Internacional
  • ¿Qué opinan las colombianas del apoyo al 'Tigre'?

  • Elecciones. Abelardo de la Espriella ha llevado una campaña cargada de testosterona, presentándose como un hombre de mano dura al estilo de los caudillos latinoamericanos, con un toque de la “manosfera”, ¿y las mujeres?
El género se ha convertido en una importante corriente subyacente de la campaña de De la Espriella. (Federico Rios / The New York Times)

M+.- Con las encuestas que lo sitúan por delante de su rival de izquierda, la candidatura de Abelardo de la Espriella ha planteado una pregunta seria: ¿está un país que dejó de lado el machismo arraigado para promulgar algunas de las políticas más progresistas de la región para las mujeres ahora preparado para elegir a un líder desafiantemente machista?

Se hace llamar El Tigre y publica en Instagram videos de sus entrenamientos sudorosos. Promete “destripar la izquierda” y afirma que Colombia necesita un presidente con agallas de hombre, aunque utiliza un término en español más colorido.

Abelardo de la Espriella es un abogado penalista de 47 años que ha sido respaldado por Donald Trump de cara a una segunda vuelta el 21 de junio.

En el camino, ha suscitado un debate sobre lo duro que es realmente: un funcionario del gobierno de izquierda de Colombia acusó a De la Espriella de haberse puesto implantes en las nalgas, algo que él negó.

A medida que los populistas de derecha ganan elecciones desde El Salvador hasta Chile, muchos están recurriendo a un nuevo —y similar— manual de estrategias, aseguró Catalina Calderón, la directora para América Latina del Women’s Equality Center, una organización sin fines de lucro de derechos reproductivos con sede en Estados Unidos.

En lugar de atacar directamente los derechos de las mujeres, dijo, prometen purgar la “ideología de género” y recortar el gasto en nombre de la austeridad, desmantelando de paso organismos y servicios para mujeres y niñas. “Esas semejanzas no son casualidad”, agregó Calderón.

De la Espriella ha declarado que respeta las leyes y la Constitución de Colombia, pero que personalmente se opone al aborto —lo que genera preocupación de que pudiera revisar un histórico fallo de la Corte Constitucional de 2022 que legalizó el procedimiento hasta las 24 semanas—, así como a la adopción por parte de parejas del mismo sexo.

También ha dicho que las familias deben ser las responsables de la educación sexual, no las escuelas. “No acepto que a nuestros niños se les quiera condicionar, se les contamine con ideología de género”, ha dicho.

Imitando al presidente de Argentina, Javier Milei, se ha comprometido a reducir drásticamente el Estado, empezando por cerrar el Ministerio de Igualdad.

Y ha enfrentado acusaciones de sexismo tras arremeter contra la “ignorancia” de una conocida periodista en plena entrevista y por hacer chistes obscenos durante la campaña electoral. Pero se ha mantenido en gran medida sin doblegarse, luciendo sus modales anticuados con tanto orgullo como su omnipresente sombrero aguadeño.

Con sus saludos de estilo militar, se ha ganado una base ferviente de seguidores masculinos que dicen no considerar que De la Espriella sea particularmente misógino.

“Es la gran esperanza de todos los colombianos —comentó Carlos Alberto García Palau, un guía turístico de 54 años y exagente de policía de la ciudad de Medellín —. Representa seguridad, familia, respeto”.

Las votantes divididas

“La percepción en las mujeres no es tan buena —dijo Katherine González, de 40 años, conductora de Uber en Bogotá, la capital—. La posición que se ve es una posición machista”.

Florence Thomas, una de las intelectuales feministas más destacadas de Colombia y una voz central en la lucha de décadas por la despenalización del aborto, lo expresó con más contundencia al decir: “Me da demasiado miedo el Abelardo, demasiado miedo”.

Colombia es uno de los países más avanzados de América Latina en materia de derechos de la mujer, señaló, pero “las feministas en Colombia hemos aprendido mucho que todos los derechos adquiridos son de una fragilidad impresionante.

“Te puedo asegurar —añadió— que las mujeres que son conscientes de lo que significa la lucha por sus derechos votarán por Iván Cepeda”, el senador de izquierda y activista de derechos humanos que se enfrenta a De la Espriella este mes.

Cepeda ha denunciado explícitamente el “patriarcado” y ha prometido a las mujeres un mayor apoyo e inclusión en la vida pública.

Pero también hay muchas colombianas que no consideran que el candidato de derecha represente una amenaza, o que simplemente no les importa. Consideran que la seguridad y la lucha contra los grupos de narcotraficantes —las promesas centrales de la campaña de De la Espriella— son más importantes.

