Tamaulipas enfrenta un estrés hídrico alto, de acuerdo con la plataforma Aqueduct 4.0 del World Resources Institute (WRI), organismo internacional que analiza la disponibilidad, uso y riesgo del agua a nivel global, a partir de modelos y datos actualizados.
En abril de 2026, la entidad utiliza entre 40% y más del 80% de sus reservas de agua renovables en las diversas regiones, un rango que el WRI clasifica como estrés hídrico alto en promedio. Ambientalistas advierten que la situación se agrava durante el estiaje, cuando las lluvias son mínimas o inexistentes.
Sequía podría prolongarse más de lo habitual
“Aunque el calendario marca el fin del estiaje hacia junio, la sequía en Tamaulipas anticipa un escenario más prolongado y las primeras lluvias no implicarán una recuperación inmediata de presas y lagunas”, señaló Roque Montiel Lozano, activista de Ciudadanos Conscientes en Acción por México.
Norte de Tamaulipas, en niveles críticos
Nuevo Laredo presenta estrés hídrico extremadamente alto (más del 80%), mientras otras ciudades del norte del estado como Matamoros, Reynosa y Río Bravo se ubican en niveles altos (40% a 80%).
En el centro-sur, Ciudad Victoria, El Mante y Altamira comparten esa misma clasificación alta. En contraste, Tampico y Ciudad Madero registran niveles de medio a alto (20% a 40%).
¿Cómo se mide el estrés hídrico?
El WRI calcula el estrés hídrico a partir de la relación entre la demanda total de agua (doméstica, industrial, agrícola y ganadera) y las reservas disponibles. Cuando la demanda supera la existencia o se deteriora la calidad del recurso, el nivel de estrés aumenta.
“Esto se puede deber a la escasez, mala gestión y sobre explotación de los cuerpos de agua”, señala el organismo World Resources Institute en su información disponible al público.
Este indicador está alineado con el Objetivo 6.4.2 de la ONU, que mide el nivel de estrés hídrico y advierte sobre la urgencia de usar el agua de forma eficiente para evitar que más población enfrente escasez.
Problema estructural en el norte del país
Roque Montiel explicó que, aunque a nivel nacional la sequía se ha reducido respecto a años anteriores, el norte del país -particularmente Tamaulipas- muestra señales de deterioro.
“Las lluvias aisladas en aquella zona no han sido suficientes para revertir el déficit hídrico, y la presión sobre presas y sistemas lagunarios en todo el estado sigue en aumento. El problema ya no es solo climático, es estructural, porque incluso en años con mejor precipitación, la disponibilidad de agua no logra recuperarse al mismo ritmo que la demanda”, expuso.
El especialista advirtió que la sequía ya no se mide solo en falta de lluvia, sino en la incapacidad del sistema para sostenerse incluso cuando llueve.
SJHN