Estilo

Pug Seal también es una forma de entender México

A una década de su creación, la colección hotelera ha convertido la hospitalidad en una experiencia cultural: casas que cuentan historias y que hoy suman tres Llaves Michelin

Hay hoteles que buscan impresionar y otros que quieren quedarse en la memoria. Hace diez años, cuando José Manuel Quintana y Sergio Celis imaginaban un nuevo tipo de hospedaje, partieron de una frustración sencilla: viajar constantemente y no encontrar un lugar que se sintiera realmente bien.

Y no en el sentido del lujo brillante, sino bien en el sentido más íntimo: espacios con alma, atención genuina y un gusto que no necesita anunciarse.

Así nació Pug Seal, un proyecto que con el tiempo se transformó en una pequeña colección de casas-hotel donde el diseño no es decoración, sino narrativa. Hoy, una década después, sus tres propiedades —Allan Poe, Anatole France, en Polanco CdMx, y Pug Seal Oaxaca— comparten un reconocimiento poco común: cada una cuenta con una Llave Michelin, un sello internacional que reconoce experiencias hoteleras excepcionales.

Más allá del galardón, lo interesante es la manera en que estas casas construyen su identidad. En Pug Seal, cada espacio se piensa como un relato cultural. Las piezas, texturas y obras de arte no están ahí para llenar muros, sino para contar historias que conectan al huésped con el contexto que habita.

En la casa de Allan Poe, en Polanco, el hilo conductor es la mitología de Quetzalcóatl. Desde el tapiz que simboliza el nacimiento del quetzal hasta la celosía que evoca a la serpiente emplumada en movimiento, el hotel propone una experiencia sensorial anclada en símbolos mesoamericanos. Cerámicas con la forma de la cabeza de la deidad, fósiles incrustados y un mandala dedicado a Pachamama construyen una atmósfera que no busca recrear el pasado, sino dialogar con él.

A unas calles de distancia, la propiedad de Anatole France cuenta una historia distinta: la de la migración que definió buena parte de la identidad mexicana del siglo XX. Cada habitación lleva el nombre de una familia migrante pionera, como una forma de rendir homenaje a quienes llegaron con poco más que esperanza. La llamada “Escalera de la Humildad”, antigua escalera de servicio, se convirtió en una pieza escultórica que recuerda el trabajo silencioso con el que muchas de esas historias se construyeron.

En Oaxaca, la narrativa cambia de registro y se adentra en la cosmovisión zapoteca. Un fresco del artista Rafael Uriegas recorre mitos ancestrales mientras la figura de Cocijo —dios de la lluvia y la fertilidad—, interpretada por el escultor Sabino Guisu, ancla el espacio con una presencia casi ritual. Grabados geométricos de Manuel Lozano evocan patrones presentes en textiles y arquitectura zapoteca, convirtiendo al hotel en una especie de portal cultural.

Esa mezcla de hospitalidad íntima y narrativa estética explica por qué el proyecto ha logrado algo poco frecuente: convertirse en la única colección hotelera mexicana cuya oferta completa aparece en la guía de Llaves Michelin. En un universo donde solo entre el 20 y el 30 por ciento de los conceptos reconocidos en el país son de origen nacional, el logro adquiere otra dimensión.

Para sus fundadores, sin embargo, el reconocimiento es apenas una confirmación de una idea inicial: el lujo contemporáneo no está en la ostentación, sino en la experiencia. Saber que el café de la mañana proviene de una comunidad veracruzana, que el arte conmueve más de lo que impresiona y que la hospitalidad —la verdadera— sigue siendo, ante todo, personas cuidando de otras personas.

Después de diez años, el sello parece listo para seguir expandiéndose: nuevas casas, quizá otras geografías y experiencias que amplíen la conversación. Pero la esencia permanece intacta. Porque en Pug Seal la hospitalidad no se mide en estrellas, sino en historias que uno se lleva consigo al partir.

MGR

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Mariela Gómez Roquero
  • Mariela Gómez Roquero
  • mariela.gomez@milenio.com
  • Editora en jefe de M2. Más de 25 años de experiencia en revistas y periódicos impresos; así como en medios digitales, redes sociales, branded content y como consultora de comunicación. Fan de las letras, por eso me hice editora, después de enamorarme del oficio de ser periodista.
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