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Entre taxis, flores y banda, despiden a Daniel, taxista fallecido tras descarga eléctrica en Torreón

Familiares, amigos y compañeros dieron el último adiós a Daniel Luján Molina en Torreón, en una despedida marcada por la música, el calor y una caravana de taxis.

Este jueves no hubo nubes en Torreón. El sol y el calor seco se dejaron sentir, pesados, como si la ciudad quisiera borrar cualquier rastro de aquella tromba del 4 de abril, cuando Daniel Luján Molina, de 32 años, recibió esa descarga que, 11 días después, le costó la vida.

Familiares, amigos y compañeros taxistas le dieron el último adiós bajo un cielo limpio, entre el calor que cala y el sonido de la banda que se abría paso entre los motores encendidos.

La caravana comenzó a formarse desde temprano. Taxis alineados, brillando bajo la luz intensa, convertidos en una fila que no hablaba de prisa, sino de despedida. Compañeros del volante, amigos, familiares. Nadie quiso faltar.

Despedida entre motores y música

Daniel no era de pasar desapercibido, y su adiós tampoco lo fue. Alegre, trabajador, solidario. Así lo nombraban entre abrazos largos y miradas que buscaban sostenerse.

De esos hombres que siempre tienen una mano extendida y una palabra lista para aligerar el día. De los que hacen comunidad sin darse cuenta.

Once días antes, la historia era otra. El 4 de abril, la lluvia azotó la Región Laguna con fuerza. Calles desbordadas, cables expuestos, una ciudad desordenada por el agua. En medio de ese caos, Daniel recibió una descarga eléctrica que lo dejó gravemente herido.

Fue Juan Erasmo, trabajador de La Ola y amigo de la familia, quien logró rescatarlo de morir entre las llamas. Un acto urgente, arriesgado, en medio del peligro.

Pero las quemaduras ya habían hecho lo suyo. Durante once días, Daniel luchó. Se aferró, como lo hacía en la vida. Pero su cuerpo no resistió.

Recorrido final por la ciudad

Este jueves, bajo el sol inclemente, la despedida fue multitudinaria.

Los taxis avanzaron lentamente, como si el tiempo también decidiera bajar la velocidad. Cada unidad llevaba más que un conductor: llevaba historias compartidas, jornadas largas, charlas de esquina, solidaridad de calle.

La banda sinaloense no dejaba que el silencio se instalara por completo. Era una despedida distinta, sí, pero profundamente fiel a lo que fue Daniel: alguien que generaba vida a su alrededor.

El calor no detuvo a nadie. Al contrario, parecía acompañar la intensidad del momento. Lágrimas que se confundían con el sudor, manos que no soltaban otras manos.

En el trayecto hacia su descanso eterno, la ciudad miró pasar la caravana.

Daniel deja más que un nombre. Deja su forma de ser: siempre dispuesto, siempre cercano. Deja esa sonrisa que muchos recuerdan sin esfuerzo. Deja la huella de alguien que entendía el oficio y la vida como una oportunidad para ayudar.

A Daniel Luján Molina lo despidieron entre banda, motores y un sol que no dio tregua, llantos que resonaron en el silencio y un recuerdo que siempre vivirá.

e&d

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Alejandro Castañeda Alvarado
  • Alejandro Castañeda Alvarado
  • Reportero de a pie; egresado de Ciencias de la Comunicación de la FCPyS -UAdeC. Criado entre La Laguna y Zacatecas; hincha de Santos, músico frustrado y contador de historias desde la trinchera del periodismo.
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