M+.- El cambio climático está acelerando el envejecimiento de Tampico, Tamaulipas. Las altas temperaturas, la humedad persistente, la salinidad del ambiente y la contaminación atmosférica deterioran con mayor rapidez los edificios que durante más de un siglo han definido la identidad arquitectónica de la ciudad.
Cuando se habla de cambio climático, la atención suele centrarse en huracanes, inundaciones o sequías. Pero existe una amenaza que ya avanza sobre el patrimonio urbano: el desgaste de inmuebles históricos provocado por condiciones ambientales cada vez más agresivas.
La ubicación geográfica de Tampico, cercana al Golfo de México, lo expone de forma permanente a un entorno cálido, húmedo y salino que favorece la corrosión de metales, el deterioro del concreto, la mampostería y la madera, así como la degradación progresiva de estructuras centenarias.
La restauradora de monumentos Cynthia De la Paz Apodaca advierte que las partículas de sal transportadas por el viento penetran en los materiales de construcción y aceleran procesos de corrosión, mientras que contaminantes atmosféricos y fenómenos como la lluvia ácida se suman e incrementan el desgaste de los inmuebles.
Emisiones de refinería y petroquímica contribuyen con sus emisiones. El resultado es una amenaza silenciosa para la memoria urbana de la ciudad: el cambio climático no solo compromete el futuro de las zonas costeras, también está acelerando el deterioro de su patrimonio histórico.
Vías de restauración
Pero la paradoja es que esos mismos edificios que hoy resienten los efectos del calentamiento global podrían convertirse en parte de la solución, dijo la experta ante estudiantes de posgrado de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Autónoma de Tamaulipas.
Hizo ver que la restauración arquitectónica antes se justificaba por razones culturales, históricas o turísticas; sin embargo, ahora existe una dimensión adicional que comienza a cobrar relevancia: la ambiental.
“La restauración es una herramienta importante para la mitigación y adaptación frente al cambio climático. El sector de la construcción es responsable de una proporción significativa del consumo mundial de energía y de las emisiones de gases de efecto invernadero. Se pueden conservar esos edificios que ya están en nuestro paisaje urbanístico y disminuir el impacto ambiental”, señala Cynthia De la Paz.
No hace falta demoler
La explicación es sencilla. Demoler una construcción implica generar residuos y fabricar nuevos materiales como cemento, acero y concreto, procesos que demandan elevadas cantidades de energía y producen emisiones de carbono.
En contraste, la rehabilitación de edificios existentes permite ahorrar la energía que ya fue utilizada para extraer materias primas, producir materiales, transportarlos y levantar la construcción original.
En Tampico, algunos inmuebles del centro histórico enfrentan abandono, subutilización o problemas de conservación, perdiendo la función para la que fueron construidos; incluso hay varios convertidos en bodegas o estacionamientos. Y el deterioro avanza al mismo tiempo que aumentan los factores ambientales que lo aceleran.
“Hay que entender la restauración como una acción estratégica y un aliado fundamental frente al desafío ambiental”, sostiene la especialista. Y aunque la humedad, la salinidad y las temperaturas extremas incrementan el desgaste de los materiales, De la Paz considera que el escenario no debe verse desde una perspectiva fatalista.
“Se cree que lo más viejo es más susceptible, pero hay edificios que se mantienen hasta 300 o 500 años, y lo que se tiene en Tampico data de finales del siglo XIX y principios del XX”, refiere.
Parte del deterioro observado responde al envejecimiento natural de los materiales, un proceso inevitable en cualquier construcción, agrega.
El reto, advierte, no consiste en impedir completamente el desgaste, sino en gestionarlo adecuadamente y adaptar las estrategias de conservación a condiciones ambientales que seguirán cambiando durante las próximas décadas.
