Vivian Nacif caminó optimista por los pasillos del teatro Odyssey luciendo un huipil de bordado oaxaqueño. Organizaba la segunda temporada de la serie de monólogos de su autoría MalICE: Stories of Justice con los que financia el pago de alimentos para familias que se quedaron sin sus principales proveedores: inmigrantes deportados.
Hija de una mujer blanca estadunidense y de un cristiano libanés emigrante en México, Vivian encarna la complejidad multicultural en la que vive. Es actriz, productora y narradora en Los Ángeles, donde reside hace 30 años.
"Mi sangre tal vez no será 100 por ciento mexicana, pero mi corazón sí, allá crecí, y apoyo a mi gente”, resume en entrevista con MILENIO para sobre la obra que tienen el doble propósito de dar a conocer historias de indocumentados detenidos por agentes de ICE y recaudar fondo para ellos y sus familias.
“Fuera ICE para bien”
El gremio del cine, la televisión y el teatro en Estados Unidos se ha consolidado como un actor clave en la recaudación de fondos millonarios para mitigar el impacto de las redadas.
Las donaciones individuales rara vez se hacen públicas, con excepción de la cantante neozelandesa Lorde, quien anunció en Instagram su aportación de 204 mil dólares.
La estrategia es otra: influir en la opinión pública para multiplicar los recursos que canalizan organizaciones establecidas sin fines de lucro o "non profit".
Detrás de campañas proinmigración, que reciben desde 10 dólares hasta aportaciones abiertas, destacan Acción por los Derechos de los Migrantes; la Red de Defensa del Migrante; la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU); MoveOn; la Alianza Nacional de Trabajadoras del Hogar (NDWA) y el Poder de las Familias Trabajadoras (WFP).
Sus consignas del tipo “Fuera ICE para bien” (“Out ICE for good”) se traducen en símbolos visibles respaldados por la farándula como los botones que usaron Mark Ruffalo, Wanda Sykes y Jean Smart en los Globos de Oro con el mensaje: “Be Good”; o a través de mensajes explícitos como el que dio anti ICE, Natasha Rothwell en los Spirit Awards 2026.
Como sea, se traduce en plata
En enero pasado, la ACLU, United We Dream, y el Abundant Futures Fund lanzaron la iniciativa “Protect your neighbor (protege a tu vecino) que ha recaudado más de 13 millones de dólares y aspiran a 30 millones para abogados en todo el país.
Mov On, la NDWA y la WTP, por su parte, no publican cifras específicas pero su historial refleja el alcance:
En 2025 Move dijo que recaudó 16 millones para incidir políticamente; en 2022, NDWA dijo que durante la pandemia por COVID ayudó a lanzar un fondo de hasta 30 millones de dólares para trabajadores domésticos vulnerables (muchos migrantes).
Ese mismo año, la WTP reunió 54 millones de dólares para promover leyes de “ciudades santuario”, licencias de conducir para indocumentados y la participación política de no ciudadanos.
Campañas locales
La recaudación de MALICE: Stories of Justice es menor pero más directa: nace de una red de actores, principalmente latinos, que buscan dar voz a quienes han sido impactados por ICE.
Está la historia de un joven que creció en Estados Unidos y que, una noche, sin darse cuenta, terminó del otro lado de la frontera hacia México; intentó volver pero ya no pudo.
Está la desgracia de una mujer que, tras avanzar en un proceso migratorio, fue detenida al salir de la corte frente a su hija pequeña. También la de una preadolescente que se suicidó tras el acoso en la escuela: sus compañeros le repetían se llevarían a sus padres, como a los de otros niños morenos, y tal vez a ella.
El monólogo del paletero de la ciudad de Culver, conocido por todos, secuestrado por sujetos enmascarados y liberado por sus propios vecinos. O la del venezolano Andry Hernández, quien huyó de la persecución política y la homofobia pero terminó de regreso desde Estados Unidos, junto con otros 237 venezolanos, rumbo a una de las prisiones más hostiles de El Salvador.
