícola. Para 2026, el Departamento de Agricultura estadunidense proyecta importaciones mexicanas por aproximadamente 1.1 millones de toneladas métricas.

México compra cerca de 20 por ciento del pollo que consume y la mitad de ello proviene de EU
México compra cerca de 20 por ciento del pollo que consume y la mitad de ello proviene de EU | Foto: Gardenia Mendoza

"Pollo moment" no llega a mano migrante

La industria avícola estadunidense vive uno de los mayores crecimientos de su historia, impulsada por un boom gastronómico que medios locales llaman “El momento del pollo”.

Chefs, cadenas y restaurantes transformaron una proteína asociada durante años a comida barata en un producto premium de alta demanda. El fenómeno va desde el pollo frito hasta recetas inspiradas en estilos coreanos, cajún, grilled, yakitori japonés, halal, marinados artesanales y preparaciones 'swicy'.

El crecimiento económico acompaña la tendencia. Raising Cane’s supera ya las 900 sucursales y los 5.1 mil millones de dólares en ventas anuales, mientras Dave’s Hot Chicken abrió 120 restaurantes en 2025 y planea otros 131 en 2026.

Sin embargo, ese auge no se refleja en reconocimiento para la mano de obra migrante que sostiene la producción primaria.

El gobierno federal limita actualmente las visas temporales y exige a las empresas verificar el estatus regular de sus empleados, situación que ha complicado a los empresarios del sector.

“Nosotros contratamos a una empresa que verifica el seguro social, pero no nos corresponde averiguar más”, explica Juan Carlos Lomas.

María González, extrabajadora de una procesadora de pollo, recuerda que cuando llegó desde Jalisco era común que contrataran mexicanos únicamente con una Tax ID —el símil gringo del RFC y no cuestiona estatus migratorio— y recibían prestaciones similares a las de cualquier ciudadano estadunidense.

“Después de tener más de dos años trabajando empezaba a correr un ahorro por parte de la compañía y tú ibas a pedirlo al área de finanzas al final de año; pero luego lo restringieron y el dinero quedó en bancos que solo permiten retirarlo con documentos oficiales. Miles de dólares de los migrantes siguen ahí. Tengo un conocido que no puede sacar 400 mil que la empresa le depositó”, cuenta.

María da fe de que muchos empresarios han reducido la contratación de indocumentados por presión gubernamental, pero reconoce también la necesidad de mano de obra. 

“El dueño se ha portado muy bien, pero lo han presionado y ya solo mantiene a unos cuantos indocumentados porque llevan muchos años trabajando con él: los protege”.

María dejó la planta después de trabajar en áreas donde la temperatura ambiente superaba los 38 grados centígrados mientras el pollo alcanzaba 93 grados tras cocinarse.

“El pollo salía y caía en charolas, y tú tenías que agarrarlo y echarlo a un recipiente que lo cortaba. Todo el día con esas temperaturas. Había personas que se desmayaban después de una hora”, recuerda.

A veces la cambiaban de área y pasaba de manipular charolas hirviendo a contenedores congelados de menos 10 grados. 

“Con el tiempo te empiezan a doler los huesos. No es fácil”.

Por la vulnerabilidad de los trabajadores, pocas veces se denuncian esas condiciones. Las protestas suelen concentrarse más en crueldad animal y contaminación ambiental. A principios de 2026, hubo protestas en Gainesville y otras ciudades del condado de Hall por los operativos migratorios, pero no por las condiciones laborales.

Organizaciones como Mercy for Animals y Direct Action Everywhere han denunciado hacinamiento masivo de los pollos, deformaciones óseas, quemaduras y altas tasas de mortalidad en pollos criados para sacrificio acelerado.

De regreso a Trilogy Foods, el ambiente luce menos extremo porque no trabajan con temperaturas tan agresivas. Aunque es frío, no baja de los 10 grados centígrados. Organizados en bloques de ocho personas por mesa, los trabajadores cortan pechugas lo más rápido posible para sumar producción y enviar dinero a sus familias.

Una mujer pesa cortes y anota cifras en una libreta. A un metro, otro trabajador hace cuentas con una calculadora mientras alguien vestido de rojo escurre líquidos y otros vacían contenedores.

La línea nunca se detiene.

Miles de piezas avanzan cada hora hacia supermercados, restaurantes y cadenas de comida rápida de Estados Unidos… y también hacia México, el país que expulsa trabajadores para luego importar el pollo que ellos mismos ayudaron a procesar al otro lado de la frontera.

MD

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Gardenia Mendoza Aguilar
  • Gardenia Mendoza Aguilar
  • Periodista especializada en temas migratorios y en la relación de México con Estados Unidos. Ha sido corresponsal para medios internacionales en radio, prensa escrita y TV. Hoy forma parte de coberturas especiales de 'Milenio'.
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