“Queremos mano dura contra criminales”, dijo Jennifer Orozco, una diseñadora gráfica de 32 años, en un mitin en Medellín el mes pasado.

Susana Mejía González, coordinadora de la Red Nacional de Mujeres de Colombia, una organización de defensa feminista, aseguró: “No sólo para las mujeres, sino para la sociedad colombiana, la agenda de los derechos no es una agenda relevante para tomar decisiones en estas elecciones”.

Aun así, el género se ha convertido en una importante corriente subyacente de la campaña.

Antes de la primera vuelta, De la Espriella se enfrentaba a varias mujeres destacadas, entre ellas una senadora conservadora que contaba con el respaldo de un poderoso expresidente.

EL DATO

Mujeres, lideresas de familia

Las cuestiones relacionadas con las mujeres también han sido clave para captar votos: más de 46 por ciento de los hogares colombianos están encabezados por mujeres solteras.

De la Espriella ha hecho un llamamiento a las mujeres para que se unan a su movimiento —las “tigresas”, las llama— y ha anunciado una serie de propuestas orientadas a las de clase trabajadora, incluidas unidades móviles para atender a víctimas de violencia doméstica las 24 horas y cadena perpetua para los abusadores sexuales de menores.

También contó con la participación de su esposa, Ana Lucía Pineda, en actos y entrevistas, y se describió a sí mismo como “un hombre de familia tradicional”: padre, esposo, caballero e hijo de la costa Caribe colombiana con las cosas claras, un costeño.

Autodenominándose “feminista de la vieja guardia”, bromeó diciendo que las mujeres deben permanecer en su lugar adecuado: “¡El trono, cariño!”. Cuando le preguntaron por qué no quería debatir con su principal rival política de la derecha, la senadora conservadora Paloma Valencia, dijo que prefería tratar su relación “como una tacita de porcelana”.

En los mítines, se ganaba aplausos atronadores con frases como: “Nunca le he fallado a una mujer. A ustedes las voy a proteger”.

Estalla el debate

El mes pasado, el ministro del Interior, Armando Benedetti, acusó a De la Espriella de ser, en sus propias palabras, “tan postizo, tan postizo”, al citar los implantes capilares, el maquillaje y, de forma memorable, “silicona en las nalgas, implantes en las pompis”.

De la Espriella, que ha bromeado sobre sus implantes capilares y su estatura de 1.70 m —diciendo que sus grandes testículos no lo dejaban crecer más—, restó importancia a la acusación sobre la cirugía de glúteos.

Días después, en un programa de debate político, instó a la única mujer periodista en el panel, Laura Rodríguez, a que mirara una foto suya con ropa deportiva. Aunque pudiera estar “mal de culo”, dijo, la foto mostraba algo más que le había valido “votos bien bacanos del electorado femenino”.

Más tarde se disculpó con Rodríguez, quien dijo que se había sentido acosada, y se defendió señalando su labor como abogado en casos emblemáticos de mujeres, incluida la ley de feminicidio de Colombia, que tipificó la violencia letal de género contra las mujeres como un delito específico.

Pero el episodio se negó a desvanecerse; periodistas destacados y políticos poderosos denunciaron su comportamiento. La familia de la mujer que da nombre a la ley de feminicidio, Rosa Elvira Cely, lo acusó de explotar su nombre para beneficio político y de atribuirse el mérito de su labor.

Este mes, después de que De la Espriella avanzara a la segunda vuelta, una jueza dictaminó que había cometido “violencia política de género” al cuestionar el juicio de las mujeres como votantes, y le ordenó disculparse con las mujeres colombianas.

Las mujeres que lo apoyaban arremetieron contra la izquierda, calificando la reacción como parte de una plaga global de cultura de la cancelación.

Para María Jimena Duzán, destacada periodista colombiana, De la Espriella es un oportunista político que toma prestado de otras campañas de extrema derecha, un hombre que encontró a Dios y su personalidad masculina sólo para ganar la presidencia.

Pero eso no le hace a él —ni a su creciente base de seguidores— menos alarmante, afirmó.

En algunos países latinoamericanos donde los líderes de derecha han atacado recientemente las políticas de género, activistas y periodistas han tenido que huir tras recibir amenazas de muerte.

El mes pasado, Duzán estaba en su popular canal de YouTube leyendo su columna, en la que denunciaba a De la Espriella, cuando el canal fue inundado con contenido de criptomonedas. El jaqueo activó un sistema automatizado que la desconectó de la red.

Aunque YouTube no comentó el incidente, la principal organización de defensa de la libertad de prensa de Colombia lo condenó formalmente como parte de un patrón más amplio de intimidación a la prensa por parte de De la Espriella y sus seguidores.

“Sus huestes me tumbaron el canal”, dijo Duzán.

EHR

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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