Estados

Abuelos a los 40, cada vez más común y retador: ya no sólo cuidan nietos, ahora pagan colegiaturas, medicina y comidas

Abuelos de entre 40 y 50 años enfrentan retos económicos, emocionales y legales al asumir la crianza de sus nietos; el DIF Gómez Palacio advierte que 8 de cada 10 requieren atención psicoterapéutica.

Milenio M logo
Únete al canal de Milenio  

M+.- A los 44 años, Ricardo Solís ya sabe lo que significa que lo confundan con el padre de sus nietos. Es un abuelo joven y, cuando lo expresa, pocos se lo creen.

Tiene tres nietos: uno de seis años, otro de cuatro y una de tres. Cuando nació el primero, Ricardo tenía apenas 38 años, una edad en la que todavía estaba lejos de imaginarse en el papel que tradicionalmente se asocia con los abuelos: cabello cano, tardes tranquilas, bastón o mecedora y jubilado y con tiempo para cuidar de los pequeños.

Sin embargo, su realidad es otra.

Trabaja en una oficina de lunes a viernes y los fines de semana se emplea como fotógrafo para complementar sus ingresos. Entre una jornada y otra busca espacios para convivir con sus nietos, aunque eso significa recortar tiempo de descanso y de proyectos personales.

Su historia muestra el rostro de una generación de abuelos que todavía está en plena vida productiva y que, sin embargo, comienza a asumir responsabilidades que creía haber dejado atrás cuando sus hijos crecieron.

En todo el país, este fenómeno es cada vez más visible.

Los abuelos de entre 40 y 50 años se han convertido en una de las principales redes de apoyo para niñas, niños y adolescentes cuando sus padres no pueden hacerse cargo de ellos. En algunos casos ayudan con gastos; en otros, terminan asumiendo prácticamente toda la crianza.

Y cuando eso ocurre, no solamente cambia la vida de los menores.

También cambia la de quienes vuelven a convertirse en padres cuando apenas estaban cerrando esa etapa.

Cuando los nietos llegan a una vida que todavía estaba en marcha

El 28 de agosto se celebra en México el Día del Abuelo, también conocido como Día del Adulto Mayor. Pero la realidad familiar hace tiempo que dejó atrás la idea de que ser abuelo necesariamente significa tener más de 60 años.

Ricardo llegó a esa etapa a los 38.

Hoy, a los 44, su vida cotidiana está marcada por una combinación que puede resultar difícil de sostener: trabajo, ingresos, responsabilidades familiares y el cuidado de tres niños pequeños.

El primer desafío es precisamente el trabajo.

A diferencia de un adulto mayor jubilado, un abuelo joven suele encontrarse en plena etapa laboral. La convivencia con los nietos, por tanto, exige una disciplina de horarios mucho más estricta.

Abuelos entre 40 y 50 años enfrentan retos económicos, emocionales y legales al asumir la crianza de nietos; advierten que requieren atención psicoterapéutica.
Ricardo Solís, abuelo de tres menores. | Rolando Riestra.

Ricardo trabaja entre semana en una oficina y utiliza los fines de semana para desempeñarse como fotógrafo y complementar sus ingresos. Las tardes que tiene disponibles las aprovecha para convivir con sus nietos, aunque eso implica postergar el descanso y reducir todavía más los espacios personales.

La exigencia física también está ahí. Convivir con niños pequeños significa energía, atención y tiempo, justo cuando todavía existen obligaciones laborales que cumplir.

Pero hay otra presión que aparece con frecuencia: el dinero.

Ricardo enfatiza que ayudar económicamente a los hijos adultos no es una obligación formal de los abuelos. Sin embargo, el costo de vida actual hace que ese respaldo se convierta, en muchas familias, en una necesidad.

Aunque sus hijas tienen empleos productivos, sus salarios resultan insuficientes para cubrir todos los gastos.

El apoyo de Ricardo se traduce entonces en cosas concretas: pagar el transporte escolar de uno de sus nietos o cubrir la colegiatura de otro.

Pero el dinero, dice, no es necesariamente el mayor problema.

La batalla también ocurre frente a una pantalla

Para Ricardo, el reto más complejo está en la crianza.

La diferencia generacional aparece cuando sus ideas sobre educación chocan con las metodologías que utilizan sus hijas.

Él intenta limitar el uso de celulares y promover actividades sin tecnología. Sus nietos, en cambio, forman parte de una generación conectada prácticamente de manera permanente a internet y a los dispositivos digitales.

Es una diferencia que puede parecer pequeña, pero que revela una tensión mayor: los abuelos pueden participar intensamente en la crianza, pero no necesariamente tienen la última palabra.

Ricardo lo tiene claro.

"Uno como abuelo solo da una sugerencia o consejo, pero quien decide es su madre", señala a MILENIO.

Esa frontera es parte del equilibrio que intenta mantener.

