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El secreto para no usar bastón a los 86 años: La mujer que venció a la vejez con un arte marcial milenario

Es la integrante con mayor antigüedad del grupo; practica desde hace 26 años, cuando una caída en su casa la llevó a rehabilitación.

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M+.- Aurelia Villanueva Macías tiene 86 años y no usa bastón.

Cada martes y jueves llega al gimnasio de usos múltiples de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT), se incorpora al grupo y comienza a moverse. Lo hace desde hace 26 años, cuando una caída en su casa la llevó a rehabilitación y, sin saberlo, también la condujo hacia una actividad que terminaría convirtiéndose en parte de su vida.

Su sonrisa lo dice todo.

Desde que Aurelia llega al gimnasio, la vida parece reiniciarse. Sabe que cada sesión de Taichi es una oportunidad para mantenerse activa, convivir y, como ella misma dice, seguir encontrando razones para sonreírle al universo.

Es la integrante con mayor antigüedad del grupo “Dragones de Oro”, una de sus pioneras y una de las personas que más tiempo lleva practicando esta disciplina en la comunidad.

Todo comenzó después de jubilarse.

“Acababa de salir yo del Seguro Social, porque trabajé 30 años, me jubilé. Estaba poniendo en mi casa una cortina en la ventana y me caí; tuve una fractura en la muñeca izquierda. Entonces, una amiga me trajo a rehabilitación aquí a la UAT, según para hacer terapia, pero me gustaron los ejercicios que se hacían y entonces me quedé”.

Y se quedó.

Han pasado 26 años ininterrumpidos desde aquel accidente. Hoy, a los 86, Aurelia asegura que el taichi le ha dado paciencia, armonía y, sobre todo, una forma de mantenerse en movimiento.

“He encontrado integración con los compañeros, que son excelentes, así como un gran maestro, Arturo Leiva; para mí es lo máximo, es muy bonito aquí”.

Hay otro cambio que ella misma ha notado con el paso de los años: ha reducido la ingesta de medicamentos y conserva una independencia que considera fundamental.

No necesita bastón.

“Desde que practico el Taichi todo es bonito”.

El ejercicio suave que puede evitar una caída

El taichí puede convertirse en una herramienta especialmente útil para los adultos mayores porque combina movimientos lentos, suaves y de bajo impacto con ejercicios de equilibrio, coordinación y control corporal.

En personas de edad avanzada, estos elementos son importantes por una razón sencilla: una caída puede cambiarlo todo.

Estudios han encontrado que la práctica de taichí puede reducir el riesgo de caídas hasta en 45 por ciento, además de favorecer el equilibrio y la fuerza de las piernas.

Los movimientos fluidos ayudan a mantener la movilidad de las articulaciones y pueden ser útiles frente a la rigidez asociada con padecimientos como artritis o artrosis.

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Aunque a simple vista parece una actividad que exige poco esfuerzo, sostener determinadas posturas obliga a trabajar las piernas, la espalda y otros grupos musculares. También contribuye a conservar la fuerza y puede ayudar a disminuir la pérdida de densidad ósea.

Hay otro elemento que suele pasar inadvertido: obliga a prestar atención a la manera en que el cuerpo está colocado.

La postura, el equilibrio y la coordinación forman parte de cada movimiento.

Y ahí aparece uno de sus beneficios más importantes para los adultos mayores: mantenerse conscientes de cómo caminan, cómo se paran y cómo distribuyen el peso de su cuerpo.

Curso de Taichi.
Curso de Taichi. | Cortesía

Del arte marcial a una forma de mantenerse activo

El taichi, también conocido como taijiquan o tai chi chuan, forma parte de las artes marciales internas y tiene sus raíces en una antigua tradición china vinculada con el movimiento, la respiración y el desarrollo de la conciencia corporal.

Existen diferentes estilos, entre ellos el Yang y el Chen.

El estilo Yang se caracteriza por movimientos largos, continuos y suaves, mientras que el Chen combina movimientos lentos con explosiones de fuerza y cambios de ritmo que aumentan su complejidad.

El profesor Luciano Arturo Leiva explica que originalmente esta disciplina era utilizada para la defensa personal, pero con el paso del tiempo se convirtió también en una forma de ejercitarse, reducir el estrés y favorecer la salud.

Entre sus beneficios señala una mejor circulación, reducción de la presión arterial y menor esfuerzo cardiovascular.

Pero el efecto no termina en el cuerpo.

“Tiene muchos beneficios mentales y emocionales”.

La respiración profunda combinada con movimientos lentos ayuda a disminuir el estrés y la ansiedad y favorece la relajación del sistema nervioso.

También existe un componente de entrenamiento mental.

“Tienes que memorizar secuencias. Eso ejercita el cerebro y puede retrasar el deterioro cognitivo. Mejor sueño; al bajar el estrés y cansar el cuerpo suavemente, mucha gente duerme mejor. Combate la depresión y la soledad”.

Elías encontró en el taichí una segunda etapa deportiva

Elías Calles Delgado presta atención durante la clase. Ejecuta los movimientos con coordinación y, como buena parte de sus compañeros, mantiene una sonrisa durante la sesión.

Tiene 78 años y fue deportista durante toda su vida.

Cuando llegó el momento de bajar la intensidad, no quiso dejar el ejercicio.

Primero practicó yoga.

Después conoció el taichí.

Y ahí se quedó.

Lleva 16 años practicándolo.

“Soy de extracción campirana, soy del estado de Veracruz, del municipio de Ozuluama. Cuando terminé en mi área de trabajo productivo, me dediqué a seguir haciendo deporte; toda la vida he sido deportista y, al jubilarme, continué jugando béisbol y luego softbol, pero vamos cayendo en los casilleros donde la vida nos pone. Entonces busqué integrarme a un área que fuera menos agresiva”.

