M+.- Las profundas cavernas del sistema Cuetzalan se convirtieron nuevamente en el epicentro de las noticias nacionales e internacionales, luego de que el pasado 7 de julio de 2026 una familia quedara atrapada en la gruta Chichicazapan, uno de los destinos de aventura ubicado a pocos kilómetros de Cuetzalan, el primero de los 12 Pueblos Mágicos de Puebla.
Famosa por albergar formaciones de estalactitas, bóvedas de gran altura y un río subterráneo activo, esta cavidad se ha consolidado como un atractivo de dificultad intermedia para el turismo de exploración. No obstante, no es la única de la región, considerada el sistema de cuevas semihúmedas más grande de Latinoamérica, de acuerdo con la Asociación Mexicana de Estudios Espeleológicos.
No es la primera vez que la geografía poblana capta la atención del mundo. Al menos dos expediciones espeleológicas internacionales colocaron a México en medio de conflictos que trascendieron el simple rescate de aventureros para convertirse en asuntos de geopolítica.
Ingleses terminan deportados
Fue en marzo de 2004 cuando los ojos del mundo se posaron sobre la Sierra Nororiental, luego de que un grupo de espeleólogos provenientes de Inglaterra, cuatro de ellos militares, quedara atrapado en la cueva de Alpazat, en Cuetzalan.
Aunque en aquel entonces la información fluyó a cuentagotas, se supo que los extranjeros ingresaron a la cueva para realizar una exploración planeada de 36 horas; sin embargo, lluvias inusuales e intensas inundaron los conductos de salida y los dejaron atrapados en una cámara seca, a unos 90 metros bajo tierra.
Pese a que ingresaron a México con visa de turista, resultó sospechoso que fueran miembros en activo del Ejército británico e integrantes de la Combined Services Caving Association, lo que provocó rumores de que buscaban uranio o realizaban misiones secretas, aunque ellos siempre sostuvieron que se trataba de un viaje exclusivamente recreativo.
El grupo permaneció cerca de ocho días atrapado en la cueva, pues se negaba a ser rescatado por Protección Civil o el Ejército Mexicano. En cambio, exigió que buzos británicos especializados, enviados por el Ministerio de Defensa del Reino Unido, cruzaran el continente para sacarlos de los túneles inundados.
Las autoridades de la Secretaría de Gobernación del gobierno federal, encabezado entonces por Vicente Fox Quesada, determinaron que los ingleses no estaban de paseo, sino que realizaban actividades de investigación científica y cartografía, labores prohibidas bajo la categoría migratoria de turismo, por lo que debieron solicitar un permiso especial ante las instancias correspondientes.
En cuanto fueron rescatados, Chris Mitchel, Jonathan Sims, Charles Milton, Simon Cornhill, John Roe y Toby Hamnett fueron expulsados del país por agentes del Instituto Nacional de Migración, quienes ya los esperaban a las afueras de la cueva y se los llevaron en cuanto el personal médico determinó que se encontraban sanos y salvos.
Tras ser trasladados bajo custodia a la Ciudad de México, tuvieron que responder a un interrogatorio en el que, además, se les hizo saber que habían cometido una infracción al realizar actividades que no correspondían a su visado, pues ningún militar extranjero puede efectuar trabajos de cartografía en territorio nacional.
Vale la pena recordar el tenso clima internacional de marzo de 2004. La invasión a Irak por parte de la coalición encabezada por Estados Unidos y el Reino Unido había comenzado apenas un año antes, en 2003, bajo la polémica y falsa premisa de que Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva, especialmente uranio y armas químicas.
La desconfianza hacia los británicos se encontraba en uno de sus puntos más altos debido a un escándalo de espionaje real en las Naciones Unidas que había estallado apenas unas semanas antes del incidente en Cuetzalan, en febrero de 2004.
Fue Clare Short, exministra de Desarrollo Internacional del Reino Unido, quien reveló públicamente que los servicios de inteligencia británicos (MI6) habían estado espiando y grabando las conversaciones de Kofi Annan, entonces secretario general de la ONU, así como de varios integrantes del Consejo de Seguridad, del que México formaba parte, previo a la escalada del conflicto en Medio Oriente.
Franceses ponen nuevamente a prueba la soberanía
Como si se tratara de un guion repetido, cuatro años después del incidente con los militares británicos en la cueva de Alpazat, en Cuetzalan, la geografía poblana volvió a poner a prueba la soberanía y la paciencia de las autoridades mexicanas.
Esta vez, el escenario se trasladó a la Sierra Negra, específicamente a la gruta de Tlalcomunga, en el municipio de Ajalpan, donde el rescate del joven espeleólogo francés Arthur Meaux Soone volvió a dejar en entredicho la actuación de los cuerpos de rescate nacionales, que fueron criticados por someterse a las exigencias de los expedicionarios extranjeros.
