La sobreexposición a contenidos violentos en internet, la influencia de comunidades digitales extremistas y la falta de límites en el uso de dispositivos electrónicos son factores que deben analizarse tras el ataque ocurrido en la Secundaria General 13 del ejido La Unión, en Torreón, coincidieron especialistas en comunicación y psicología.
Blanca Nahayeli Gómez Aguilera, coordinadora de la Red Nacional de Observatorios y Medios del Consejo Nacional para la Enseñanza e Investigación en Ciencias de la Comunicación, y Catalina Becerra Carrillo, coordinadora de la Clínica de Psicología de la Universidad Iberoamericana Torreón, advirtieron en entrevista con MILENIO que el entorno digital puede facilitar la difusión de discursos de odio y exponer a los adolescentes a contenidos que normalizan la violencia.
Ambas especialistas señalaron que la prevención no debe recaer exclusivamente en las escuelas ni limitarse a restringir el acceso a las redes sociales, sino que requiere la participación de las familias, las instituciones educativas, las autoridades y las propias plataformas digitales.
Violencia digital amplifica los discursos de odio
Gómez Aguilera explicó que la violencia digital se suma a las agresiones que ya existían en el entorno presencial, pero tiene un alcance mayor debido a la facilidad para encontrar personas con ideas similares, crear comunidades y actuar detrás del anonimato.
“La violencia digital se sumó a la violencia que existía previamente”, señaló, al explicar que internet permite conectar a personas que comparten determinadas posturas, incluso cuando difícilmente podrían encontrarse en su entorno físico.
La especialista indicó que el anonimato y la facilidad para crear cuentas pueden favorecer conductas como el acoso sistemático, las agresiones coordinadas y la difusión de mensajes que justifican la violencia contra otras personas.
“Dentro de ese anonimato, por supuesto hay personas que aprovechan que muchas de estas redes o no están reguladas, o también es muy fácil generar cuentas o generar usuarios".
Advirtió que estas dinámicas pueden ir más allá de las agresiones verbales y derivar en la organización de acciones violentas, por lo que consideró necesario observar con atención los espacios digitales en los que se promueven amenazas, hostigamiento o discursos de odio.
“Lo más importante es denunciar un hecho de violencia, algún tipo de contenido”, enfatizó Gómez Aguilera, quien llamó a los usuarios a no normalizar las agresiones en redes sociales, incluso cuando se presentan como bromas o ataques dirigidos a determinadas características físicas, ideológicas o culturales.
Advierten sobre comunidades extremistas en internet
La coordinadora de la Red Nacional de Observatorios y Medios también abordó la presencia de comunidades conocidas como "incels", término derivado del inglés involuntary celibates, que se traduce como célibes involuntarios y que identifica a grupos en los que pueden difundirse discursos de resentimiento hacia las mujeres.
Gómez Aguilera explicó que algunas de estas comunidades construyen una narrativa de victimización en la que sus integrantes atribuyen a factores externos la responsabilidad de su situación personal.
“Hay alguien que está tomando la decisión por la persona”, explicó al referirse a la idea de que otros son responsables de su condición, una percepción que, de acuerdo con su análisis, puede utilizarse para justificar posturas misóginas y machistas.
La especialista señaló que estos espacios han evolucionado y que algunas comunidades utilizan expresiones como red pill y black pill para identificarse o comunicar determinadas posturas ideológicas.
Entre las señales que consideró importante atender mencionó las amenazas explícitas, las manifestaciones de odio, la justificación de agresiones y la resistencia a cualquier posibilidad de diálogo cuando aparecen acompañadas de conductas preocupantes.
“Cuando ya no hay diálogo hay una negación como muy fuerte con respecto a una posible ayuda”.
Hizo un llamado madres, padres y tutores a conocer los espacios digitales en los que participan sus hijos, sin asumir que el simple uso de determinadas palabras o plataformas significa que cometerán un acto violento.
Psicóloga advierte sobre la exposición constante a la violencia
Por su parte, Catalina Becerra Carrillo señaló que el ataque en la Secundaria General 13 obliga a reflexionar sobre los contenidos que consumen los adolescentes y la manera en que estos pueden relacionarse con la búsqueda de reconocimiento, la pertenencia a un grupo y la normalización de las agresiones.
