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La fiesta que mutila: una explosiva tradición de carnaval le arrebató los brazos al pequeño Gabriel; le quitó un ojo y le dañó un testículo a otro par de niños

Gabriel perdió sus brazos a los 10 años; hoy, a los 14, vive en el olvido de una tradición en San Juan de la Vega que este 2026 volvió a dejar heridos y daños por explosiones.

A sus 10 años, Gabriel Grimaldo Acosta jamás imaginó perder ambas manos y brazos. Para él sería un juego, una travesura más. Iba a imitar lo que hacían los adultos y participar, una vez más, en el carnaval de San Juan de la Vega, una festividad que se distingue por hacer estallar petardos. Ese día terminó en tragedia y marcó su vida para siempre.

Gabriel era solo un niño cuando se sumó a la tradición de su comunidad. Manipulaba un petardo, como lo hacían otros menores de su edad y adultos. En cuestión de segundos y por un error, la carga explotó, se relató a MILENIO.

Hoy, con 14 años, vive sin brazos, sin estudiar y con prótesis que ya no utiliza. Está creciendo y las prótesis metálicas ya no le quedan; requieren renovación constante para poder usarlas.

MILENIO en entrevista, retoma su historia, la cual no es una excepción: es el punto más extremo de una cadena de riesgos que cada año se repite el martes de carnaval en San Juan de la Vega, comunidad del municipio de Celaya, Guanajuato.

Peligro hecho en casa

En el carnaval de San Juan de la Vega, los petardos se elaboran de manera artesanal dentro de viviendas de la propia comunidad, sin supervisión ni medidas formales de seguridad.

Su fabricación consiste en mezclar clorato de potasio y azufre —materiales altamente reactivos— que se muelen y compactan manualmente, generalmente con las manos, hasta formar una carga explosiva cuya cantidad varía según el tamaño deseado.

La mezcla se envuelve en bolsas de plástico o papel, se almacena en cuartos o patios y, el día del carnaval, se detona a golpes: el petardo se coloca sobre elementos sólidos, comúnmente trozos de acero o pedazos de vía férrea, y se hace estallar al ser impactado con un mazo o martillo que se levanta por los aires, lo que provoca una explosión cuyo principal riesgo no solo es el estallido, sino la proyección de fragmentos sólidos a gran velocidad.

Las manos de una mujer que vive en Celaya muestran el resultado final del procedimiento para fabricar pirotecnia.
La pirotecnia es elaborada por la gente de la propia comunidad de San Juan de la Vega | Dany Béjar

El petardo que no explotó… hasta que explotó

El joven recuerda que aquella noche de carnaval, en febrero de 2022, se encontraba cerca de su familia cuando observó a otros jóvenes detonar petardos, una práctica común durante la festividad.

Acompañado de su abuela, María Concepción Acosta, relata que el explosivo no detonó al primer intento. Gabriel creyó que no había funcionado y volvió a manipularlo.

“Dice mi niño que él lo echó y no tronó”, explica doña María.

“Luego dice él: ‘Yo me levanté, lo que hice así —manipularlo— con las manos, y pues el trueno ya estaba caliente. Fue cuando tronó’”.

La detonación fue inmediata. El estallido alcanzó no solo a Gabriel, sino a otros menores que se encontraban cerca. Fragmentos del explosivo salieron proyectados y causaron más lesiones.

La explosión también alcanzó a sus primos

Ese momento sigue grabado en la memoria de doña María y de Gabriel. Tras la explosión, recuerda: 

“Un dedito de mi niño se le clavó a otro niño aquí en la panza —apunta—, a un sobrino casi de la misma edad. A otro sobrinito se le voló su ojito y a otro le dañó un testículo”.

La abuela recuerda con precisión que, al fallar la explosión inicial, su nieto tomó nuevamente el petardo. La mezcla ya estaba caliente y reaccionó al momento de presionarla con las manos.

Gabriel cayó al suelo. Los gritos alertaron a la familia.

“Nomás oía que decía su primo: ‘Ayuden, auxilien a Gabriel, ya se le volaron las manos’”, relató.

Traslado de emergencia y coma

El traslado fue inmediato. No esperaron a que llegara una ambulancia. Primero fue llevado a un hospital de la zona y después trasladado a León, donde permaneció varios días en coma.

