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  • Aquí el frío entra sin tocar la puerta: en 'Cartolandia' familias soportan el invierno refugiados en varias capas de ropa... porque las paredes no existen

Entre capas de ropa, cobijas y solidaridad comunitaria, madres y padres priorizan el abrigo de niñas y niños.| Enrique Torres.

Entre capas de ropa, cobijas y solidaridad comunitaria, madres y padres priorizan el abrigo de niñas y niños, mientras optan por permanecer en sus hogares ante el temor de robos y la falta de alternativas seguras.

A pocos días de concluir el primer mes de 2026, el frío continúa marcando la vida cotidiana en la Comarca Lagunera.

Mientras en buena parte de Torreón los hogares cuentan con calefactores, cobijas térmicas y muros que resguardan del viento helado, MILENIO atestiguó existe otra realidad que obliga a enfrentar las bajas temperaturas con recursos mínimos y resistencia diaria.

Esa realidad se vive en el suroriente de esta ciudad coahuilense, en el asentamiento irregular conocido popularmente como 'Cartolandia', cuyo nombre formal es Fraccionamiento Los Agaves.

Viviendas frágiles frente al frío extremo


En este punto de la ciudad habitan alrededor de 160 familias que levantaron sus viviendas con materiales reciclados: cartón, láminas de aluminio, madera, hules y plásticos.

Son estructuras frágiles que apenas logran contener el viento del desierto, especialmente durante las madrugadas, cuando las temperaturas descienden con mayor intensidad.

Abrigarse con lo indispensable


Para protegerse, los habitantes recurren a estrategias básicas, pero indispensables: varias capas de ropa, múltiples cobijas y el cuidado extremo de los sectores más vulnerables, como niñas, niños y adultos mayores.

Verónica Hernández, vecina del asentamiento, explica que el frío se ha resentido con fuerza durante esta temporada.

“Con lo que tienen, joven, porque sí hay mucha necesidad. Los fríos anteriores se han sentido muy crudos, todos por igual, pero se resiente más en los niños. De hecho, ahorita andan varios enfermos”, comparte.

Madres que priorizan a sus hijos

La precariedad obliga a tomar decisiones difíciles. Azucena Silos, madre de familia, relata cómo prioriza el bienestar de sus hijos aun a costa de su propia comodidad.

“Tenemos niños chiquitos y repercute en ellos. Tengo hijos de siete y diecisiete años. Les pongo hasta tres o cuatro pantaloneras y sudaderas para que no pasen tanto frío porque son criaturas. Prefiero que él duerma calientito y yo estar con el frillazo, porque sí se siente mucho”, dice a MILENIO.

Entre capas de ropa, cobijas y solidaridad comunitaria, madres y padres priorizan el abrigo de niñas y niños, mientras optan por permanecer en sus hogares.
Madre de familia, relata cómo prioriza el bienestar de sus hijos aun a costa de su propia comodidad.| Enrique Torres

Sellar rendijas con lo que haya


Las viviendas presentan rendijas inevitables por donde se filtra el aire helado. Ante ello, los vecinos buscan sellar cualquier abertura con lo que tienen a la mano. Perla Martínez, otra habitante del lugar, describe cómo improvisan barreras contra el frío.

“Con cobijas nos tapamos bien porque sí se siente el frío. Mis hijos ya están grandes, pero tengo nietos, y se les cubre bien su jacal para que no les entre tanto el aire”, señala.

La solidaridad como abrigo


Además del abrigo físico, la comunidad ha encontrado en la solidaridad una forma de resistir. Los propios vecinos organizaron un pequeño comedor comunitario para ofrecer alimentos y bebidas calientes, especialmente a los menores. Verónica Hernández detalla la dinámica diaria.

“En la mañana les dimos gorditas y avena. Aquí les damos café, té, avena, cosas calientes. Es para que los niños estén mejor y no se enfermen tanto”, explica.

Entre capas de ropa, cobijas y solidaridad comunitaria, madres y padres priorizan el abrigo de niñas y niños, mientras optan por permanecer en sus hogares.
La comunidad ha encontrado en la solidaridad una forma de resistir.| Enrique Torres

Protección comunitaria de la infancia


El activista comunitario Andrés Márquez se ha convertido en una figura clave dentro del asentamiento, promoviendo el cuidado colectivo y la protección de la infancia.

