El próximo gobierno de Colombia pretende ejecutar uno de los endurecimientos de seguridad y combate al narcotráfico más agresivos de los últimos años en América Latina: recuperar territorios bajo control criminal, incrementar operaciones militares y policiales contra grupos armados, fortalecer la cooperación con Estados Unidos y cerrar espacios a la producción de cocaína mediante una ofensiva directa contra cultivos, laboratorios, corredores de tráfico y estructuras financieras del crimen organizado transnacional.
La estrategia anunciada por el presidente electo, Abelardo de la Espriella, identificado con una agenda de derecha en materia de seguridad, contempla además que Colombia se incorpore al denominado Escudo de las Américas, iniciativa impulsada desde Estados Unidos para fortalecer la coordinación regional contra el narcotráfico y organizaciones criminales con presencia continental.
El impacto de una ofensiva de esta magnitud podría sentirse en México, pues durante años las redes criminales construyeron mecanismos de colaboración, abastecimiento, financiamiento y protección entre estructuras asentadas en Colombia y organizaciones con presencia en territorio mexicano para sostener una cadena que va desde la producción y procesamiento hasta el traslado internacional y la distribución final de cocaína.
Especialistas advierten que un eventual endurecimiento sostenido en Colombia no solo representaría presión para grupos armados y redes de producción locales; también podría afectar directamente a organizaciones criminales mexicanas que dependen de esos acuerdos transnacionales para garantizar flujo constante de droga, acceso a insumos, reducción de costos y control de rutas hacia Estados Unidos y Europa.
¿Cuáles serían los efectos de la estrategia?
Entre los efectos potenciales aparecen la búsqueda de nuevas zonas de producción, la modificación de corredores logísticos, mayores disputas por el control territorial y el intento de acercar parte del proceso productivo a mercados más próximos al consumo. En ese escenario, México podría enfrentar desde una mayor presencia operativa de estructuras criminales vinculadas con Colombia hasta intentos por desarrollar nuevas capacidades de cultivo y procesamiento en territorio nacional.
La advertencia fue realizada por el coronel retirado Miguel Tunjano, exintegrante del área de Antinarcóticos de la Policía Nacional de Colombia y actual analista de políticas públicas, quien sostuvo que una reducción sostenida de la oferta colombiana podría obligar a las organizaciones criminales a modificar toda su cadena de suministro y generar impactos directos para México.
De acuerdo con el especialista, Colombia continúa siendo el eje central dentro del mercado internacional de cocaína y cualquier alteración importante en su capacidad de producción termina generando ajustes inmediatos en distintos niveles del negocio criminal.
“Colombia en este momento está produciendo más del 80 por ciento de la cocaína que se comercializa en el mundo, entre ellos Estados Unidos; es el punto de origen”, afirmó durante entrevista.
Tunjano explicó que el nuevo modelo de seguridad planteado por el próximo gobierno colombiano pretende atacar simultáneamente la producción, el procesamiento, el financiamiento y las estructuras armadas que sostienen el negocio ilícito.
Grupos criminales afectados
Entre los grupos que podrían enfrentar una mayor presión operativa mencionó a las disidencias de las FARC, el Ejército de Liberación Nacional y el Clan del Golfo, organizaciones que mantienen presencia en zonas estratégicas para la producción y salida de droga.
No obstante, advirtió que una ofensiva sobre estas estructuras no necesariamente elimina el mercado, sino que puede generar reacomodos operativos entre actores criminales que mantienen relaciones de intercambio y suministro.
“Va a haber una mutación en respuesta. Eso es lo normal. Van a cambiar rutas y van a cambiar modalidades de tráfico. Puede que ya no sea solamente en lanchas con cocaína, sino en contenedores contaminados, personas portadoras de droga o rutas más largas”, sostuvo.
Para el exmando antinarcóticos, uno de los escenarios que México tendría que observar es la posibilidad de que grupos criminales intenten controlar de manera más directa etapas del negocio que actualmente siguen concentradas en Sudamérica.
Eso implicaría desde una mayor intervención sobre zonas productoras hasta intentos por mover procesos de transformación o experimentar con nuevas áreas de cultivo más cercanas a los mercados finales.
Explicó que cuando aumentan los costos logísticos y el riesgo de incautación, las organizaciones suelen reducir intermediarios y acercar operaciones a territorios donde ya cuentan con infraestructura criminal, presencia armada o redes de protección.
“La alerta para México puede ser que el cultivo de coca empiece a aparecer en México y se trasladen cultivos desde Colombia porque va a haber menos disponibilidad, será más costosa y tendrán más riesgo de incautación”, señaló.
México y otros puntos de América Latina
Tunjano recordó que históricamente el narcotráfico ha buscado controlar toda la cadena del negocio ilegal para elevar ganancias y disminuir dependencias externas.
“Eso fue lo que hizo Pablo Escobar: traer la pasta base, producir y sacar directamente al consumidor. Es posible que ya estén evaluando o experimentando cultivos de coca en México”, añadió.
Incluso indicó que existen antecedentes de hallazgos de plantaciones en territorio mexicano y consideró que regiones del sur del país podrían presentar condiciones ambientales atractivas para organizaciones interesadas en probar nuevas capacidades de producción.
A su juicio, el riesgo para México no se limitaría al cultivo. También podría reflejarse en una mayor competencia entre grupos criminales por el control territorial, presión sobre rutas marítimas y terrestres, expansión de redes logísticas y mayor disputa por corredores estratégicos.
Además, previó que el endurecimiento de controles en Colombia también podría empujar rutas hacia otros puntos de América Latina y fortalecer corredores con salida hacia Europa, aunque sostuvo que Estados Unidos continuará siendo el principal mercado consumidor.
“Cuando hay un cambio de política o un cambio de operaciones, el narcotráfico se adapta. Históricamente no desaparece; muta”, concluyó.
LJ
