M+.- En junio de 2025, usando una cuenta de la plataforma Discord distinta a las que ya le habían cerrado por infringir las normas, Héctor Bermúdez, de 29 años, contactó a una niña de 13 años. Ella le mandó una fotografía de sus genitales. Él le pidió que lo llamara “papi” y le exigió que se mantuviera delgada para él.
Bermúdez había fundado, en 2019, una secta llamada Greggy’s Cult. La organización operó desde el 2019 a través de servidores privados en Discord, la misma plataforma de mensajería que millones de adolescentes usan a diario para hablar por escrito o en videollamadas de música, tareas escolares o videojuegos.
Los fundadores de Greggy’s Cult construyeron ahí un sistema cerrado, con canales exclusivos para miembros, donde la producción y distribución de contenido de abuso infantil se convirtió en una especie de moneda de estatus: entre más material lograba reunir un integrante, más alto era su rango dentro del grupo.
Entre los cargos más atroces que enfrentan está haber coaccionado a menores a autolesionarse, a grabarse suplicando perdón o declarar que pertenecían a un miembro del grupo, y a escribir en su propio cuerpo, o en un letrero frente a la cámara, el nombre de sus captores, un ritual que ellos mismos llamaban fansigning (firma de seguidor o fanático).
Según la acusación, también presionaron a los menores a insertar objetos domésticos en los genitales y, en al menos un caso, alentaron a una víctima a quitarse la vida.
Ahí, entre memes, apodos y conversaciones triviales sobre partidas en línea, es donde los hombres detrás de Greggy’s Cult encontraban a sus víctimas: niñas y niños de entre 11 y 16 años, casi siempre solos frente a una pantalla y sin supervisión. A veces utilizaban redes sociales, pero también videojuegos como Roblox y Counter-Strike: Global Offensive.
Entre ellos están sujetos que se hacen llamar Héctor Bermúdez, de 29 años, quien vivía en el distrito de Queens, en Nueva York; Zachary Dosch, de 26, cuya residencia estaba en Albuquerque, Nuevo México; Rumaldo Valdez, de 22 años, que vivía en Honolulu, Hawái; David Brilhante, de 28 y residente de San Diego, California, o Camden Rodríguez, de 22, de Longmont, Colorado. Después se sabría que otro hombre, Austin Yatco, sería un sexto implicado.
Hoy, casi un año después de la acusación, estas cinco personas enfrentan cargos federales por dirigir esta empresa criminal, según la acusación formal presentada el 18 de noviembre de 2025 ante una corte de Brooklyn y los transcritos de las audiencias a las que tuvo acceso MILENIO.
Los documentos permiten reconstruir no solo el modus operandi del grupo, sino también el rastro de daño que dejó entre sus víctimas, identificadas por las autoridades únicamente con números para proteger su identidad.
El expediente judicial completo también confirma que, pese a la gravedad de los delitos que enfrentan, entre diciembre de 2025 y marzo de 2026 al menos tres de los seis acusados ya recuperaron su libertad a cambio de fianzas de cientos de miles de dólares.
Bermúdez, a quien una jueza le había negado la fianza el 4 de diciembre de 2025 por representar “un riesgo serio de daño a la comunidad”, fue liberado apenas una semana después, el 11 de diciembre, bajo un pago de 350 mil dólares. Brilhante salió el 9 de enero de 2026 bajo un bono de un millón de dólares, el más alto del expediente, entregado a la custodia de su propio padre.
Rodríguez, señalado por la fiscalía como el más sofisticado técnicamente del grupo, obtuvo su libertad el 6 de marzo de 2026 con 400 mil dólares y una condición excepcional: solo tres dispositivos con acceso a internet permitidos en su casa, ninguno de uso libre, bajo vigilancia total de la red doméstica por parte de las autoridades. Únicamente Dosch y Valdez permanecen detenidos mientras el caso continúa su curso, sin fecha firme de juicio.
El servidor objeto del culto
Según la acusación, presentada el 2 de diciembre de 2025 ante el Distrito Este de Nueva York, Greggy’s Cult “explotó a víctimas menores de edad, entre otras cosas, induciéndolas a producir pornografía infantil”.
El grupo donde al menos tres integrantes tienen apellidos hispanos operaba en canales cerrados de Discord, disponibles solo para sus miembros, y ahí coordinaban lo que las autoridades llaman “el Servidor Objetivo” (Target Server).
