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  • El Hijo de Dr. Wagner ya reveló su identidad y sólo una persona conoce el misterio: conoce los secretos que guarda un mascarero

  • En Torreón, 'El Hijo del Soberano' mantiene viva la tradición de los mascareros y revela cómo se elaboran las piezas que dan identidad a los luchadores.
Las máscaras en la lucha libre son identidad, misterio, personaje y, en muchos casos, parte de la historia de una familia. | Foto: Rolando Riestra
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M+.- En la lucha libre mexicana, una máscara es mucho más que una pieza de vestuario. Es identidad, misterio, personaje y, en muchos casos, parte de la historia de una familia. Antes de llegar al rostro de un luchador y aparecer bajo las luces de una arena, cada pieza pasa por las manos de un artesano que convierte una idea, un dibujo o incluso una conversación en una máscara única.

En Torreón, esa tradición se mantiene vigente en el taller de El Hijo del Soberano, luchador de la Comarca Lagunera que lleva 25 años sobre el cuadrilátero y desde hace casi dos décadas también se dedica a confeccionar máscaras.

Honor, familia y tradición

Su historia está ligada directamente al pancracio. Proviene de una familia en la que la lucha libre y la costura se han convertido en una herencia.

En entrevista con MILENIO, explicó que su familia está integrada por varios luchadores: su padre, su hermano "Euforia", un sobrino y él mismo. Pero la pasión por fabricar máscaras tiene otro origen: su madre.

“Lo traemos en la sangre gracias a esta herencia que nos está dejando mi mamá en vida. Ella está con nosotros todavía, gracias a Dios”, cuenta.

Su madre era modista y se dedicaba a confeccionar vestidos de novia. De ella, asegura, heredaron “esa pasión, ese amor por la costura, por fabricar”.

En la lucha libre mexicana, una máscara es mucho más que una pieza de vestuario.
Taller de "El Hijo del Soberano", luchador de la Comarca Lagunera. | Foto: Rolando Riestra

Una máscara de juguete fue el principio

El oficio comenzó dentro de la propia familia. Su hermano Euforia" fue quien dio los primeros pasos en la elaboración de máscaras, después de desmontar una pieza de juguete para descubrir cómo estaba fabricada.

“Desarmó una máscara de juguete y empezó a hacer su primera máscara; hizo sus moldes, empezó todo esto”, recuerda.

Después de aprender con su hermano, El Hijo del Soberano recibió los moldes y comenzó a confeccionar sus propias piezas.

“Él me dejó los moldes, me empezó a enseñar y, pues mira, aquí estamos ya con bastantes años en esto”, relata.

Han sido casi dos décadas detrás de las máquinas, las telas y los diseños, un camino que define como largo, pero también muy satisfactorio.

La primera máscara nunca se olvida

Como ocurre con cualquier artesano, la primera pieza ocupa un lugar especial en la memoria. El Hijo del Soberano recuerda perfectamente aquella máscara gris con diseños negros que confeccionó para su propio personaje.

“Esa sí la tengo muy bien grabada. Hice una máscara en color gris con diseños; fue mía, del Soberano, con mis diseños en negro”, recuerda.

En ese entonces todavía utilizaba máquinas domésticas y estaba aprendiendo el oficio con ayuda de su madre.

“Mi mamá me estuvo ayudando: ‘Muévele aquí, muévele ahí’. De repente le pisabas a la máquina”, cuenta entre risas.

El orgullo de fabricar las máscaras de los luchadores que admiró

Con el paso de los años, el taller comenzó a recibir encargos cada vez más importantes. Para un mascarero, fabricar una pieza para un luchador reconocido puede representar uno de los mayores reconocimientos a su trabajo.

Para El Hijo del Soberano, cada máscara tiene un valor especial.

En la lucha libre mexicana, una máscara es mucho más que una pieza de vestuario.
Cada máscara es especial. | Foto: Rolando Riestra
“Fabricar todas las máscaras, tanto para Dr. Wagner —que ahorita estamos a 100 por ciento con el "Hijo de Dr. Wagner"— como para cualquier luchador local o cualquier otro luchador, ha sido muy satisfactorio”, explica.

Sin embargo, hay personajes que tienen un significado diferente.

“En realidad, en cada máscara que fabrico entrego todo mi cariño hacia el trabajo”.

Para quienes se dedican a fabricar máscaras, crear una pieza de ese personaje también representaba una especie de reto.