Incluso las confusiones en la calle forman parte de su nueva realidad. La gente suele asumir que los niños son sus hijos, algo que Ricardo enfrenta con humor.

Ser un abuelo joven, en su caso, significa poner la energía de una persona todavía en plena madurez al servicio de una nueva generación, pero sin abandonar por completo los proyectos propios.

Y esa combinación no siempre es sencilla.

La primera red antes del albergue

Guadalupe Aguirre, directora general del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) de Gómez Palacio, Durango, señala que los casos de abuelos jóvenes entre 40 y 50 años son cada vez más recurrentes.

Explica que detrás de este fenómeno existe una reestructuración de las dinámicas familiares.

Son personas que todavía se encuentran en una etapa de alta productividad laboral y personal, pero que de manera intempestiva o progresiva terminan asumiendo el cuidado, la crianza y la manutención integral de sus nietos.

La problemática llega de manera particular a través de la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes.

En el trabajo cotidiano de esta institución, los abuelos de mediana edad se han convertido en la primera red de apoyo y resguardo a la que recurren las autoridades para evitar que los menores sean trasladados a albergues u otras estancias asistenciales.

Las estadísticas internas del organismo muestran la dimensión del fenómeno: en los casos en los que el DIF debe intervenir para aplicar una medida de resguardo temporal después de una denuncia, uno de cada tres termina bajo la tutela e integración de un abuelo o abuela joven.

No existe una sola causa.

En algunos casos se trata de padres jóvenes que, por las distancias, sus horarios laborales o la falta de redes formales de cuidado, delegan de manera permanente la crianza en sus propios padres.

En otros, los progenitores se encuentran en entornos de alto riesgo que imposibilitan que los menores permanezcan con ellos.

También existen situaciones en las que los padres biológicos se ausentan sin dejar previsiones económicas ni legales para el cuidado de sus hijos.

Para los abuelos, el cambio puede ocurrir de manera progresiva o llegar de golpe.

Y ahí comienza otra historia.

Abuelos entre 40 y 50 años enfrentan retos económicos, emocionales y legales al asumir la crianza de nietos; advierten que requieren atención psicoterapéutica.
El apoyo económico se traduce en cubrir gastos clave como el transporte escolar de un nieto o las colegiaturas de otro.| Rolando Riestra.

Dejar el trabajo para cuidar a un nieto

El problema no es solamente que un abuelo tenga que cuidar a un niño.

Es que muchas veces debe hacerlo justo cuando estaba construyendo otra etapa de su propia vida.

La normativa asistencial ubica tradicionalmente a los adultos mayores a partir de los 60 años. Los abuelos jóvenes, en cambio, se encuentran todavía en una edad en la que la estabilidad profesional y la independencia económica suelen ser prioridades.

Cuando aparece la responsabilidad de cuidar a un recién nacido o a un niño en edad escolar, esa planeación puede cambiar drásticamente.

En algunos hogares ocurre una inversión de acuerdos: los hijos aportan económicamente para que el abuelo deje de trabajar formalmente y pueda dedicarse de tiempo completo al hogar.

Cuando el dinero no alcanza o se necesita mayor flexibilidad para atender emergencias escolares y médicas, algunos abuelos recurren a empleos informales.

La venta de dulces, frituras o productos por catálogo se convierte entonces en una forma de mantener los ingresos mientras permanecen disponibles para los nietos.

El presupuesto familiar queda atrapado entre dos generaciones.

Por un lado están los hijos adolescentes o jóvenes. Por el otro, los nietos.

En medio quedan los abuelos, intentando cubrir alimentación, uniformes y otros gastos, además de medicamentos o terapias cuando los niños presentan condiciones de neurodesarrollo o problemas de salud mental.

La segunda crianza no solamente consume tiempo. También puede modificar por completo la economía de un hogar.

Ocho de cada 10 necesitan ayuda psicológica

Hay un costo menos visible. Cuando una persona pensaba que estaba terminando su etapa como padre y de pronto debe hacerse cargo nuevamente de un menor, el desgaste emocional puede ser considerable.

Según Guadalupe Aguirre, ocho de cada 10 abuelos que asumen el resguardo formal o el acompañamiento institucional de sus nietos requieren atención psicoterapéutica.

Los problemas detectados durante los procesos de contención incluyen cuadros de ansiedad generalizada, relacionados con la incertidumbre sobre el futuro económico y legal de los menores.

También aparecen depresión y frustración.

Son respuestas asociadas a la pérdida intempestiva de planes personales, proyectos de vida o espacios de esparcimiento.

A esto se suma el estrés crónico provocado por la modificación repentina de las rutinas y, en algunos casos, por la falta de sueño que implica atender a un bebé o a un niño pequeño.

El impacto puede ser todavía mayor cuando la responsabilidad llega de manera abrupta.

