Los Centros de Rehabilitación contra las Adicciones que operan en las zonas limítrofes entre Michoacán y Jalisco se han convertido en cárceles para las personas que se niegan a trabajar para el crimen organizado.
Los pobladores de estas zonas han sido obligados a formar parte de las filas del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el Cártel de Los Reyes, provocando el desplazamiento forzado de familias tanto de Michoacán como de Jalisco, al quedar en medio de los enfrentamientos.
Los alimentaban con verduras podridas
En entrevista para MILENIO, una víctima dijo que estuvo privada de su libertad por 23 días en un centro de rehabilitación, pese a no sufrir algún problema de adicciones. Llegó ahí porque se negó a proporcionar información al Cártel de Los Reyes sobre personas que afirmó no conocía.
"Yo estaba sentado allí en una silla en el patio y de allí llegaron y de allí me levantaron. Y de allí nos llevaron al CREA (Centro de Rehabilitación contra las Adicciones). Entonces, estábamos privados de la libertad, que no teníamos acceso a visita, no teníamos (derecho) a que nadie nos visitara, que no nos llevaran ni siquiera pa' un chicle", comentó.
En este CREA, ubicado en el municipio de Buenavista, llegó con su hijo que sufre de discapacidad y, previamente, había sido golpeado en presencia de su madre.
La víctima, que ronda los 60 años, aseguró que en este lugar había otras 300 personas, incluyendo gente de otros estados y menores de edad.
"Había chamaquitos hasta de 14 años. Inclusive, cayeron unos, una pareja de allá de México, del Estado de México. Nos daban de comer puras cosas podridas, puras manzanas, plátanos, jitomates, lechugas, zanahorias, peras, pepinos, jícamas, pero todo podrido", recordó.
Extorsionaron a familias para comprar insumos
Además de la privación de su libertad, también sufrían de agresiones físicas por el personal que trabajaba en este CREA. Según dijo, los tenían amarrados con cables a un colchón, con el cual también eran golpeados. Tan solo en los 23 días que estuvo recluido en este centro "me pusieron 16 fregadazos en todo el cuerpo", dijo.
Mientras, por fuera, las familias experimentaban la extorsión, pues les exigían un pago para garantizar la vida de sus esposos e hijos y también, lograr su liberación. La pareja de este adulto recordó que desembolsó cerca de 25 mil pesos para insumos que nunca le llegaron a sus familiares.
"No me querían dejar verlos porque me pedían mucho dinero y yo les decía: '¿Cómo les voy a dar dinero si ni siquiera los veo?' Denme chance de verlos así de pasadita y sí les doy...' Me sacaron como unos 25 (mil pesos) porque ocupaban cosas para ellos. Yo les llevé toallas, jabón, pasta de dientes y nada les dieron a ellos, nada, nada les dieron", sostuvo la mujer.
Un operativo por fuerzas federales durante un fin de semana permitió su liberación, pero lo obligó a huir de sus tierras, de su estado. Encontró refugio del otro lado, en Jalisco, en un rancho donde trabaja, y le fue proporcionado un cuarto que habita junto con su esposa e hijo.
Presencia criminal provoca desplazamiento de pobladores
El caso de esta familia no es el único, pues incluso cruzando el territorio michoacano, otros pobladores han sufrido el yugo de este grupo criminal.
Un desplazado de La Loma, en Jalisco, compartió a MILENIO cómo fue abandonar su rancho en cuestión de horas, luego de que en una mañana llegaron varios hombres armados a bordo de camionetas, quienes los amenazaron de muerte.
Según dijo, se presentaron como gente de Luis Enrique Barragán, El Güicho, y Alfonso Fernández Magallón, El Poncho, por quienes el gobierno de Estados Unidos ofrece una recompensa de tres y cinco millones de dólares, respectivamente.
"Nosotros estábamos en el rancho ordeñando, nos cayeron como unas cinco o seis camionetas llenas de gente armada y nomás nos dijeron que teníamos tres horas para salir de nuestro rancho, y no pudimos sacar nada y todos se robaron. Nos dijeron que 'si no se salen en tres horas los vamos a matar a todos'", contó.
A partir de entonces, iniciaron con un peregrinar por varios puntos de Jalisco, tratando de encontrar en dónde instalarse. Pese a las denuncias interpuestas ante las autoridades estatales y los operativos en la zona, no han podido regresar a su comunidad.
Se expanden con uso de explosivos
La guerra entre el Cártel Jalisco y el Cártel de Los Reyes se ha intensificado en los últimos años, donde además de los enfrentamientos armados, se han valido también del uso de explosivos, ya sea lanzándolos desde dispositivos no tripulados, sembrándolos en caminos de terracería o activándolos a distancia.
El caso más reciente se remonta al 20 de marzo, cuando se registró una explosión en el estacionamiento de un palenque clandestino de Los Reyes donde se encontraba El Güicho, y tuvo que ser trasladado a un hospital de Tepalcatepec.
La autoridad estatal aseguró que la explosión se trató de una fuga de gas, mientras que otros reportes indican que pudo ser un ataque con explosivos activado a distancia presuntamente por gente de Santiago Quintero Magallón, El Maguey, jefe de plaza del CJNG en Buenavista.
El Güicho, a través de grupos de WhatsApp, confirmó los hechos: "No te alegres Maguey, no te alegres (...) la guerra se gana con balazos", decía en aquel audio.
A la par, del lado de Cipoco, en Jalisco, se ha reportado la existencia de campamentos clandestinos por parte del cártel de las cuatro letras en un intento por detener el avance del grupo enemigo y ganar más territorio.
Imágenes obtenidas desde un dron por MILENIO dan cuenta de la existencia de hombres armados y portando vestimenta táctica, deambulando por la sierra, sin que ninguna autoridad intervenga.
ksh