“Todos los mascareros, pienso yo, que siempre hemos tenido como la espinita de decir: ‘Voy a hacer esa máscara de Dr. Wagner”, comenta.

Con el tiempo, aquella admiración terminó convirtiéndose en trabajo profesional. También recuerda haber confeccionado máscaras para "Máscara Sagrada", personaje que admiraba desde niño y al que llegó a ver luchar cuando acompañaba a su padre.

Un oficio que exige constancia

El Hijo del Soberano reconoce que en La Laguna existen varios mascareros y personas interesadas en aprender el oficio. Sin embargo, considera que la experiencia se adquiere con años de trabajo.

“Hay muchos compañeros que empiezan en esto de fabricar máscaras”, señala.

No considera que sea un trabajo imposible, pero sí uno que requiere dedicación. La evolución tampoco se detiene: para mantenerse vigente es necesario mejorar constantemente los diseños y encontrar nuevas formas de trabajar los materiales.

El taller detrás de la dinastía "Wagner"

Actualmente, uno de los principales trabajos del taller está relacionado con el Hijo de Dr. Wagner y la dinastía Wagner. El acuerdo tiene una particularidad: El Hijo del Soberano fabrica las máscaras, pero la comercialización de los productos oficiales corresponde al propio luchador.

En la lucha libre mexicana, una máscara es mucho más que una pieza de vestuario.
La razón también tiene que ver con una cuestión de lealtad profesional. | Foto: Rolando Riestra

Por ello, cuando un aficionado se acerca para solicitar una máscara oficial de Dr. Wagner, la respuesta es directa:

“Si un aficionado me dice: ‘Oye, ocupo una máscara de Dr. Wagner’, pues va directamente con él”.

La razón también tiene que ver con una cuestión de lealtad profesional. “Es como se dice: no morder la mano de quien te da de comer”.

El trabajo, sin embargo, no se limita a un solo personaje. En su taller también se elaboran piezas para aficionados y luchadores de diferentes estilos. La lista incluye nombres como Bandido, Niebla Roja, en su tiempo Blue Panther, Soberano Jr., Euforia y Dulce Gardenia, además de numerosos luchadores locales y foráneos.

El coleccionismo encuentra un nuevo espacio

El oficio de los mascareros también ha encontrado un nuevo espacio de crecimiento en las redes sociales.

"El Hijo del Soberano" asegura que el coleccionismo de máscaras siempre ha existido, pero actualmente existe un mayor acercamiento entre los aficionados y quienes fabrican las piezas.

Las plataformas digitales permiten que los aficionados conozcan el trabajo de diferentes artesanos y decidan con quién adquirir una máscara.

“Se van enterando gracias a ustedes, los medios, de quién sí trabaja bien y quién no. De ahí surge la recomendación de cada mascarero”.

Una arena sin máscaras no sería lo mismo

A pesar de los cambios en la industria, las máscaras continúan siendo parte esencial de la experiencia de acudir a una función de lucha libre.

Para El Hijo del Soberano, la presencia de vendedores afuera de las arenas es prácticamente parte de la tradición.

“Una arena de lucha libre sin un vendedor de máscaras afuera... la verdad sería algo aburrido”.

La escena es conocida: familias que llegan a la función, niños que observan a los personajes y aficionados que buscan llevarse un recuerdo. Por ello, considera que la venta de máscaras continúa vigente y se mantiene como uno de los elementos característicos de las funciones.

Diseños para cada ocasión

En el taller también se preparan piezas especiales de acuerdo con las fechas y temporadas.

Con el Hijo de Dr. Wagner, por ejemplo, se diseñan máscaras especiales para septiembre, mes de la patria; Día de Muertos, Navidad y otras fechas importantes.

Una de las piezas que muestra durante la entrevista corresponde precisamente a una edición especial para septiembre. El diseño fue creado por él, pero con participación directa del luchador.

El diseño comienza con una idea

El proceso creativo depende de cada cliente. Algunos luchadores llegan con diseños previamente elaborados, mientras otros únicamente tienen una idea general de lo que quieren.

Cuando alguien solicita una máscara, el primer paso es conocer el diseño y calcular el presupuesto.

“Primero, si alguien me pregunta: ‘Oye, ¿cuánto me sale una máscara?’, pregunto: ‘Bueno, ¿tienes diseño?’. Si dicen que sí, me lo envían y sobre eso hacemos el presupuesto”, explica.

