La enfermedad que México erradicó

La ciencia médica logró acabar con la oncocercosis, una enfermedad que llegó a ser la segunda causa de ceguera en el mundo. ¿Cuál fue el camino para lograrlo?

La oncocercosis o “ceguera de los ríos” es un padecimiento endémico de África que se descubrió en 1893, mientras que en México, el primer caso del que se tiene registro data de 1923 en los estados de Chiapas y Oaxaca. De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (PAHO, por sus siglas en inglés), la enfermedad se transmitió a América Latina por el comercio de esclavos, y se detectaron 13 focos en cinco países además del nuestro: Brasil, Colombia, Guatemala, Ecuador y Venezuela.

Si bien no es mortal, puede provocar daños graves a la salud de las personas. Todo comienza con la picadura de la mosca negra del género Simulium a una persona infectada; al picar, el insecto ingiere pequeñas microfilarias o gusanos —los parásitos causantes de la enfermedad—, que después de algunos días dentro de la mosca, se convierten en larvas. Entonces, la mosca pica a un individuo sano y deposita las larvas, las cuales se desarrollan y provocan afecciones en piel y ojos.

La oncocercosis llegó a ser la segunda causa de ceguera en el mundo, después del tracoma, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Hoy en día, hay 270,000 personas ciegas por este padecimiento, señala la OMS.

Debido a la problemática de salud que representaba para nuestro país en los tres focos en Oaxaca, Norte y Sur de Chiapas — todas zonas marginadas de difícil acceso—, el gobierno puso en marcha un Programa Nacional para la eliminación de la “ceguera de los ríos” a partir de 1930, según el artículo “Oncocercosis: ¿la próxima enfermedad eliminable en México?”, publicado en el boletín médico del Hospital Infantil Federico Gómez en 2011.

La realidad es que, luego de varias décadas de esfuerzo conjunto de gobiernos, organismos internacionales e instituciones privadas, la enfermedad se ha eliminado en 11 de los 13 focos de América Latina (solo persiste en Venezuela y Brasil), y desde 2015, la OMS certificó que está erradicada en México. Pero, ¿qué hicimos para combatirla?


No había cura

Cuando México comenzó a tomar medidas para hacer frente a la oncocercosis, no había un medicamento seguro: se utilizaba dietilcarbamazina, que “llegó a ser odiada por la población porque producía efectos colaterales como prurito y picazón, así como problemas neurológicos en los pacientes que la tomaban”, relata el doctor Mauricio Sauerbey, director del Programa para la Eliminación de la Oncocercosis en las Américas (OEPA, por sus siglas en inglés).

La enfermedad fue incurable hasta 1987, cuando la compañía Merck decidió donar una medicina que habían descubierto el bioquímico japonés Satoshi Omura y el irlandés William C. Campbell, por la que ganaron el Premio Nobel de Medicina 2015: mectizan, conocida por su nombre genérico como ivermectina.

La donación de Merck para tratar la “ceguera de los ríos” en zonas endémicas sentó un precedente para que en 1992 naciera el programa OEPA, luego de una resolución del Consejo Directivo de la PAHO, que urgía a eliminar la enfermedad para el año 2007.

En este programa participan los gobiernos de los seis países latinos afectados por oncocercosis, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades en Estados Unidos y también el Centro Carter, una organización sin fines de lucro fundada por el expresidente Jimmy Carter y su esposa en 1982.

Su CEO, la embajadora retirada Mary Ann Peters, explica que la organización combate las llamadas “enfermedades tropicales” como parte de sus objetivos, incluida la oncocercosis. “Ahora colaboramos con la Fundación Carlos Slim, que nos permitió concluir los trabajos en México y Guatemala, y hace posible la muy complicada intervención en la frontera de Venezuela y Brasil (donde se encuentran los dos últimos focos de la enfermedad en la región)”.

En esta zona está el poblado indígena yanomami que, señala Peters, “no ha tenido mucho contacto con el mundo exterior y no se queda quieto si llega personal de salud a entregar medicinas”. Añade que “es un desafío enorme, el Centro Carter solo representa las manos del programa OEPA, que también tiene un cerebro, una columna vertebral y otros órganos”.

Si este organismo sigue funcionando bien, en unos años podríamos hablar de la eliminación de la oncocercosis en todo el continente americano.

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