El modus operandi era metódico: los integrantes –que fabricaban al principio identidades falsas para ganarse la confianza– se convocaban en el servidor, dirigían a las víctimas menores a unirse a una videollamada, ya fuera en Discord o en otra plataforma, y una vez ahí las sometían a abusos. Capturaban pantallazos y grabaciones de lo que ocurría en vivo, y después los distribuían entre ellos y hacia otros servidores.
Hay un pasaje en el expediente, referido a un episodio de septiembre de 2020, que resume cómo operaba el grupo. Durante una transmisión en vivo, otro de los acusados le advirtió a Brilhante que la víctima menor dejaría de cooperar si sabía que él estaba observando la llamada.
Brilhante no se retiró: le dictó al coacusado, en privado, qué pedirle a la niña frente a la cámara, y el otro transmitió esas instrucciones como si fueran propias. La víctima nunca supo que del otro lado había dos personas, no una.
Pero la producción de pornografía infantil, por sí sola, no bastaba. La acusación es explícita: “los acusados coaccionaron, indujeron y dirigieron a estas víctimas a realizar actos de degradación, incluyendo autolesión, y a crear videos suplicando perdón o declarando que la víctima ‘pertenece’ a un miembro de Greggy’s Cult, para demostrar lealtad al miembro o al grupo”.
A ese ritual, el propio grupo lo llamaba fansigning: obligar al menor a escribir en su cuerpo, o en un letrero sostenido frente a la cámara, el nombre de alguno de sus captores.
Este diario obtuvo las transcripciones de algunas audiencias que han sido reveladas este año, donde la fiscal Antoinette Rangel narró a la jueza que el grupo “alentaba a las víctimas a matarse, incluyendo alentar a una víctima a usar un cable USB para ahorcarse y también a una sobredosis de medicamento recetado”.
Y añadió, textualmente: “En una de las explotaciones, el propio acusado reconoció que el grupo estaba traumatizando a un niño que ya estaba traumatizado”.
El perfil de los miembros de la secta
Las víctimas no aparecían por accidente y eran cuidadosamente seleccionadas. De acuerdo con la acusación, los miembros del culto “trabajaron juntos e individualmente” para localizar y reclutar a menores en servidores de Discord y en plataformas populares de videojuegos en línea.
El expediente documenta al menos seis víctimas identificadas, de entre 11 y 16 años, ubicadas en distintos puntos de Estados Unidos, pero sobre todo en dos lugares: Nuevo México y California, dos estados fronterizos con México.
Cada una fue captada, según los fiscales, de la misma manera: había un contacto inicial, después venía la manipulación, la producción del material y, luego, las amenazas de difundir el material entre conocidos de las familias, a menos que la víctima siguiera cooperando en llamadas en vivo.
El acusado con más cargos es Héctor Bermúdez, a quien su defensa respalda asegurando que padece fibrosis quística desde los dos años, y que en 2024 recibió un trasplante doble de pulmón que lo dejó severamente inmunocomprometido: depende de nebulizaciones múltiples al día, agua estéril, análisis de sangre semanales y una dieta especial administrada, en ocasiones, directamente al estómago mediante sondas.
Por su parte, Camden Rodríguez, Carroteater, vivía con sus padres en Colorado. En su audiencia, celebrada el 6 de marzo de 2026, la fiscalía dijo que era un actor en línea muy sofisticado “que ha demostrado que se toma grandes molestias para evitar ser detectado por las autoridades, y la naturaleza del crimen subyacente es ser un depredador de niños en línea”, advirtió la fiscal Rangel.
Según un informante citado en el expediente, Rodríguez era el responsable de los aspectos técnicos del grupo: desarrollaba y distribuía código malicioso, uno de cuyos programas habría infectado más de 3 mil computadoras en la primera hora tras su lanzamiento.
Una víctima entrevistada por las autoridades dijo que Rodríguez obtenía dinero tomando control de computadoras ajenas y pidiendo rescate en criptomonedas, o robando credenciales y datos personales.
Por su parte, David Brilhante, cuyos alias eran Knight y CS:GO, tenía como especialidad dentro del grupo ganarse la confianza de las víctimas antes de exponerlas: identificaba a niñas más jóvenes en línea, las convencía de mandarle fotografías de ellas en situaciones comprometedoras que después editaba y compartía para atormentarlas.
Según el expediente, registros de Snapchat –otra app de mensajería donde el contenido desaparece algunas horas después de que es generado– y transacciones financieras revisadas por los fiscales muestran conversaciones sexuales con menores y ofertas de contenido explícito hasta el 2024.