La inteligencia artificial también ha comenzado a cambiar esta parte del proceso.

“Ahorita está de moda la inteligencia artificial”.

Sin embargo, una imagen generada digitalmente no necesariamente puede trasladarse de manera exacta a una máscara. Por ello, cuando el luchador no tiene un diseño definido, comienza una conversación para determinar colores, formas, antifaz y otros elementos.

“¿Cómo te gusta la máscara?”, es una de las primeras preguntas.

El cliente puede tener como referencia a otro luchador y solicitar elementos similares, pero sin perder la identidad de su propio personaje. A partir de ahí, el mascarero comienza a construir la propuesta.

“Sobre esa plática voy maquinando todo: cómo será la máscara y ahí es donde les ayudo a hacer el diseño”.

Del láser a la máquina de coser

Actualmente, el taller cuenta con herramientas que permiten agilizar parte del proceso, aunque la elaboración continúa dependiendo de la mano del artesano.

En la lucha libre mexicana, una máscara es mucho más que una pieza de vestuario.
La elaboración continúa dependiendo de la mano del artesano. | Foto: Rolando Riestra

Uno de los trabajadores realiza los cortes mediante una máquina láser; posteriormente, se colocan los diseños sobre las piezas.

“Mi ayudante pega todos los diseños, me entrega la máscara pegada y yo aquí la vuelvo a agarrar y la coso”.

Es un proceso que forma parte de la rutina cotidiana del taller y en el que la tecnología convive con el trabajo manual.

Telas y materiales que llegan de otras regiones

Aunque las máscaras se elaboran en Torreón, buena parte de los materiales utilizados en el taller llegan desde otras regiones. Algunas telas son japonesas y otras provienen de Guadalajara.

“Son tiendas muy seleccionadas donde tienen los materiales de calidad”, explica.

Y es que, contrario a lo que algunos pudieran pensar, los materiales especializados no se encuentran fácilmente en la región.

Los materiales también determinan el costo final de una máscara, ya que existen diferentes calidades, acabados y combinaciones.

La imaginación pone los límites

Una de las características de este oficio es la enorme variedad de estilos que pueden crearse.

Hay máscaras completamente cerradas, modelos clásicos, diseños de corte japonés, piezas con bigotera, boca abierta, cabello y otras modificaciones.

En última instancia, el diseño depende de lo que imagine el cliente. “Ahora sí que es como al cliente se le ocurra”.

El futuro está en las nuevas generaciones

Para El Hijo del Soberano, mantener vivo el oficio también significa enseñar a otros.

Actualmente, en su taller trabaja un joven que lleva algunos meses aprendiendo y colaborando en la elaboración de las piezas.

“Gracias por estar dando trabajo aquí a este compita; ya tiene dos o tres meses conmigo trabajando y la verdad le está echando ganas”.

Pero su mirada está puesta principalmente en sus propios hijos. Tiene cuatro y uno de ellos, particularmente, ha mostrado interés por la lucha libre.

El taller representa para él una manera de construir desde ahora el camino de la siguiente generación. Su deseo es que algún día su hijo pueda decidir continuar con la tradición.

En la lucha libre mexicana, una máscara es mucho más que una pieza de vestuario.
Buscan seguir la tradición familiar. | Foto: Rolando Riestra
“En realidad, todo esto que está aquí es abriéndole su camino para que él, el día de mañana, diga: ‘Quiero seguir con la tradición de las máscaras’”, explicó.

Mientras en las arenas los luchadores defienden sus personajes sobre el cuadrilátero, en Torreón existe otra batalla silenciosa: la de los mascareros que trabajan diariamente para conservar una de las tradiciones más reconocibles de la lucha libre mexicana.

El Hijo del Soberano lo hace desde un taller que nació de una herencia familiar, pero que también busca convertirse en legado para las próximas generaciones.

Cada corte, cada diseño y cada puntada forman parte de una historia que comienza mucho antes de que una máscara llegue al rostro de un luchador y el público, desde las gradas, vuelva a reconocer en ella la identidad de un personaje.

dahh.

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Alejandro Castañeda Alvarado
  • Alejandro Castañeda Alvarado
  • Reportero de a pie; egresado de Ciencias de la Comunicación de la FCPyS -UAdeC. Criado entre La Laguna y Zacatecas; hincha de Santos, músico frustrado y contador de historias desde la trinchera del periodismo.
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