A sus 27 años, Nahanie Okiwa López Uribe es un ejemplo de perseverancia y pasión por la aviación. Nació en el ejido San Marcos, municipio de San Pedro, Coahuila, y a pesar de contar con pocos recursos económicos en su familia, su sueño de ser piloto aviador nunca quedó en el olvido. Luego de enfrentarse a varios obstáculos, cumplió su meta.
Desde pequeña sintió una gran curiosidad por el cielo y el universo, pero fue a los 13 años cuando su vida cambió al subir por primera vez a un avión.
“Recuerdo que lloré de la emoción. Fue una sensación que hasta la fecha no puedo explicar, movió algo dentro de mí. Desde ese momento, la aviación se convirtió en mi sueño y meta diaria”, relata.
En entrevista para MILENIO Lagua, recuerda que el recorrido no fue sencillo. Proveniente de una familia con recursos económicos limitados, no podían costear la carrera de piloto, entonces decidió estudiar Ingeniería en Tecnología Ambiental en la Universidad Politécnica de Piedras Negras, lo que le dio oportunidades laborales.
Un sueño que sigue en pie
Mujer resiliente, fuerte y estratégica, a pesar de las dificultades económicas, ahorró y se mudó a San Luis Potosí para estudiar Sobrecargo, pero al ofrecerle trabajo en León, Guanajuato mejor pagado, combinó lo laboral con la escuela.
“Estaba un poco resignada que tal vez me quedaría de sobrecargo, no me molestaba, pero el sueño era ser piloto, y antes de terminar la carrera, la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores de México lanza una convocatoria para una beca para ser piloto dirigida a una mujer de una zona rural para estudiar en Dallas, Texas. Ahí fue cuando todas mis esperanzas volvieron, y el sueño volvía con mayor fuerza”.
Nahanie recuerda que fue un proceso muy largo, tedioso y competitivo en el que participaron más de dos mil niñas. “Pero el 8 de marzo del 2022 me avisan que había ganado, para mí fue un cambio de vida increíble”.
López Uribe señala que durante su estancia en el extranjero sufrió discriminación, “fui la becada, la excluida, pero entendí que es porque somos de una clase social diferente. Lo más fuerte fue la cuestión financiera, en ocasiones dormía en el sillón de un amigo porque no pagaban la renta. En un punto pensé en abandonar todo, pero dije: no me voy a rendir”.
A los 23 años, Nahanie ya era piloto. Poco después, un mentor le abrió las puertas para integrarse a su compañía, iniciando así su carrera volando jets ejecutivos. Para ella, la edad no define el éxito, sino el proceso y la constancia. “He aprendido a ir a mi ritmo, disfrutar el presente y valorar cada experiencia”, afirma.
Un reto más: la brecha de género
Uno de los mayores retos que ha enfrentado es la brecha de género. Al egresar en 2022, solo el 5% de los pilotos en México eran mujeres. Hoy, Nahanie reconoce avances en la inclusión de mujeres en la aviación, no solo como pilotos, también como mecánicas, personal operativo y sobrecargos. No obstante, considera que aún queda camino por recorrer para lograr una verdadera equidad.
En el plano personal, Okiwa es casada y madre de un bebé de año y medio. Para ella, combinar la maternidad y su profesión ha sido un desafío, pero asegura que la clave está en el apoyo mutuo. “He entendido que mis sueños también son los sueños de mi hijo, al final del día, vamos de la mano. Él está totalmente envuelto en la aviación”.
Finalmente, Nahanie Okiwa dice a las niñas y jóvenes que, “defiendan sus sueños, no importa cuáles sean. Enfóquense, tengan disciplina, pasión y humildad. Y a las niñas de comunidades rurales, las invito a expandir su visión, a creer que el mundo es grande y que las oportunidades existen… y si no, hay que crearlas”.
Hoy, Okiwa cuenta con certificaciones para volar LearJet 35 y LearJet 55, además se desempeña como coordinadora de Seguridad y Medio Ambiente en una empresa de construcción en Cleveland, Ohio.
aarp