“Ya nomás le estaban colgando sus cueritos de sus manos”, relató su abuela, con gesto de horror.

Durante el traslado, la madre del menor colapsó.

“Mi hija no aguantó. Se desmayó. Se fue corriendo… como que perdió el control”, recuerda.

No usa sus prótesis porque ya no le quedan

Gabriel sobrevivió, pero perdió ambas manos y brazos. Hoy tiene 14 años. En noviembre de 2025 regresó de Estados Unidos, a donde fue llevado para recibir atención médica y apoyo.

Cuenta con prótesis para ambas extremidades, aunque actualmente no las utiliza.

“Las prótesis ya no me quedaban”, dice mientras observa sus antebrazos.

Cursó hasta quinto grado de primaria durante su estancia en México, pero actualmente no estudia. Pasa sus días cuidando tres gallos y dice que le gustaría dedicarse a la ganadería.

Al recordar el accidente, lo resume en una frase: “Nada más lo apachurré con mis manos y tronó”.

Apoyos insuficientes

Tras el accidente, la familia recibió apoyo de vecinos y personas de la comunidad, principalmente para cubrir gastos médicos.

“Le doy gracias a Dios que los vecinos me apoyaron mucho”, dice su abuela.

Sin embargo, las necesidades continúan.

“Si pueden apoyarlo con sus prótesis y con un apoyo que le diera el gobierno, una pensión”, solicita la señora.

Un carnaval que sigue dejando heridos

En el carnaval de este año, celebrado el martes 17 de febrero de 2026, otro joven resultó lesionado tras la detonación de un petardo en San Juan de la Vega.

Rosalba Coronilla Guerrero, madre del lesionado, relató que su hijo sufrió una herida abierta en la cabeza que requirió atención médica inmediata.

“Se echó un trueno y se le zafó el marro; fue el que le pegó en la cabeza. Le dieron 11 puntadas”, aseguró.

El joven tiene 18 años y se dedica al trabajo en el campo. No es la primera vez que resulta herido durante el carnaval.

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En el carnaval de este año, otro joven sufrió un accidente que le dejo una herida abierta en la cabeza | Dany Béjar

Cómo se fabrican los petardos

Un petardo solo requiere clorato de potasio y azufre. Habitantes de la comunidad señalan que el material se compra dentro del propio poblado, se vende por kilo —alrededor de 100 pesos— y se entrega sin embalaje ni instrucciones.

La fabricación se realiza en viviendas: cuartos, patios o espacios improvisados. No hay medidas de seguridad ni zonas designadas.

“Se va moliendo con las manos”, explica Ernesto, quien ha participado en la elaboración.

El calor, la fricción y la presión manual incrementan el riesgo de detonación accidental.

Petardos de hasta cuatro kilos de pólvora

Antes se fabricaban en tamaños pequeños. Hoy se elaboran en bolsas de plástico con cargas que van de medio kilo hasta cuatro kilos de pólvora.

La detonación se realiza a golpes, generalmente con mazo o martillo. El daño no proviene solo del estallido, sino de los fragmentos sólidos que salen proyectados.

Explosión en estación de bomberos

Dos días después del carnaval, una explosión ocurrió en la estación de bomberos, originada por material pirotécnico decomisado durante los operativos, informó el director de Protección Civil y Bomberos, Salomón Ocampo Mendoza.

El decomiso fue de aproximadamente 90 kilogramos de material. “Esta mezcla es inestable”, explicó Ocampo.

“Pensé que había caído una bomba”

Esta explosión en la estación de bomberos dejó daños en 12 inmuebles y 14 vehículos. Vecinos relataron el impacto.

“Pensé que había caído una bomba o un avión”, dijo Enrique Moreno, encargado de una bodega cercana.

Aunque no hubo víctimas fatales, el estruendo volvió a exhibir los riesgos de una tradición que, año con año, sigue cobrando víctimas.

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Vehículos dañados por un explosión ocurrida a partir de la pirotecnia confiscada del festival | Dany Béjar

AH

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Christian Ortiz
  • Christian Ortiz
  • Reportero en Milenio desde 2023. Licenciado en Psicología y originario de León, Guanajuato. Mis temas de interés son: arte, sociales, activismo y política.
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