Por agenda, no participan figuras como Eugenio Derbez, Diego Luna o Salma Hayek, pero sí actores con trayectorias de hasta 40 años, como Daniel Mora que este año estrenará una película con Matt Damon.
Participa, también, Constance Marie López, quien inició su carrera como bailarina de David Bowie y ha destacado en Selena y My Family o en el papel de Angie López en la serie George Lopez.
Cuando ideó el proyecto, Vivian Nacif pensó en 10 monólogos, pero la dureza de las historias lo redujo a ocho. Luego Constance se sumó con uno adicional en inglés.
“Durante la huelga de actores había un grupo llamado Latinas Acting Up. Era una manera de hacernos visibles, bailaban en las calles para mostrar lo importante que somos esta industria. Ahí conocí a Diana María Rivas, actriz de Gordita Chronicles. Fue a ella a quien mostré mi guion; me ayudó a desarrollarlo. Gracias a ella también conocí a Constance a quien encontraba después constantemente en marchas a favor de los migrantes”.
Nadie cobra
En entrevista con MILENIO, Constance, de origen mexicano, recuerda esos encuentros y es tajante: no puede quedarse de brazos cruzados ante lo que describe como “brutalidad y un poder inhumano”, donde detienen a migrantes sin el debido proceso.
“Nadie pensaba que Estados Unidos llegaría a esto, pero está pasando. Por eso yo estoy alzando la voz yendo al Congreso, en Los Ángeles, en Texas, donde sea necesario. Esto está fuera de control. Mientras más personas hablen, mejor. No solo celebridades: todos deben despertar”.
En la obra participa también Ruth Livier reconocida por su papel de Yolanda Saldívar, la asesina de la cantante Selena, en American Crime Story y en Queen of the South (La reina del sur).
En la segunda temporada de MALICE incluye también a Angelines Santana, Eduardo Enrikez, Valentina Latyna, Eduardo Román, María Jimena Gastelum, Xavi Moreno y Alejandro Cárdenas.
Nadie cobra. Beth Hogan, dueña de Odyssey, tampoco obtiene ingresos: decidió prestar el espacio tras presenciar redadas de ICE en el negocio contiguo, donde no quedó un solo trabajador.
Para ella, la comunidad inmigrante es cercana, familia: vecinos; jpovenes que han trabajado con ella, lazos familiares en Latinoamérica: tiene un tío sacerdote que vivió 50 años en Honduras, una tía que es maestra en Guadalajara, Jalisco…
“Cualquier cosa que pueda hacer por esta comunidad, lo voy a hacer”.
En septiembre pasado, MALICE, Stories of Justice alcanzó los10 mil dólares; el 21 de marzo, día del cumpleaños del papá de Vivian, ocho mil más. Después 20 mil en una fiesta con actores y amigos.
En total sumaron 38 mil dólares que fueron transferidos a las organizaciones Centro de Defensa Legal para Inmigrantes y Marvista Voice que apoya con alimentos a familias de indocumentados que tienen hambre.
No es miel sobre hojuelas
Por los pasillos iluminados de uno de los restaurantes más populares del centro de Glendale, Daniel Mora se mueve con naturalidad: es un latino más entre los comensales que, absortos en sus conversaciones, no perciben que tienen frente a sí a uno de los rostros morenos y barbados más recurridos en el cine.
Ha hecho su vida aquí, a unas cuadras del restaurante, en el centro de Glendale, se educó en Estados Unidos, es veterano de guerra y asegura que a él “los loros no le hacen nada” en referencia a los discursos anti inmigrantes.
“En inglés no tengo acento; en español, tengo, pero es norteño, de Tijuana. Así, en mis primeras audiciones en Hollywood, conseguí tres papeles y con eso me sindicalice hace 37 años”, dice en entrevista con MILENIO.