El taichí le permitió continuar con una vida activa sin someterse al desgaste de otras disciplinas deportivas.

Además, encontró la actividad dentro de una institución que conoce bien.

Elías estudió en la Facultad de Comercio y Administración de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde posteriormente trabajó como catedrático y también en el área administrativa como auditor interno.

Por eso, practicar taichí en la UAT tiene para él un significado adicional.

“Para mí el Taichi es un antes y un después. Es el vaso medio lleno o medio vacío. Ha sido como un punto de inflexión y me siento muy a gusto en ello y en el grupo tan nutrido que tenemos, que es un grupo heterogéneo, porque somos hombres y mujeres, pero muy homogéneo en lo cuantitativo y cualitativo”.

La felicidad de practicar la disciplina no termina cuando concluye la clase.

Las técnicas aprendidas, explica, forman parte de su vida cotidiana.

Y hay otro motivo de orgullo.

El equipo de Tamaulipas ha conseguido el subcampeonato nacional en dos ocasiones. La primera fue en el Estado de México y la segunda, al año siguiente, en Guadalajara, donde participaron representantes de 28 estados de la República Mexicana.

“El taichi me ha dado todo. Me ha dado aprender a tener equilibrio, a mantener mi estructura ósea; mantener espíritu, cuerpo y alma; este cuerpo que podemos tocar con el alma. Es un binomio de encuentro porque podemos acoplar la respiración, ordenar nuestros pensamientos, trabajar en el equilibrio con nosotros mismos, con la familia y con la sociedad, encontrando una paz interior que nos hace sentir realizados a nuestra edad madura. Es pasión energética para mantener el equilibrio físico y mental”.

Dragones de Oro, 26 años de historia

El grupo Dragones de Oro no sólo se ha mantenido activo durante más de dos décadas.

También ha buscado llevar su formación a espacios especializados.

Recientemente participó en el Gran Curso Internacional de la Familia Chen en México, realizado en El Ocotal, Estado de México.

El grupo pertenece a la Escuela Mexicana de Wushu, fundada y dirigida por el maestro Agustín Martínez Jiménez, discípulo del gran maestro Chen Zhenglei.

De acuerdo con Leiva, sólo existen dos discípulos de Chen Zhenglei en Latinoamérica: uno en Perú y otro en México, Agustín Martínez.

Esta fue la primera ocasión en que acudió a México toda la familia Chen.

El curso fue impartido por el gran maestro Chen Zhenglei, considerado uno de los cuatro guerreros de Buda, quien ha participado en tres ocasiones en actividades en México y que, en esta oportunidad, estuvo acompañado por sus hijos Chen Bin, Chen Juan y Chen Yuan.

Arturo Leiva explicó que durante el encuentro se trabajaron fundamentos del sistema Chen.

“Se vieron las bases del sistema Chen, que es el primer Taichi oficial de los cuatro estilos principales. En orden cronológico son el sistema Chen, el sistema Yang, el sistema Hu y el sistema Soon. El sistema Chen es el primer sistema de Taichi oficial y el sistema Yang, segundo en orden cronológico, es el más practicado a nivel mundial”.

También se trabajaron las bases del taichí directamente con descendientes del creador de esta disciplina, además de la forma 18 del sistema Chen contemporáneo, cuyo creador es el gran maestro Chen Zhenglei, y una forma básica de espada impartida por sus hijos.

Al curso internacional acudieron representantes de Bolivia, Perú, Estados Unidos, Canadá, España y México.

En el país, la Escuela Mexicana de Wushu, dirigida por el profesor Agustín Martínez Jiménez, tiene presencia en 14 estados de la República.

Leiva destacó la importancia de contar con un maestro formado directamente con Chen Zhenglei.

“Alumnos, todos; pero discípulos, muy pocos”.

El otro discípulo se encuentra en Perú y Agustín Martínez en México, donde promueve el sistema Chen tradicional.

Este mes de agosto, además, el grupo Dragones de Oro cumple 26 años.

“Sin duda, un gran privilegio para nuestra comunidad poder aprender directamente de verdaderos maestros creadores del Taijiquan (Tai Chi)”.

Grupo “Dragones de Oro” de Taichi
Grupo “Dragones de Oro” de Taichi. | Sergio Sánchez

Noventa personas encontraron una forma de seguir en movimiento

En el gimnasio de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, alrededor de 90 personas practican taichí.

Las clases se realizan los martes y jueves de 08:00 a 10:00 horas.

Los sábados, de 08:30 a 10:00 horas, las sesiones salen del gimnasio y llegan a espacios públicos y al aire libre.

Entre ellos se encuentra el parque de la Pirámide, en la colonia Unidad Nacional de Ciudad Madero, y el parque Fray Andrés de Olmos, en la colonia Chairel de Tampico.

Ahí, entre movimientos lentos, respiraciones profundas y ejercicios de equilibrio, personas como Aurelia y Elías encontraron una manera distinta de entender el paso del tiempo.

No se trata únicamente de hacer ejercicio.

Para algunos, comenzó como una rehabilitación después de una caída.

Para otros, fue la manera de continuar haciendo deporte cuando el cuerpo ya no permitía hacerlo como antes.

Y para todos ellos, el objetivo parece ser el mismo: que cumplir años no signifique dejar de moverse, sino encontrar una nueva manera de hacerlo.


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Sergio Sánchez
  • Sergio Sánchez
  • Periodista de información general y deportes. Escribe historias de personajes de la ciudad y crónicas deportivas. Maderense de nacimiento, pero tampiqueño de corazón.
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