M+.- Armando García y Spencer Twing no se conocen, no hablan entre sí, pero comparten este 2026 una misma carga: ambos están atrapados en el mercado informal de reventa de boletos en redes sociales para los partidos del Mundial de Futbol.
El primero es un hidalguense que revende entradas a los estadios; el segundo es un angelino que grita con nombre y apellido que fue víctima de una estafa gestada en grupos sociodigitales en México.
Estas redes suelen encontrarse con nombres que incluyen las siglas del organismo regulador del balompié mundial, la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), el año de la justa, 2026, y ligeras variaciones de las palabras 'boletos' y 'mundial'.
“El problema es que, como aficionado, sólo tienes dos opciones: o pagas una fortuna por un boleto en la página oficial de la FIFA o en plataformas de reventa internacionales —ya que en México están prohibidas—, o te metes a grupos de Facebook y WhatsApp donde el riego de estafa es altísimo”, advierte García, quien heredó su afición futbolística de la familia.
En tales condiciones, se multiplican abusos alrededor del evento. Twing, quien se hizo pambolero por sus compañeros mexicanos en una escuela de California, explica el encanto que los hace posible:
“Es un momento histórico: un Mundial en México no es frecuente. La última vez fue en 1986, han pasado casi 40 años y nadie sabe cuándo podría repetirse”.
Datos proporcionados a MILENIO por la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) revelan que en lo que va del año se han identificado 258 páginas de comercialización no autorizada de este tipo de boletos. Sin embargo, el organismo aclara que carece de facultades legales suficientes para actuar en contra de este tipo de fraudes.
“Las denuncias deben presentarse ante las procuradurías locales”, precisó la dependencia a través de su enlace de prensa.
Hay una enorme cifra negra, que quizá alcance el 98 por ciento de los casos, alrededor de este tipo de delitos. Ni siquiera el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública logra especificar cuántos de los 225 reportes de fraude al día que se registran este año son debido a la compra de boletos a la FIFA.
Por su parte, el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública de la Ciudad de México, un organismo no gubernamental, reportó el 12 de mayo que las principales plataformas utilizadas para enganchar a las personas para fraudes con boletos del Mundial son Facebook con 48.8 por ciento; seguido de páginas web con 10.4 por ciento; Instagram, con 9.2 por ciento; TikTok, con 4 por ciento, y WhatsApp.
De las 22 denuncias que tomó como muestra de su análisis reportó que el 34 por ciento de las víctimas son jóvenes menores de 34 años; 66 por ciento son mujeres. El 75 por ciento son de la Ciudad de México; fuera de la capital, el Estado de México concentra el 40.3 por ciento.
El Consejo advirtió que los fraudes en eventos masivos de talla internacional, como el de la FIFA, provoca pérdidas considerables e hizo un llamado a comprar por los canales oficiales.
Sin embargo, aficionados como Armando García consideran que la escalada de estafas también es provocada por las mismas políticas de la FIFA, así como la falta de legislación mexicana que llevó a la prohibición de portales empresariales de reventa que sí son permitidos en otros países.
“Por ejemplo: yo tuve que comprar 32 tickets en total cuando salí sorteado, aunque yo sólo quería ocho boletos para los partidos de México en la Ciudad de México y Guadalajara a los que iré con amigos”, informa García. “La FIFA no me permitió comprar sólo para los juegos de la selección de México sino para todos los partidos de esas ciudades. Me quedé con 24 boletos de más”.
Pero, al intentar revender esas 24 entradas en la página oficial de la FIFA, se dio cuenta que le quitarían el 15 por ciento de comisiones; para evitar este cobro los ofrece ahora en páginas web y grupos de Facebook. Aclara que él no es un revendedor profesional, sólo quería ocho boletos y tuvo que comprar 32, por los que tuvo que desembolsar unos 250 mil pesos.
Y peor aún: aunque quisiera ir a todos los juegos, le sería inviable, debido a las largas distancias entre Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara.
Futbolero de toda la vida y seguidor del club Pachuca, no duda en gastar un promedio de 90 mil pesos por viajes al año que gana como consultor tecnológico. Viaja con su novia, quien invierte otro tanto. Como pareja han seguido a su equipo en torneos internacionales, además de asistir a Eurocopas y otros torneos desde Estambul a Londres, de Bruselas a Cincinnati, de Carolina del Norte a Atlanta.