“Yo les digo que no quiero ver niños en la calle, que los acuesten, que los abriguen y los manden a la escuela. En el comedor se les da su arrocito con leche y su café calientito. Están muy bien cuidados los niños; tratamos de salvaguardar mucho la integridad física y emocional de los chiquitines”, afirma.

Ir a la escuela pese al frío


Pese a las condiciones adversas, muchas familias han decidido no suspender la asistencia escolar de sus hijos para evitar rezagos académicos. Según los propios padres, los salones, al concentrar a varios estudiantes en espacios reducidos, permiten conservar algo de calor corporal. Sin embargo, esta medida deja de ser viable durante los días de lluvia, cuando los techos improvisados presentan filtraciones que empapan el interior.

Karen Castro, madre de familia, relata que una de las formas más comunes de enfrentar el frío es permanecer juntos.

“El calor humano es lo más importante ahorita. Entre ellos hacen el calorcito de grupo y no nos afecta tanto, pero hay salones que sí tienen carencias y cuando llueve se escurren los jacalitos”, explica.

Entre capas de ropa, cobijas y solidaridad comunitaria, madres y padres priorizan el abrigo de niñas y niños, mientras optan por permanecer en sus hogares.
Muchas familias han decidido no suspender la asistencia escolar de sus hijos para evitar rezagos académicos.| Enrique Torres.

Noches heladas y techos descubiertos


Las noches son el momento más difícil. Entre paredes de cartón o madera y techos de aluminio —en el mejor de los casos— o simplemente plástico, el frío se intensifica. Las pequeñas aberturas permiten el paso constante del viento, haciendo que las cobijas y la ropa resulten insuficientes.

Andrés Márquez señala que la principal necesidad sigue siendo material básico para proteger las viviendas.

“Con hules y cobijas para las familias. Si volteas ahorita, se ve dónde los techos están descubiertos. Cuando hay lluvias, olvídate, es un gotear directo en las cosas personales. Aquí estamos en la lucha; ellos no se van. Yo les he ofrecido refugios y no quieren”, relata.

Recomendaciones oficiales frente a una realidad compleja


Verónica Hernández coincide en que las recomendaciones oficiales se enfrentan a una realidad complicada.

“Hay techos de puro hule que ya se están rompiendo. Hace falta apoyo, aunque sea con lonas. Aquí nos recomiendan salir bien abrigados y no usar anafres, y sí, porque todo es material reciclado”, explica.

Entre capas de ropa, cobijas y solidaridad comunitaria, madres y padres priorizan el abrigo de niñas y niños, mientras optan por permanecer en sus hogares.
Los habitantes de Los Agaves han optado por permanecer en sus hogares.| Enrique Torres.

El temor a dejar el hogar


Aunque existen programas como el Operativo Abrigo y refugios temporales habilitados por las autoridades, los habitantes de Los Agaves han optado por permanecer en sus hogares. El arraigo, el temor a robos y la protección de las pocas pertenencias que poseen influyen en esta decisión.

“Ha venido el comisario Alfredo Flores, de la Policía Municipal, para ofrecernos ir a un refugio, pero las familias no quieren. Ya tenemos dos años aquí posicionados”, comenta Andrés Márquez.

Azucena Silos lo resume con franqueza: “En mi jacalito no la paso tan mal, pero luego pienso que si me voy se puede meter alguien y robarme lo poco que tengo. Mejor le pongo más cobijas a mi niño”.

Verónica Hernández añade que esa es una preocupación constante entre los vecinos.

No quieren dejar sus propiedades. Prefieren sufrirla aquí, al pie del cañón”.
Perla Martínez coincide: “La verdad no, porque hemos tenido casos de gente de otras colonias que viene a hacernos maldades. No podemos dejar solo”.
Entre capas de ropa, cobijas y solidaridad comunitaria, madres y padres priorizan el abrigo de niñas y niños, mientras optan por permanecer en sus hogares.
Es una realidad silenciosa de quienes siguen apostando por la dignidad, incluso cuando el termómetro no da tregua.| Enrique Torres.

Resistir entre cartón y lámina


Mientras en otros puntos de la ciudad el invierno se combate con calefacción y comodidades, en el Fraccionamiento Los Agaves el frío se enfrenta con sacrificio, organización comunitaria y amor familiar. Aquí, muchas madres y padres prefieren pasar noches enteras con frío para asegurarse de que sus hijos duerman abrigados.

Es una realidad silenciosa, sostenida por la resistencia cotidiana de quienes, entre cartón y lámina, siguen apostando por la dignidad, incluso cuando el termómetro no da tregua.

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