De otro de los implicados, Zachary Dosch, apenas se ha revelado que vivía en Albuquerque, Nuevo México. Es el acusado con más cargos individuales del expediente, junto con Bermúdez: enfrenta explotación sexual de menores, distribución de pornografía infantil, acceso con intención de ver ese material y conspiración para comunicar amenazas interestatales.
Rumaldo Valdez, Duck, que vivía en Honolulú, Hawái, era alguien reincidente, pues ya cumplía una sentencia federal en esa misma ciudad por posesión de pornografía infantil cuando se presentó la acusación contra la secta, en noviembre de 2025.
Las liberaciones a cambio de mucho dinero
De los seis hombres acusados en este expediente, tres han salido bajo fianza: Héctor Bermúdez, David Brilhante y Camden Rodríguez. Los otros tres siguen detenidos: Zachary Dosch, Rumaldo Valdez y Austin Yatco. Ninguno de los seis ha sido juzgado todavía.
Los que están libres siguen procesados por los mismos 10 cargos, y su libertad depende de que cumplan condiciones estrictas hasta que el caso llegue a juicio. Si las rompen, o si un jurado los declara culpables, regresan a prisión.
Bermúdez fue el primero en salir. El 4 de diciembre de 2025 una jueza le negó la fianza por representar “un riesgo serio de daño a la comunidad”. Pero una semana después, el 11 de diciembre, otra jueza revirtió esa decisión y lo liberó bajo un pago de 350 mil dólares.
A David Brilhante, un juez en California le concedió fianza por primera vez el 5 de diciembre de 2025, pero su salida se retrasó por la apelación de la fiscalía. Finalmente, quedó libre el 9 de enero de 2026 tras pagar un bono de 750 mil dólares, garantizado no con su propio patrimonio, sino con el de su familia, y bajo arresto domiciliario en la misma casa donde, según la fiscalía, cometió buena parte de los delitos que se le imputan.
Algo curioso es que su padre les dijo a los agentes, en sus palabras, que sabía que su hijo hacía creepy shit (o porquerías raras) en internet, pero que no sabía que era “así de espeluznantes”. La fiscalía ha usado esa frase para argumentar que la familia sabía y no hizo nada para detenerlo.
Entre las pruebas que la fiscalía reunió en su contra hay, además, una conversación de agosto de 2024 en la que Brilhante sostuvo una charla sexual con alguien que se había identificado como menor de edad. Le dijo que era “normal” que “tragara semen”.
Mientras que el 6 de marzo de 2026, Camden Rodríguez, tras una negociación extensa entre la defensa, la fiscalía y el propio juez, obtuvo su libertad bajo un cerco excepcional de condiciones: solo puede haber tres dispositivos con acceso a internet en su casa, ninguno de los cuales puede tocar él sin supervisión.
Los Servicios de Libertad Provisional tienen acceso administrativo total a la red doméstica de la familia. Tiene prohibido cualquier contacto con menores de edad, y no puede acercarse a escuelas, parques o restaurantes de comida rápida cercanos a planteles educativos. Sus padres firmaron un bono de 400 mil dólares, garantizado con el patrimonio de su casa, y se convirtieron formalmente en sus custodios legales.
Antes de dejarlo salir, el juez Kaminsky le dirigió una advertencia: “No era obvio que fueras a ser liberado hoy. Y se te está dando una oportunidad. Así que déjame simplemente exhortarte a que la tomes”.
Le recordó que, si es declarado culpable, la forma en que se comporte durante el proceso “podría tener un efecto dramático en cómo resulte la sentencia”.
Del otro lado están los tres que no han salido. Zachary Dosch se declaró no culpable el 3 de marzo de 2026 y está detenido desde entonces. Lo mismo sucede con Austin Yatco, el sexto acusado del expediente y cuyo nombre permaneció bajo reserva judicial hasta el 27 de febrero de 2026, cuando la corte levantó el sello.
Asimismo, Rumaldo Valdez se declaró no culpable de los 10 cargos que enfrenta y quedó detenido. Su caso avanza con lentitud; desde marzo de 2026 las audiencias se han limitado a fijar la siguiente fecha, mientras las partes acumulan meses de tiempo excluido “en interés de la justicia” para revisar evidencia y negociar posibles acuerdos.
La próxima audiencia conjunta de los acusados está fijada para el 5 de octubre de 2026, en Nueva York.
ksh
(fact checking: JRH)