Ven necesaria ley de conservación
Tampico posee uno de los conjuntos arquitectónicos más singulares del país, resultado de una historia marcada por el comercio internacional, la actividad portuaria y el auge petrolero que durante décadas colocaron a la ciudad como uno de los principales polos económicos del Golfo de México.
Olga Méndez Hernández, representante del Comité Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos) de la Unesco en Tamaulipas, comenta que el deterioro también se debe al abandono de inmuebles, las modificaciones inadecuadas, la contaminación visual y la falta de mantenimiento, lo que contribuye a la pérdida gradual del patrimonio arquitectónico.
Destaca que en el Centro Histórico conviven expresiones arquitectónicas como el neoclásico, art nouveau, art decó, funcionalismo y arquitectura industrial, reflejo de la influencia internacional que llegó al puerto durante los años de mayor prosperidad económica.
Sin embargo, considera que la conservación sigue enfrentando obstáculos culturales, legales y económicos. “No podemos querer lo que no conocemos”, resume al explicar que la educación patrimonial y la participación ciudadana son fundamentales para garantizar la preservación de los edificios históricos.
Ante este escenario, plantea la necesidad de avanzar hacia mecanismos obligatorios de conservación. “Debe crearse una ley para obligar al mantenimiento y conservación”. A su juicio, la protección no debería limitarse a los inmuebles catalogados por su valor histórico o artístico.
Sistemas de construcción distintos
La arquitecta explica que algunos inmuebles construidos durante las primeras décadas del siglo XX presentan características distintas a las actuales. Muchos fueron edificados sin el uso de varillas de refuerzo y con sistemas basados en cal, arena, madera y rieles metálicos, por lo que requieren atención especializada para garantizar su conservación frente a fenómenos cada vez más intensos asociados al cambio climático.
“No se utilizaba el armado de castillos o columnas metálicas y los techos eran de madera, a veces con rieles”. Por ello, considera necesario realizar un diagnóstico integral que permita conocer cuántos inmuebles históricos permanecen en pie, cuáles son sus sistemas constructivos y qué tan vulnerables son ante el aumento de temperatura, la humedad, las lluvias intensas y otros fenómenos asociados al calentamiento global.
Islas de calor urbanas
A los desafíos del ambiente costero se suman las islas de calor urbano. La expansión de superficies asfaltadas, la reducción de áreas verdes, la proliferación de estacionamientos y el predominio de materiales impermeables han generado un entorno que acumula calor y modifica las condiciones ambientales en las que se conservan los edificios históricos.
Un estudio realizado por Carlos Alberto Fuentes Pérez, de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, documenta cómo el centro histórico de Tampico ha desarrollado condiciones microclimáticas que elevan las temperaturas locales por encima de otras zonas de la ciudad.
Este fenómeno se ve reforzado por la concentración de tránsito vehicular, el uso intensivo de sistemas de climatización y la disminución de espacios vegetados, factores que incrementan la temperatura superficial y favorecen procesos de degradación en materiales como madera, mampostería y elementos metálicos.
Desde esta perspectiva, el patrimonio arquitectónico de Tampico enfrenta una doble presión. Por un lado, las condiciones naturales de una ciudad costera caracterizada por la humedad y la salinidad; por otro, un microclima urbano que intensifica el calor y acelera el desgaste de los inmuebles.
Para los especialistas, la conservación del patrimonio ya no puede entenderse únicamente como una tarea de restauración arquitectónica. También requiere replantear la forma en que se construye, se habita y se gestiona la ciudad.
Mientras el cambio climático avanza, el desafío para Tampico consiste en proteger una parte fundamental de su memoria urbana antes de que el calor, la humedad, la salinidad, el abandono y las transformaciones del entorno terminen por acelerar la pérdida de un patrimonio que ha sobrevivido durante más de un siglo.
“Es muy triste oír decir: ‘esos vetustos edificios del centro’, cuando se trata del patrimonio que caracteriza la ciudad”, concluye la arquitecta Olga Méndez.
JETL