Se acerca al mostrador, pide arroz, plátano frito y ropa vieja cubana. Dos pastelitos de guayaba y empanadas para su hija y va a la mesa. Se le nota de buen ánimo. Está en su terreno.
Desde que dejó la administración de empresas para apostar por la actuación, ha trabajado en cine, televisión, animación, looping y teatro, como el papel que hizo en MALICE: Stories of justice, donde hace de un veterano al que quieren deportar.
Su primera película que hizo fue The Alamo (2003). Después vinieron Man on Fire, con Denzel Washington y Mark Antony, filmada en parte en la Ciudad de México, Quinceañera, Filly Brownm, Mc Farland, A better life,; Band Of Robers y en La Odisea, a lado de Matt Damon que se estrenará este año.
A eso suman más de cien títulos que incluyen series como The Bridge, con Demian Bichir; Coyote, con Michael Chiklis.
“Gracias a Dios me he ganado la vida con eso, porque estar en cámara es difícil, muy difícil”, reconoce antes de dar un trago al refresco.
Pero el costo ha sido claro: papeles estereotípicos. Cholos, jardineros, restauranteros, narcos, malotes mexicanos.
“Tengo la ventaja de ser ex militar, cuando hay papeles de soldados me hablan luego, luego. También produje 128 episodios de Placas, así que conozco como hablan los policías, como operan los de SWAT”.
El encasillamiento pesa, pero empuja:
“Esa es rabia que te da en Hollywood: que te encasillen. Pero también es un reto: si voy a hacer ese papel lo voy a hacer mejor que nadie”.
El entorno no está para ponerse los moños. La inteligencia artificial ha reducido el trabajo de looping, (los sonidos y voces que van detrás de escena) una fuente de ingresos para los actores. Mora no ha sido llamado para ese trabajo en tres meses.
“El looping es lo que me ha sostenido por 37 años: para comer, etcétera. Está canijo”, reconoce Mora.
Cada vez llaman a menos latinos
Por otro lado, la discriminación ha sido otra carga para el gremio.
“Por la tensión política, se habla menos de migración”, explica Ruth Livier desde el Latino Theater Company, en el Centro Histórico de Los Ángeles, donde se impulsan narrativas de la comunidad.
Originaria de Guadalajara, Livier ha peleado cada espacio en la industria cinematográfica estadunidense. Empezó en el modelaje y luego saltó a la actuación, pero hoy nota un cambio: menos oportunidades.
“Hice un estudio sobre cómo desde hace nueve meses grandes empresas han abandonado iniciativas de diversidad, equidad e inclusión y la consecuencia es que llaman menos a latinos. Esto impactará en quién cuenta las historias y qué historias se cuentan”.
Las cifras lo confirman . Aunque los latinos representan cerca del 20 por ciento de la población en Estados Unidos, apenas ocupan alrededor del 4 a 5 por ciento de los papeles protagónicos.
En muchos casos a veces son sustituidos por actores de otras etnias, según una carta de denuncia que firmaron 100 famosos encabezados por Eva Longoria, en enero pasado.
Uno de los casos más recientes fue el de la película Deep Cuts, donde la actriz Odessa A’zion, que no es latina, fue elegida para interpretar a un personaje con identidad mexicana.
La reacción fue tan fuerte que terminó renunciando al papel. Otro caso clave es Emilia Pérez, protagonizada por Karla Sofía Gascón, una actriz española, en una historia centrada en México pero con muy poca presencia de actores mexicanos en los roles principales.
Bajos ingresos
El impacto también es económico. Un actor principal puede ganar desde aproximadamente 65 mil dólares por episodio en producciones sindicales hasta más de un millón en grandes series.
Los actores latinos, en cambio, quedan relegados a papeles secundarios o de reparto, con ingresos entre 4 mil y 15 mil dólares o menos en producciones independientes.
Para Livier, el resultado es una constante sensación de inestabilidad.
“Es una situación de “fight or flight”, resistimos, pero atentos por si hay que irse. Por eso hay que contar nuestras historias en cada trinchera”.
LJ