Y a pesar de esa afición pambolera, concluye que “¡en ningún país he gastado tanto como en México para este Mundial, ya llevo 300 mil pesos y sólo he recuperado una tercera parte!”, revela con alarma.
Engañan hasta a los expertos
Más allá de las prácticas desconsideradas de la FIFA, hay fraudes de los que hay que cuidarse. Y de la astucia de los delincuentes dan testimonio Spencer Twing y su agente Nancy Moya, colaboradora de la empresa de viajes Archer Travel, en California. Ella opera como promotora independiente de eventos deportivos y posee licencia para comprar y revender boletos en Estados Unidos, donde estas operaciones son legales.
“Si lograron engañarme a mí, que trabajo en esto, ¡imagínate a alguien que sólo quiere ver jugar a la Selección mexicana”, dice a MILENIO.
Moya comercializaba paquetes turísticos para la experiencia mundialista desde marzo de 2024, cuando observó que los precios de todo lo relacionado con FIFA 2026 comenzaba a inflarse en hoteles, vuelos y actividades paralelas. Casi nadie creía que las tarifas incrementarían tanto, los posibles clientes pensaban que Archer Travel estaba incrementando para su beneficio los precios. En consecuencia, pocos compraban.
Dieciocho meses después, cuando la FIFA anunció en Washington D.C. el listado oficial de selecciones clasificadas, el interés del público se disparó.
Esto ocurrió, explica Moya, después del sorteo que reveló en qué grupo jugará cada selección y del sistema que usa la FIFA para asignar entradas —también por sorteos— cuando hay más personas interesadas que boletos disponibles.
Hasta entonces “la gente tuvo claridad de qué partidos le interesaban, pero no tenía boletos y todo mundo enloqueció intentando conseguirlos”, relata.
Quienes no resultaron elegidos en los sorteos de la FIFA que no son patrocinadores o pertenecen a federaciones, tienen únicamente tres vías para conseguir las entradas: la página oficial de la Federación, las plataformas de reventa particulares o redes sociales.
En México, oficialmente sólo se permite la primera opción. El gobierno mexicano ratificó en diciembre de 2025 que cualquier otra forma de reventa fuera de la FIFA se considera ilegal y esta habilitó una plataforma que recibe de vuelta los boletos que no serán usados por una comisión del 15 por ciento y otro 15 por ciento que carga al nuevo comprador.
Estos cargos, además de la alta demanda, fomentaron la compraventa extraoficial en México. En la primera semana de marzo de 2026, los usuarios detectaron boletos revendidos hasta en 1.3 millones de pesos para el partido inaugural en el Estadio Azteca.
Nancy Moya observó todo esto y le quedó claro que si bien en México no podía revender, en Estados Unidos sí. Buscó boletos en sitios autorizados y legales como Golden Ticket y Events 365, donde venden ganadores de los sorteos y las federaciones, pero encontró precios desorbitados.
Entonces optó por grupos de redes sociales y WhatsApp.
La mecánica de la reventa
En Facebook comprobó que los boletos eran más baratos porque, en teoría, no se pagaban las altas comisiones de los revendedores ni de FIFA —15 por ciento al comprador y otro tanto al vendedor—. “Búscame en otro lado”, le pedían los clientes a Nancy Moya.
La dinámica es directa, explica la agente: el comprador paga al revendedor, quien envía una invitación a través del FIFA ID. “Debes de tener un FIFA ID y recibir un correo que indica que alguien te transfirió los boletos, esa es la única vía para que muchos mexicanos obtengan el boleto. La llaman donación, aunque en realidad es compra bajo el agua”.
En uno de los grupos que encontró Moya en Facebook contactó a vendedores, les pidió identificaciones y comprobantes emitidos por FIFA con nombre del titular.
Así creó una lista de “vendedores verificados” que hasta la fecha no la han defraudado como intermediaria. Con esa confianza contactó a Spencer Twing en un grupo de WhatsApp.
Twing no dudó en usar la agencia de viajes para hacerse de boletos. Vive en Guadalajara, sede mundialista, ha jugado futbol casi toda su vida y anhelaba vivir la experiencia en persona. Comenta que “quería ser parte del espíritu mexicano y del ambiente global, en Estados Unidos vi cómo el futbol creció gracias a los mexicanos”.
Su plan falló. El vendedor, un tal Juan Felipe Velasco, no transfirió los boletos pese a recibir nueve mil pesos. Alegó que el dinero no llegó, aunque el banco confirmó la operación.
