Cuando Donald Trump inicie negociaciones formales con el presidente chino Xi Jinping en la Casa Blanca este jueves, el encuentro marcará una de las citas geopolíticas más decisivas de la década, una cumbre que podría determinar si las dos economías más grandes del mundo pueden estabilizar una relación marcada por la competencia comercial, tecnológica, la inteligencia artificial y el poder militar, según expertos.
Aunque la cumbre es el resultado de meses de intensas maniobras diplomáticas por parte de altos funcionarios de ambas naciones, orientadas a estructurar una agenda mínima que equilibre la confrontación directa con el pragmatismo táctico, analistas no prevén un avance definitivo en sus divergencias ideológicas de fondo.
“En muchos sentidos, la visita es el mensaje. Ha habido una sorprendente falta de comunicación, tanto por parte de la Casa Blanca como de la República Popular China, sobre los objetivos principales de la visita”, observa Edgard Kagan, titular de la cátedra de Estudios sobre China en el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS, por su sigla en inglés).
“Tanto el presidente Trump como el presidente Xi comparten la opinión de que sólo ellos pueden gestionar la relación bilateral, y que la única manera de gestionarla es a través de sus interacciones”, resumió.
La visita se produce tras el viaje de Trump a Pekín en mayo y tiene lugar en un momento en que ambos gobiernos buscan preservar una frágil distensión económica sin resolver las disputas estratégicas que los separan.
La cuestión inmediata es sí Trump y Xi podrán extender la tregua comercial que vence el 10 de noviembre próximo. Negociadores de ambos países están discutiendo la reducción de aranceles sobre bienes por un valor aproximado de 30 mil millones de dólares, un aumento de las compras chinas de productos agrícolas estadunidenses y avances en un pedido de 200 aviones Boeing.
"(Hemos) mantenido extensas conversaciones sobre si existen productos no esenciales para ambas partes que podríamos reducir a los niveles arancelarios de nación más favorecida", declaró en Nueva York el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent. Si hay acuerdo, las empresas estadunidenses podrían exportar más productos agrícolas y energéticos a China, explicó.
Batalla tecnológica y económica
Pero los irritantes bilaterales son extensos. En el centro de las fricciones de gran calado entre Estados Unidos y China subyace una batalla en expansión por la hegemonía tecnológica y económica, pero los expertos advierten asimismo diversos irritantes que siguen poniendo a prueba los límites de la disuasión estratégica.
Entre estos figuran la situación de Taiwán, la guerra en Irán, el principal exportador de petróleo a China, la guerra de aranceles comerciales, la lucha contra el fentanilo y las salvaguardas sobre Inteligencia Artificial, aunque también hay temas menores como la situación de personas detenidas en ambos de otros países.
- El estrecho de Taiwán: Washington ha reiterado su compromiso de preservar la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán expresando preocupación por el creciente despliegue militar chino y sus actividades de zona gris alrededor de la isla. Pekín sostiene que Taiwán constituye un interés central no negociable y advierte contra cualquier interferencia externa. Se espera que Xi pida a Trump frenar la venta de armas en concordancia con el acuerdo bilateral de 1982.
- Mar de la China Meridional: Las tensiones en torno a las reivindicaciones marítimas en el mar de la China Meridional continúan siendo elevadas. Las operaciones estadunidenses de libertad de navegación y el fortalecimiento de alianzas con socios regionales como Filipinas y Japón se oponen directamente a las aserciones territoriales de Pekín.
- Guerra en Irán: A través de la Ley de Sanciones a Rusia e Irán, firmada por Trump el 18 de septiembre, se autorizan aranceles máximos del 100 por ciento contra los grandes importadores de hidrocarburos rusos —incluyendo a China— y se amplía la vigencia de la Ley de Sanciones a Irán durante un lustro adicional.
- Inteligencia artificial: Trump ha endurecido los controles de exportación para restringir el acceso de Pekín a semiconductores de última generación, equipos avanzados de fabricación e infraestructura de computación en la nube, esenciales para el entrenamiento de modelos de IA de frontera. La Casa Blanca sostiene que limitar el acceso tecnológico de China es crucial para evitar la militarización de la IA, especialmente en armamento autónomo y ciberguerra. Pekín ha condenado estas restricciones y ha acusado a Estados Unidos de hegemonismo tecnológico mientras redobla sus iniciativas financiadas por el Estado para desarrollar capacidades internas de fabricación de chips. Trump y Xi podrían intentar establecer grupos de trabajo bilaterales sobre seguridad en IA.
- Lucha contra el fentanilo: Washington acusa a Pekín de no hacer lo suficiente para impedir que empresas chinas exporten precursores químicos utilizados por cárteles —principalmente en México— para fabricar píldoras que después llegan al mercado estadunidense. China rechaza que sea responsable de la crisis y sostiene que ha reforzado sus controles y que el problema también responde a la demanda de drogas en Estados Unidos. Pero en la víspera de la reunión Trump-Xi, Pekín dio nuevas señales de cooperación y añadió dos sustancias a su lista de precursores sujetos a controles de exportación hacia Estados Unidos, México y Canadá.
- Tierras raras y minerales críticos: Washington acusa a Pekín de no garantizar plenamente el suministro acordado, mientras China presiona para que Estados Unidos levante las restricciones al acceso de sus empresas a tecnología avanzada. Con cerca de 70 por ciento de la extracción mundial de tierras raras y una posición aún más dominante en refinado e imanes, Pekín conserva una poderosa palanca sobre las cadenas globales de suministro.
Perspectivas
Ryan Haas, experto sobre China en la Institución Brookings de Washington, sostiene que más allá de las fricciones e irritantes bilaterales, la relación bilateral es “estable”.
“El debate público sobre la posibilidad de un futuro conflicto entre Estados Unidos y China ha disminuido. Mientras tanto, ambas partes siguen compitiendo entre sí, al tiempo que intensifican sus esfuerzos para reducir la dependencia mutua en materia de insumos críticos.
Sin embargo, Haas advierte que, incluso después de que Trump redujera la presión sobre diversos temas prioritarios para Pekín, los líderes chinos siguen considerando “la competencia estratégica como un rasgo perdurable e inalterable de la relación”.
Expertos del Asia Society Policy Institute (ASPI) indicaron que, aunque el comercio y los controles a la exportación de IA acapararán posiblemente los titulares, la prioridad inmediata de Pekín será buscar previsibilidad en la política económica.
El presidente Xi intentará evaluar la trayectoria arancelaria a largo plazo de la administración para proteger sus metas de crecimiento interno ante las dificultades económicas locales, según los analistas del ASPI.
“La actual distensión, que no llega a serlo del todo, le viene de perlas a Pekín”, sostiene por su parte Rush Doshi, director de la Iniciativa de la Estrategia sobre China, en el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR, por su sigla en inglés).
“Pekín cree que el mundo está experimentando grandes cambios sin precedentes en un siglo, entre los que destaca el auge de Oriente y el declive de Occidente, y que la competencia con Estados Unidos ha entrado en un punto muerto estratégico a medida que China gana fuerza relativa", sostiene.
En su opinión, Pekín pretende aprovechar los próximos años para consolidar su ascenso y alcanzar lo que podría denominarse una “ventaja estratégica” en su rivalidad con Washington, utilizando el calendario de reuniones de líderes en noviembre (Shenzhen) y diciembre (Miami).
LJ