Ubicado en el corazón de Torreón, el Hotel Río Nazas se mantiene como un testigo silencioso de la historia regional. Desde su inauguración, el 15 de septiembre de 1952, el edificio no solo ofreció hospedaje de primer nivel, sino que se consolidó como un símbolo de modernidad, prestigio social y del optimismo que caracterizó a la ciudad a mediados del siglo XX.
Sus muros, visitados por MILENIO, hoy marcados por el paso del tiempo, aún conservan el eco de una época en la que las estrellas del cine de oro mexicano y los empresarios algodoneros coincidían bajo un mismo techo.
El auge algodonero y el nacimiento de un ícono
Durante la década de los cincuenta, México atravesaba una etapa de transición impulsada por la reconstrucción mundial tras la Segunda Guerra Mundial. Para la Comarca Lagunera, ese periodo representó el apogeo de la economía algodonera: los campos florecían, las fábricas operaban a pleno ritmo y la avenida Morelos se convertía en el eje de la vida social y cultural.
En ese contexto surgió el Hotel Río Nazas, concebido como un gigante de concreto de estilo funcionalista, un faro de modernidad que atrajo visitantes y despertó orgullo entre los habitantes de Torreón.
“Este es uno de los edificios históricos y emblemáticos de la avenida Morelos y del centro de Torreón; fue el hotel más lujoso de su tiempo. Hay que decir que los años cincuenta fueron de esplendor económico y algodonero”, recuerda el historiador lagunero Carlos Castañón Cuadros.
“En el nombre del hotel está la identidad de la región: el río Nazas, fuente de vida, y el algodón junto con el trigo en su escudo, símbolos de la economía de aquel tiempo”.
De cárcel municipal a palacio moderno
Pocos conocen que el sitio donde hoy se levanta el hotel fue, en el pasado, un espacio marcado por el encierro. En la esquina de la calle Treviño y la avenida Morelos se ubicaba la antigua cárcel municipal de Torreón.
En 1947, la empresa Impulsora Lagunera adquirió el predio al Ayuntamiento, demolió el edificio de origen porfiriano y sentó las bases de lo que, pocos años después, se convertiría en uno de los hoteles más modernos de América Latina.
La transformación resulta paradójica: donde antes se concentraban las sombras de la ciudad, surgió un inmueble de lujo destinado a recibir a lo más selecto de la sociedad.
Un desfile de estrellas y poder
Los registros de huéspedes dan cuenta de la época dorada del hotel. Por sus pasillos caminaron figuras como Pedro Infante, Jorge Negrete, María Félix y Silvia Pinal, íconos del cine mexicano que marcaron a generaciones enteras.
También se hospedaron empresarios, políticos y artistas que encontraban en el Río Nazas un punto de encuentro.
Más que un espacio de alojamiento, el hotel funcionó como un escenario social donde se mezclaban el glamour, los negocios y la tradición lagunera.
Murales que narran la identidad regional
Más allá de su arquitectura funcionalista, el Hotel Río Nazas es recordado por su riqueza artística. En sus muros quedaron plasmadas obras de Alberto Ruiz Vela y Juan Bueno Díaz, quienes inmortalizaron escenas de la vida regional a través de murales como Bellezas laguneras, Noche de Covadonga y Paseo en la Plaza 2 de Abril —hoy Plaza de Armas—.
Estas pinturas, que aún sobreviven, funcionan como ventanas a la memoria colectiva y confirman que el arte no solo decora los espacios, sino que también narra y dignifica la historia de una comunidad.
El restaurante Continental, corazón social
Dentro del hotel, el restaurante Continental fue otro de sus grandes protagonistas. “Aquí se reunían empresarios y llegaban artistas de cine, como el ‘Indio’ Fernández. Era un punto de encuentro social”, explica Castañón.
Las familias laguneras acudían para disfrutar de una oferta gastronómica que combinaba lo regional con lo moderno, mientras el aroma del café recién molido se mezclaba con conversaciones animadas.
El Continental no era solo un restaurante, sino una vitrina de modernidad y un símbolo del deseo de Torreón por equipararse con las grandes capitales del país.
El declive frente a la nueva modernidad
Con el paso del tiempo, la ciudad se transformó y la modernidad trajo consigo nuevos competidores. Hoteles más recientes, con instalaciones actualizadas y servicios innovadores, fueron desplazando al Río Nazas del centro del glamour.
Gradualmente, el edificio dejó de ser el epicentro de la vida social para convertirse en un espacio cargado de memoria y nostalgia. Sus muros, que alguna vez escucharon risas, música y acuerdos comerciales, hoy resguardan el silencio de una época que se resiste a desaparecer.
Un referente que se niega a desaparecer
A pesar de los años, el Hotel Río Nazas continúa siendo un referente arquitectónico y cultural de Torreón. Sus murales, su amplio lobby y su carga histórica lo mantienen vivo en la memoria colectiva.
En muchos sentidos, el edificio funciona como un espejo en el que los torreonenses se reconocen: una construcción que guarda las glorias de una región que soñó en grande y que, durante un tiempo, lo fue.
Hoy, caminar frente a su fachada es escuchar el murmullo de los años cincuenta, imaginar a Pedro Infante descendiendo las escaleras o a María Félix cruzando el lobby con su paso majestuoso.
El Hotel Río Nazas permanece como una cápsula del tiempo que recuerda a la ciudad quién fue y, quizá, quién aún puede volver a ser.
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