Internacional
  • La estatua de Popeye que tenía algo más que espinacas… y pertenecía al Cártel de Sinaloa

La figura de la mítica caricatura contenía 40 kilos de droga en su interior. | Especial

La organización criminal mexicana ha intentado ampliar su poderío en varios países europeos; España fue el nuevo escenario de este flujo de narcotráfico.

Metro y medio de altura tiene la estatua de Popeye, el personaje de dibujos animados que apenas comerse sus espinacas hace crecer sus músculos para dar su merecido a los malos malísimos. El Cártel de Sinaloa se inspiró en este marinero para introducir en la península ibérica 40 kilos de metanfetaminas para distribuirlas ahí y en todo el Continente.

Popeye aportó luz a la segunda fase de la Operación Saga. Si bien es cierto, los 40 kilos de droga son una cantidad que nada tiene que ver con los mil 800 requisados en el 2024 a la misma organización hispano-mexicana, pero sirvió para abrir la puerta y asestar el golpe final a la red.

Vista de cerca la estatua es majestuosa —aunque para gustos los colores—. Tiene tonos metálicos naranja, rosa, oro, azul y verde, y muestra el momento en que Popeye está a punto de ingerir sus espinacas para obtener ese extraordinario poder.

Desde la Policía Nacional cuentan que los narcos se distinguen, entre otras cosas, por ser “horteras” (nacos). Contrario a lo que éstos pensaban, la estatua levantó sospechas y enseguida los agentes tuvieron la sensación de que el destino no era para un coleccionista friki, y así fue. La enorme base de mármol escondía la droga, colocada en decenas de bolsas de plástico.

El destino era la isla de Tenerife, donde le esperaba un narco español muy buscado por la policía, así que los agentes hicieron el dos por uno. Requisaron la metanfetamina y encontraron y detuvieron a éste y a otros ocho, todo en coordinación con el Juzgado Número 6 de la Audiencia Nacional y la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés).

El narcotraficante fue alcanzado cuando iba a entregar la estatua a otro cómplice
El narcotraficante fue alcanzado cuando iba a entregar la estatua a otro cómplice. | Especial

Llegaron para quedarse

Esto formó parte de la segunda y última parte de la Operación Saga. Todo empezó en el 2024, cuando la policía intervino hasta mil 800 kilogramos de metanfetaminas en Alicante de la Comunidad Valenciana. Esa droga era del Cártel de Sinaloa y en esa ocasión se practicaron cinco detenciones.

Sin embargo, los investigadores no decapitaron del todo a la organización y este segundo operativo sirvió para arrestar a algunas personas que se lograron escapar y que intentaban volver a empezar en el mundo del narcotráfico desde México y desde España.

Uno de ellos mexicano, que en la primera fase de la operación huyó de la policía. Inicialmente vivía en Villena, un pequeño pueblo de apenas 34 mil habitantes, donde pasaba desapercibido. Pertenecía al Cártel de Sinaloa y para que no “cantara” y tenerle asegurado, se mudó al barrio madrileño de Malasaña, una de las zonas con más fiesta de la capital española, repleto de jóvenes, de bares y de tiendas alternativas.

Nuevamente el cártel mexicano quiso despistar a la policía al decidir enviar ahí al hombre, del que lo único que se sabe es que es de mediana edad y tiene un marcado acento del norte de México.

A decir de la policía, el narco no pudo disfrutar de la noche madrileña en Malasaña, más bien todo lo contario. Por no hacer, ni siquiera bajaba por el pan. Estaba totalmente recluido en un discreto departamento sin ningún tipo de lujo. Cada mes le entregaban 2 mil 500 euros (unos 52 mil pesos) para pagarse comida, renta y, sobre todo, para no hablar con nadie.

El implicado se mudó a Malasaña para facilitar el tráfico de la droga
El implicado se mudó a Malasaña para facilitar el tráfico de la droga. | Especial

El detenido vivía en una especie de limbo, no podía volver a México porque se sabía buscado ni tampoco hacer vida en Madrid, ni en ninguna zona de España. En el momento de su detención “cantó” todo lo que le preguntó la policía, que hace dos años en la primera fase de la Operación Saga alertó que los cárteles de droga mexicanos llegaron a España y Europa para quedarse.

Sorpresa bajo el mármol

Alicante fue punto clave de la operación, allí vivía uno de los hombres clave de la red. Un español, también de mediana edad, que utilizó su negocio de venta de mármol como tapadera su empresa totalmente legal para importar la droga enviada por el Cártel de Sinaloa a España.

Hasta entonces había sido un negocio lucrativo, puesto que el empresario había construido un búnker debajo de una de sus naves industriales donde guardaba algunos tesoros.

La empresa se ubica en Novelda, otro pequeño pueblo de Alicante con una población de 26 habitantes. Las investigaciones llevaron hasta allí a la policía que tras horas de faena apoyados por alta tecnología y perros descubrieron enterrados —claro, bajo mármol— 3 millones de euros en efectivo.

La Policía Nacional situó parte esencial de la estructura logística y financiera de la organización hispano-mexicana en el lugar. En este territorio se concentraron cuatro detenciones y tres registros, una intensidad que refuerza el papel de la demarcación alicantina como uno de los nodos clave del entramado criminal.

De Dubái al mundo

El líder de toda la trama logística era un español afincado desde hace años en Dubái. Sin embargo, viajaba de forma periódica a México. En España solo tenía delitos contra el patrimonio.

Decidió dejar su vida de “currito” (chambeador) y buscar negocio en el sitio de moda para hacer negocios: los Emiratos Árabes Unidos. Allí tenía una vida con todos los lujos posibles y contacto con sus compatriotas: El Tigre y Teddy.

Así lucía el departamento en el que vivía el criminal
Así lucía el departamento en el que vivía el criminal. | Especial

Su abogado le aconsejó que no regresara a España hasta que se levantara el secreto del sumario de la última operación policial. Sin embargo, fue cazado por los agentes en el aeropuerto cuando desembarcaba en España.

El narco había utilizado para su negocio a una persona que conocía desde hace años. El marmolista de Alicante que nunca le falló hasta que fue detenido. Una organización que intentó ampliar sus tentáculos a varios países europeos e incluso a Australia, donde intentaron estrechar lazos sin éxito. 

Pensaba enviar la droga a través del Puerto de Barcelona, escondida entre material sanitario. Sin embargo, la incautación de droga camuflada en batas abortó esta misión por el miedo a ser detectados.

Con esta segunda fase, la Policía Nacional Española consideran completamente desmantelada la infraestructura de la red hispano-mexicana en España. Desde las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad están conscientes que habrá sustitutos de los narcos detenidos, es decir, que los cárteles mexicanos lo seguirán intentando y que ahora mismo se vive un impasse.

Mientras tanto, tras su exitosa exhibición dentro del búnker de la Policía Nacional en el barrio madrileño de Canillas, la estatua del Popeye —como toda la droga— será destruida, con todo y sus espinacas.

MD

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