Lejos de integrarse a una coordinación institucional, los rescatistas galos asumieron el control absoluto de la operación: decidían quién entraba y salía de la cavidad, controlaban los accesos al campamento compartido con los rescatistas mexicanos y, de manera tajante, impusieron una estricta veda informativa sobre lo que podía o no comunicarse a los medios de comunicación.
Trascendió que el bloqueo informativo fue una exigencia directa del padre de la víctima, Guy Meaux Soone, molesto porque un medio local publicó que no era la primera ocasión en que su hijo sufría un percance similar al ocurrido el miércoles 23 de enero, día en que quedó atrapado tras un derrumbe.
La consigna del silencio se aplicó con rigor. El viernes, cuando un espeleólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) intentó explicar a los periodistas la situación real del rescate, Jesús Lucio Herrera, delegado del Sistema Estatal de Protección Civil en la región, intervino de inmediato y retiró al universitario del lugar bajo el argumento de que estaba prohibido hablar con los medios.
No obstante, la actuación de Herrera reflejó la tensión que rodeaba el operativo. Se atestiguó cómo Guy Meaux Soone manoteó y gritó en varias ocasiones, alcanzando el momento de mayor confrontación cuando el funcionario mexicano le notificó la imposibilidad de enviar un helicóptero a la zona debido al enorme riesgo que implicaba el vuelo.
Al igual que ocurrió en marzo de 2004 con el contingente del Reino Unido, la zona del rescate fue delimitada de manera estricta. El acceso quedó restringido para cualquier ciudadano mexicano, con la excepción de algunas mujeres de la región, quienes fueron trasladadas hasta el sitio con el único propósito de preparar los alimentos para los rescatistas franceses.
Odisea técnica bajo tierra
Tras una jornada extenuante, el desenlace llegó a las 5:25 horas del sábado. El rescate concluyó al filo de las 6:00 horas gracias a la participación conjunta de especialistas de Puebla, Veracruz y el entonces Distrito Federal.
El despliegue humano fue masivo: más de 70 personas participaron en el operativo, aunque sólo un selecto grupo de 22 rescatistas se internó en la gruta. La labor fue descrita como "laboriosa y cansada" por Luis Manuel Arellano, representante del Grupo de Protección Civil del estado de Veracruz, quien acudió al llamado junto con 12 espeleólogos de su entidad.
Para garantizar la seguridad en una cavidad catalogada como "activa" —es decir, propensa a movimientos y resonancias que amenazaban con provocar nuevos colapsos—, el equipo aseguró de manera ininterrumpida la ruta mediante la colocación de herramientas conocidas como spits, plaquetas y pasamanos.
Afortunadamente para el joven francés, un médico montañista de la UNAM logró ingresar antes que el resto de los rescatistas para estabilizarlo en un punto seco y reducir los riesgos derivados de la prolongada exposición a la humedad de la cueva.
De acuerdo con los reportes, el accidente ocurrió durante el descenso, cuando un movimiento natural de la roca rompió la cuerda de Arthur Meaux, provocando una caída de cuatro metros y el posterior impacto de un bloque de granito sobre su cuerpo. El diagnóstico inicial confirmó fracturas de tobillo y rótula, además de varios esguinces.
Extraer al espeleólogo implicó superar una compleja ruta de 480 metros hacia el interior de la gruta. El trayecto obligó a los rescatistas a recorrer un tramo inicial de 150 metros desde el sitio donde yacía el lesionado, avanzar por una bóveda de otros 150 metros y cruzar un sifón de 90 metros.
Posteriormente, el desafío se concentró en una especie de laberinto de 60 metros, tan estrecho que obligó al personal a cincelar las paredes de roca para abrir paso a la camilla. La odisea concluyó con la superación de tres escalones verticales de 20 metros cada uno.
Diplomacia y gratitud
En el exterior de la caverna aguardaba una treintena de personas. El grupo estaba conformado por paramédicos de la Cruz Roja, integrantes de Protección Civil, elementos de Seguridad Pública y personal auxiliar.
Tras ser valorado por un médico especialista en urgencias, Arthur Meaux fue ingresado a las 8:30 horas al Hospital Integral de Coxcatlán. No obstante, por instrucciones directas del gobierno del estado, se determinó su traslado inmediato vía aérea a la capital poblana para ser sometido a una revisión exhaustiva por especialistas en traumatología.
El episodio concluyó en el terreno diplomático. Durante una conferencia de prensa celebrada en la capital poblana, la cónsul de Francia en la entidad, Ofelia Cervantes Villagómez, acompañada por el secretario técnico del Consejo Estatal de Seguridad Pública, Alejandro Fernández Soto, expresó un agradecimiento formal a las autoridades estatales por el éxito del operativo.
Arthur Meaux Soone formaba parte de una expedición integrada por otras cinco personas que, a diferencia de él, lograron salir de la gruta por su propio pie y en condiciones favorables de salud. Se trataba de Guy Meaux Soone, de 61 años; Stephane Villard-Girard, de 43; Iván Pringard, de 38; Géraldine Sauzeat-Rieux, de 39, y Gaël Honnegger, de 22 años de edad.
AH