Aguirre subraya en entrevista que los estados emocionales suelen agravarse cuando la transición ocurre "de un día para otro" como consecuencia de una orden de resguardo institucional, a diferencia de los acuerdos paulatinos que pueden alcanzarse dentro de las propias familias.

Para quien acaba de criar a sus hijos, volver a empezar con un bebé puede significar mucho más que cambiar horarios.

Puede significar abandonar planes que apenas comenzaban.

El miedo a pedir ayuda

Hay otro problema que mantiene a muchas familias en una situación de incertidumbre: el miedo a las instituciones.

En general, suele existir temor entre algunos abuelos de que, si acuden a las autoridades para pedir ayuda, puedan ser despojados de sus nietos.

Esa desconfianza provoca que miles de familias funcionen en la informalidad legal.

El problema aparece cuando el abuelo que cuida al menor necesita demostrar que tiene facultades para tomar decisiones.

Abuelos entre 40 y 50 años enfrentan retos económicos, emocionales y legales al asumir la crianza de nietos; advierten que requieren atención psicoterapéutica.
Con una jornada de oficina de lunes a viernes y empleos como fotógrafo los fines de semana para complementar sus ingresos.| Rolando Riestra.

Sin patria potestad o una tutoría formalizada, pueden surgir dificultades para realizar trámites escolares, firmar boletas de calificaciones o autorizar salidas.

También pueden presentarse obstáculos en hospitales cuando es necesario autorizar intervenciones quirúrgicas, tratamientos especializados o incluso vacunaciones sin la firma de los padres biológicos.

La informalidad también puede cerrar la puerta a programas sociales.

Los niños pueden quedar fuera de esquemas de aseguramiento o de becas gubernamentales porque el adulto que efectivamente los cuida no cuenta con la representación legal necesaria.

Es decir, el abuelo puede tener al menor viviendo bajo su techo, alimentarlo, llevarlo a la escuela y atenderlo cuando enferma, pero no necesariamente tener los documentos que le permitan actuar legalmente como responsable.

El DIF busca que cuidar no signifique esconderse

Ante esta situación, el DIF aclara que no retira a los niños de sus hogares de manera arbitraria.

La institución busca proporcionar certeza jurídica mediante convenios de resguardo temporal.

La tutoría legal definitiva corresponde a un Juzgado de Familia, pero el documento expedido por el organismo asistencial permite a los abuelos realizar los trámites educativos y de salud indispensables para garantizar el bienestar del menor.

Dentro del proceso también se cita a los padres biológicos para evaluar su condición y determinar las vías de rehabilitación o la responsabilidad alimentaria que corresponda.

La intención es que la familia pueda tener una ruta legal para una situación que, en muchos casos, comenzó como una emergencia.

Una nueva crianza necesita una nueva red de apoyo

Para enfrentar esta realidad, la administración municipal de Gómez Palacio, en coordinación con las políticas de asistencia pública nacional y estatal, mantiene abiertos distintos programas de apoyo integral para las familias encabezadas por abuelos jóvenes.

Uno de ellos es el acompañamiento pedagógico y emocional, disponible a través del Centro de Psicoterapia y de las tres sedes de Centros Comunitarios: Campillo Sáenz, El Vergel y La Esperanza.

También está la Casa Club de la Tercera Edad +50, donde se imparten talleres de "Escuela para Padres" adaptados para abuelos resguardantes.

A esto se suma la asistencia social y alimentaria mediante la entrega de despensas e insumos básicos, así como la intermediación para gestionar becas educativas municipales y federales.

Otro eje es la salud mental.

El objetivo es promover el cuidado psicológico para prevenir la violencia intrafamiliar y favorecer una toma de decisiones asertiva en el manejo de las emociones.

Porque el problema no termina cuando el abuelo abre la puerta de su casa para recibir a un nieto.

Ahí comienza, en realidad, una nueva responsabilidad.

Abuelos entre 40 y 50 años enfrentan retos económicos, emocionales y legales al asumir la crianza de nietos; advierten que requieren atención psicoterapéutica.
Ricardo enfrenta los comentarios de sorpresa y las confusiones en la calle.| Rolando Riestra.

Y para Guadalupe Aguirre, pedir ayuda debe dejar de verse como una señal de fracaso familiar.

"Así como acudimos al médico por un dolor físico, debemos acudir al psicólogo cuando nos cuesta trabajo gestionar una crisis o una nueva etapa de vida. Estar sanos emocionalmente es el único camino para garantizar que nuestros niños crezcan en un entorno de verdadero bienestar", concluyó.











daed

Google news logo
Síguenos en
Isis Rábago
  • Isis Rábago
  • Desde pequeña reconocí mi vocación en la comunicación, y aunque la vida no ha sido fácil, con necedad, empeño y esfuerzo cursé la Licenciatura de Ciencias de la Información. Como periodista de MILENIO, me aferro a mi convicción y mi compromiso de contribuir por el bien de mi Comarca Lagunera.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.