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  • Antes de Semana Santa: Tamiahua limpia su mar de hidrocarburos contrarreloj para salvar la temporada

El derrame de hidrocarburo sigue amenazando especies en playas de Veracruz. | Foto: Alfredo López

Desde temprano, pobladores se reúnen con palas y guantes para recoger el chapopote, pues la pesca y el turismo son clave para sostener la economía del lugar.

A las 8:00 horas, cuando el sol apenas empieza a caer sobre la arena, ya hay manos trabajando. No son sólo brigadas de la Marina ni cuadrillas del ayuntamiento, son pescadores, lancheros, mujeres de palapa, jóvenes con guantes quirúrgicos de látex o de ferretería y palas. 

Es la propia comunidad de Tamiahua, en el norte de Veracruz, la que limpia sus playas, porque el mar —ese mismo que les da de comer— amaneció manchado el 18 de marzo.

El derrame no llegó con alarma. Llegó en silencio. Primero fueron pequeñas gotas, manchas dispersas, residuos que parecían ajenos; después, la certeza: chapopote espeso, negro, pegajoso. 

Hoy ya casi no es líquido. “Parece plastilina”, dicen. Se levanta con las manos, con palas, con lo que haya; se guarda en bolsas negras que después se llevan en camiones oficiales como si fuera basura común. Pero no lo es.

A más de 330 kilómetros de la Refinería Olmeca, en Dos Bocas, Tabasco, la distancia no fue suficiente, el petróleo llegó. Y lo hizo en el peor momento: a días de Semana Santa. 

Tamiahua no es sólo una playa, es una economía entera sostenida por el agua para los 21 mil de sus habitantes. Más del 80 por ciento de su actividad depende de la pesca; el resto —agricultura, ganadería, comercio— gira alrededor de ella, y el turismo, ese ingreso que equilibra el año, hoy comienza a desmoronarse.

Cancelaciones de turistas impactan en la economía

Las llamadas ahora ya no son para reservar. Son para cancelar. —“¿Sí está limpia la playa?” —“¿Es seguro ir a la Isla de Lobos?” Preguntan. Dudan. Y luego se van.

Aunque la comunidad explique que está limpiando, que hay apoyo de la Marina y trabajan desde temprano y durante todo el día para rescatar la playa y su temporada, las imágenes que circulan pesan más sobre sus palabras y súplicas

Y con cada cancelación no sólo se pierde un viaje, también la inversión, el crédito solicitado y la temporada, la principal de todo el año.

Autoridades limpian charcos de hidrocarburo en grandes cantidades.
La contaminación ha impactado la actividad turística. | Alfredo López

Solidaridad se extiende en las redes sociales

La escena se repite todos los días. Desde las 8:00, hombres y mujeres recorren la playa. Lo sólido se recoge con las manos; lo líquido, con palas. Hay urgencia, porque sin turistas no hay ingresos y sin pesca, no hay futuro.

“Dependemos todos: los de las palapas, los hoteles, hasta las tiendas”, dice Alfredo López, conocido como Alfredo Mochileano, quien lanzó una convocatoria en redes sociales.
Más de 100 mil personas la vieron y casi 10 mil le dieron like en Facebook. Y han respondido a esta convocatoria en la que comienza explicando: “El derrame de hidrocarburos no sólo es un problema de las autoridades, es una amenaza directa que atenta contra la vida, la salud y nuestro sustento de cientos de familias. El ecosistema de nuestra madre Laguna está en riesgo crítico”.

Desde la Ciudad de México comenzaron a llegar mensajes: —“Queremos ir a ayudar. ¿Dónde hace falta?” La solidaridad viaja por carretera.

Fauna, amenazada por manchas de chapopote

En medio de las limpiezas a las playas de Tamiahua, Alfredo encontró un pájaro; no se movía y tenía las alas pegadas al cuerpo, el pecho y las patas cubiertas por una capa negra, fresca y adherente, como resistol. Cuando lo levantó, estaba pegado al suelo.

Lo despegaron con cuidado. Junto con una experta de ecología del municipio, limpiaron su pico para evitar que tragara petróleo. Después, con aceite vegetal, jabón y un cepillo de dientes, comenzaron a retirar el chapopote. Primero un ala. El ave intentó volar. Luego la otra. La dejaron en una caja; le dieron arroz y agua. Pero el pájaro se apagó un par de días después. Se deprimió, dicen. Dejó de comer y murió.

“Sentí bonito rescatarlo… pero muy triste que no sobreviviera sin poder volar”, lamenta Alfredo.

Elementos sanitarios limpian derrame de hidrocarburo en playas de Veracruz.
Las comunidades se organizan para limpiar todas las mañanas. | Foto: Alfredo López

Continúan labores para proteger el sustento de familias

Lo que ocurre en Tamiahua no es sólo limpieza. Es contención de un desastre. La laguna —un ecosistema de más de mil 400 kilómetros cuadrados protegido internacionalmente como sitio Ramsar— sostiene a decenas de especies y a comunidades que han vivido del mar durante generaciones. Hoy, ese equilibrio está en riesgo.

De acuerdo con Greenpeace, la mancha de hidrocarburos ya se ha extendido a lo largo de 630 kilómetros del litoral del Golfo de México. Hay al menos 26 sitios sin atención; en nueve, la limpieza la realizan únicamente las comunidades.

Tamiahua es uno de ellos. Aquí hay apoyo de la Marina y del ayuntamiento. Pero no alcanza.

Petróleos Mexicanos (Pemex) informó el 17 de marzo sobre un incendio en instalaciones de almacenamiento en la Refinería Olmeca, en Paraíso, Tabasco. Aseguró que fue controlado y no hubo afectaciones operativas.

En Tamiahua, las explicaciones gubernamentales no bastan para contener una crisis en la que ven que el turismo se va. Es trabajo que desaparece.

Autoridades sanitarias limpian grandes charcos de combustible liquido en Veracruz
Hay al menos 26 sitios contaminados que no han sido atendidos. | Foto: Alfredo López

Al caer la tarde, las bolsas se acumulan. Los brazos duelen. El mar sigue ahí. Y al día siguiente, a las 8:00, vuelven. Porque en Tamiahua, hoy, la resistencia tiene forma de pala, de guante, de manos negras y de una comunidad que limpia contrarreloj. No sólo para salvar su playa, sino para salvar su vida y los sustentos de sus familias.


ksh

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Claudia Solera
  • Claudia Solera
  • Periodista de investigaciones especiales desde hace 16 años en medios nacionales e internacionales. Premio Roche 2020 de Periodismo en Salud. Periodista por la Universidad de los Andes de Colombia.
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