La coordinadora de la Clínica de Psicología de la Ibero Torreón comentó que, al analizar el caso con otros especialistas, le llamó la atención la posibilidad de que los agresores no hubieran estado bajo los efectos de alguna sustancia.
“Una cosa que en lo particular me asustó es que no estuvieran drogados, que no estuvieran intoxicados”.
A partir de esta observación, planteó la necesidad de analizar las motivaciones y el contexto de los involucrados, sin reducir un hecho de esta magnitud a una sola explicación.
La psicóloga también se refirió a la exposición reiterada a contenidos violentos y a las dinámicas de los retos que circulan en internet, los cuales pueden incentivar a algunos jóvenes a demostrar valentía o buscar aceptación.
“Algunos de ellos tienen que ver con esta necesidad de pertenecer a un grupo, de demostrar mi valentía, que a lo mejor detrás de eso hay un problema grave de autoestima, o de soledad, o desesperanza”, explicó.
No obstante, subrayó la importancia de considerar las circunstancias particulares de cada caso y evitar que la influencia digital se convierta en una explicación automática de cualquier conducta violenta.
Maltrato animal y crueldad también requieren atención
La especialista también abordó la importancia de atender las manifestaciones de crueldad hacia los animales, especialmente cuando se presentan de manera reiterada o se convierten en una fuente de entretenimiento para los menores.
“Si tú disfrutas de las cuestiones crueles, pues es como tu pan de cada día, y buscas más, y más, y más”.
Becerra Carrillo consideró que estas conductas no deben minimizarse bajo el argumento de que se trata de animales pequeños o de acciones sin consecuencias, pues es necesario enseñar a niñas, niños y adolescentes a reconocer el daño que provocan.
La psicóloga sostuvo que la exposición constante a escenas violentas, sumada a la ausencia de orientación, puede contribuir a que determinados comportamientos pierdan su impacto emocional y se perciban como algo cotidiano.
Piden a los padres conocer a sus hijos y establecer límites
Becerra Carrillo consideró que la prevención debe comenzar con el conocimiento de las actividades, amistades e intereses de los adolescentes, así como con la definición de reglas claras dentro del hogar.
“Siéntate y conoce a tu hijo. Yo empezaría por ahí, o sea, ¿qué sabes de tu hijo?”, planteó.
La especialista recomendó a madres y padres preguntar a sus hijos qué música escuchan, qué contenidos consumen, quiénes son sus amigos y cuáles son sus actividades fuera de casa.
“Es preferible que vayan y usted conozca a los amigos de su hijo, o de su hija, a saber dónde anda su hija o su hijo, o no saber, más bien”.
Entre las medidas prácticas, propuso establecer horarios para el uso de dispositivos, evitar los celulares durante las comidas familiares y organizar actividades alternativas, como juegos o momentos de convivencia.
Asimismo, insistió en que la autoridad de los padres debe acompañarse de disciplina y reglas consistentes.
“Acércate a tu hijo, conoce a tu hijo, negocia con tu hijo, y las cosas que no se negocian son las que tú decides, para que él no genere daño”, señaló.
La psicóloga reconoció que las jornadas laborales y las dificultades económicas pueden complicar el acompañamiento familiar, pero consideró que el contacto cotidiano sigue siendo indispensable para identificar riesgos y atender las necesidades emocionales de los adolescentes.
El ataque en la Secundaria General 13 del ejido La Unión volvió a colocar en el centro de la discusión la exposición de los jóvenes a contenidos violentos y la necesidad de detectar oportunamente conductas que puedan representar un riesgo.
Mientras Gómez Aguilera llamó a denunciar las agresiones y fortalecer la respuesta de las plataformas, Becerra Carrillo insistió en recuperar la cercanía familiar y establecer límites al consumo digital.
Ambas especialistas coincidieron en que no basta con retirar un teléfono o bloquear una aplicación: también es necesario acompañar a los adolescentes, fomentar el diálogo y atender las señales de alerta antes de que una situación de riesgo escale.
La prevención, señalaron, requiere comprender que los entornos digitales forman parte de la vida cotidiana de los jóvenes y que la responsabilidad de construir espacios seguros debe compartirse entre la sociedad, las familias, las escuelas y las empresas tecnológicas.
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