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Alejandra Larrínaga Grageda: Cuando la pasión se convierte en chocolate

Mientras maternaba a su primer hijo, inició un proceso de autorreflexión que la llevó a usar sus horas de desvelo para experimentar en un arte que la atraía desde que era niña.

En la correcta elaboración de un chocolate auténtico no hay negociación posible. Implica respetar sus orígenes, honrar el trabajo del agricultor y cuidar cada etapa del proceso hasta que llega a las manos del cliente. Esa convicción ha guiado el trabajo de Alejandra Larrínaga Grageda, quien decidió transformar una pasión personal en un proyecto empresarial: Alaia Chocolatier.

Su conexión con el chocolate comenzó en la infancia, mucho antes de imaginarlo como empresa. Disfrutaba crear y experimentar. Con el tiempo, ese interés se volvió una búsqueda deliberada: elegía un producto artesanal, aquel que conserva su esencia, contiene cacao de calidad y refleja en el paladar el cuidado de quien lo produce.

Durante años, aprender a elaborarlo correctamente fue un deseo pendiente. El inicio de su empresa surgió en una etapa decisiva: en las noches de desvelo mientras maternaba a su primer hijo, comenzó a preguntarse qué quería para sí, pensaba en el futuro. Había formado la familia que soñaba, pero necesitaba un proyecto propio.

En esas madrugadas encontró su voz interior: si el tiempo se acabara, su pendiente sería experimentar con chocolate de forma profesional.

Así empezó a practicar. Mientras su bebé dormía, estudiaba recetas, probaba y repetía la fórmula hasta llegar a la exacta, la de más alta calidad.

Las primeras elaboraciones fueron regalos para amigos y familiares. Cada sesión fue aprendizaje, oportunidad para perfeccionar técnica, textura y sabor. “Conforme mejoraba la calidad y aumentaba la demanda, surgió la propuesta de vender”. Entonces nació formalmente Alaia Chocolatier. “Alaia es nombre propio que significa felicidad y alegría, y es lo que me da al momento de trabajar el chocolate”.

En su empresa, el chocolate no es tratado como un simple alimento, sino como un proceso que combina arte, técnica y sensibilidad.

El verdadero chocolate se derrite a la temperatura corporal y genera una experiencia excepcional; sin embargo, gran parte de lo que se comercializa bajo ese nombre contiene otras grasas que alteran su composición; estima que el 90% de lo etiquetado como tal no es chocolate real.

La magia de un ingrediente 

Desde el inicio deja claro que, para ella, “el chocolate no es un producto, sino un arte, una ciencia, una pasión y un lujo”. 

Argumenta que cuando se respetan sus orígenes, es magia en el paladar.

La disciplina y el perfeccionamiento definen su carácter. La estética es parte de su personalidad, y se traslada a cada presentación de Alaia, pensada desde los ingredientes hasta el empaque.

Uno de los principales retos en sus 16 años como fabricante ha sido educar al consumidor. Un chocolate requiere condiciones específicas de temperatura y humedad; no debe colocarse junto a otros aromas porque los absorbe con facilidad. La reacción de quien prueba por primera vez un chocolate real confirma el valor del trabajo bien hecho.

Su mayor aprendizaje como emprendedora ha sido mantener la calidad sin excepción. Para ella, el cliente merece siempre lo mejor y cumplir a cabalidad con el estándar es innegociable.

El crecimiento ha sido orgánico, impulsado por la confianza de quienes apostaron por una propuesta local. Está convencida de que en La Laguna se puede ofrecer la misma calidad que en cualquier parte del mundo: la diferencia está en el cuidado del proceso y la constancia. Actualmente, sus productos se distribuyen en puntos específicos de la región. A futuro, proyecta consolidar el crecimiento, generar más empleos y llegar a más consumidores.

Retos permanentes 

Ser mujer, mamá de tres hijos y empresaria implica retos. Admite que el equilibrio entre vida familiar y profesional requiere organización y una red de apoyo. Sus hijos crecen observando el valor del esfuerzo y la perseverancia, lo cual es gratificante.

Convencida del potencial femenino, dice que las mujeres laguneras pueden alcanzar altas metas cuando hay claridad, disciplina y compromiso. Como si las mirara a los ojos, les anima: “Tú puedes, ¡claro que tú puedes! Si yo puedo, tú puedes”.

aarp

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Gabriela Vázquez
  • Gabriela Vázquez
  • Editora de suplementos en Milenio Laguna. Ha colaborado en secciones de Negocios, Metrópoli y Reportajes Especiales. Egresada de la Universidad Autónoma de Coahuila. Sus temas de interés: educación, salud, tecnología y equidad. Apasionada de las plantas.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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