Nancy asumió la responsabilidad y reembolsó el dinero a su cliente. Aprendió que esos tratos más vale hacerlos en persona o por videollamadas. Aun así, persiste el riesgo: incluso con identidad verificada, el vendedor puede incumplir .
Es difícil recuperar el dinero. Una víctima de fraude tiene que viajar al estado donde vive el estafador para interponer una denuncia, además de contratar abogado y otros gastos del traslado.

Riesgosa pesca de boletos
Las triquiñuelas y abusos no son algo nuevo. Jaime Hernández fue estafado en Qatar por Jorge Aldo Varas Lecona, un supuesto vendedor mexicano cuya verdadera identidad está en entredicho. Todo empezó porque, aunque Jaime tenía experiencia previa en mundiales y su correo es el mismo ante la FIFA, no salió sorteado esa vez y no lograba conseguir boletos para el partido amistoso de México vs. Argentina. Y recurrió a la venta en redes sociales.
Aplicó filtros: pidió pasaporte del vendedor, reservaciones y capturas de correos de los boletos. Incluso verificó que los comprobantes del hospedaje gestionado por FIFA no fueran alterados.
El vendedor ganó su confianza gradualmente. Primero le mandó su pasaporte y lo invitaba a revisar su perfil de Facebook donde se veía que trabajaba en Volaris de Tijuana. También se tardaba en contestar a las ofertas de pago que le hacía Hernández, lo cual le daba más confianza: “Yo pensaba que un estafador intentaría cerrar rápido el negocio en lugar de darse su tiempo”.
Acordaron un anticipo de 25 o 30 por ciento, y liquidar el total justo cuando estuvieran ambos en el estadio. Al principio le dio 10 mil pesos de anticipo para los boletos de él, su esposa y dos primos, pero, días después, el estafador cambió de propuesta y le pidió liquidar todo a riesgo de perder la compra.
Jaime transfirió otros 50 mil y, a partir de ahí, Jorge Aldo Varas Lecona nunca volvió a responder. Meses después, supo que el defraudador engañó a por lo menos otras cuatro personas en el grupo de Facebook donde se conocieron.
La estafa con boletos del Mundial y quizá otros eventos “es un modo de vida”, resume Jaime Hernández.
Hay focos rojos a los que deberían estar atentos quienes buscan ofertas en las redes sociales, advierten los usuarios: el primero son los precios: si te cuesta la mitad de lo que se ve en el mercado; el segundo, el perfil del vendedor: sin amigos, recién creado, sin historial.
Son focos rojos evidentes, pero la emoción por asistir pesa más. A los compradores los tientan las ofertas, las ganas de ir al Mundial y… “¡caen redonditos!”.
Los retos
El problema de los abusos y la reventa de boletos en México no ha sido resuelto desde hace años, más allá de si se trata o no de la plataforma FIFA.
Por ejemplo, en la final de la liga mexicana de futbol entre el Cruz Azul y el América en 2018, los boletos fueron vendidos en su totalidad en cuestión de minutos por dos mil 500 pesos a través del sistema Ticketmaster y, de inmediato, aparecieron en la página de reventa StubHub a un costo de 20 mil pesos cada uno.
En febrero, la legisladora Simey Olvera presentó en el pleno del Senado una iniciativa conocida como #LeyBoletoSeguro en la que justificó la urgencia de una regulación en la venta y reventa de eventos masivos en México.
La iniciativa busca transparencia en los precios durante todo el proceso de compra, combatir el acaparamiento mediante ‘bots’ para frenar la reventa ilegal y asegurar el reembolso íntegro de los boletos por cancelación o cambios en el evento. Sin embargo, sigue en etapa de análisis y dictaminación dentro de las comisiones del Senado.
Este diario envió un cuestionario a la representante de México ante la FIFA, Gabriela Cuevas, con el objetivo de tener respuesta a algunas de las principales inquietudes de la afición que derivan en fraudes. Algunas de las preguntas fueron:
Dado que en México está prohibida la reventa, ¿qué opciones para denunciar tienen las víctimas? ¿Hay alguna estadística o monitoreo de estos casos fraudulentos por parte su representación? ¿Qué opinión tienen respecto de las comisiones que cobra FIFA en la reventa?¿Cuál sería la legislación ideal para evitarlo?
Al cierre de esta edición no hubo respuesta.
Fact checking: JRH
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