Perseguir la verdad se convierte en el más oscuro —y a la vez fascinante— de los menesteres al recorrer los diálogos escritos por el Premio Nobel de Literatura en 2005 Harold Pinter (Londres, 1930-2008). Esa intensidad la traerá a México Viejos tiempos, puesta de Toma Teatro y Cultura AC en colaboración con Culturalmente Responsable, que contará con la dirección de Guillermo Revilla.
No hay una resolución única, “es un enigma”, resalta el director y traductor de la obra, que presentará en el teatro El Milagro a un elenco conformado por Priscila Ímaz, Miguel Ángel Barrera y Tania María Muñoz.
La visita de Anna (Tania María Muñoz) a la casa de campo que su amiga Kate (Priscila Ímaz) comparte con su marido Deeley (Miguel Ángel Barrera) trae tres relatos que repiquetean advirtiendo que alguien miente… o tal vez todos. Esto ha dado pie a entramados de teorías tipo conspiranoicas sobre la obra y sobre qué o quiénes son los personajes.
El director Revilla habla sobre Viejos tiempos y sus entresijos, simples y laberínticos.
¿Por qué traer a Harold Pinter a escena en 2026 y con una pieza como Viejos tiempos?
Fuimos descubriendo, creo yo, dos cosas que resultan muy atractivas de Viejos tiempos. La primera es que es una de las llamadas “obras de la memoria de Harold Pinter”.
Es muy interesante el mecanismo mediante el cual la obra cuestiona cómo se construyen los recuerdos. Cada personaje tiene un objetivo en el presente de la situación que plantea esta ficción y recuerdan lo que les conviene y como les conviene; y dicen y callan para obtener lo que quieren. Entonces, creo que Pinter es muy agudo al poner en escena este mecanismo humano que utilizamos todas y todos. Porque claro que es una obra de la memoria, pero de la memoria utilizada para conseguir algo en el presente, del recuerdo movilizado por el deseo presente y eso nos pareció muy interesante.
Viejos tiempos nos trae una reunión de tres personas con variantes en sus relatos que nunca son ingenuas, pero tampoco explícitas. ¿Cómo afrontas esta complejidad de Pinter para tu propia versión?
Justamente nos gusta mucho del texto de Pinter que, antes del final, y me refiero al gran monólogo final de Kate, uno puede ir atando cabos. Es una obra que en algunos momentos se presenta como de misterio. Y, como toda obra de misterio, por eso también la llamo enigma, hace pensar al público que va a poder resolverlo.
La gran jugada maestra de Pinter es que, al último, Kate habla tomando el lugar en el que tendría que estar el relato totalizador para que el público atara cabos, pero lo que aparece es la vuelta de tuerca más compleja de todas: Kate dice todo un monólogo en el que, lejos de aclarar, oscurece todo todavía más Y se acabó la obra.
Echa a volar la imaginación…
Por supuesto que en internet hay muchísimas interpretaciones de esta obra, que van desde que Kate mató a Anna y lo que se aparece esa noche es el fantasma de Anna, hasta la versión de que los tres están muertos, pasando por la idea de que todo está ocurriendo en la cabeza del personaje masculino, o que las dos mujeres en realidad son un desdoblamiento de una misma persona.
Pinter es un Nobel que habla de la búsqueda de la verdad en el arte como un camino a las entrañas del personaje, ¿cómo se cumple esta condición en el montaje?
Si el subtexto es importante en todo teatro, en Pinter se vuelve fundamental. En Viejos tiempos todo parece una conversación más o menos banal con ciertas ocurrencias, con ciertos chistes, donde los personajes nunca terminan de confrontarse directamente y nunca terminan de hablar abiertamente. Entonces, las famosas pausas y los famosos silencios pinterianos están cargadísimos de acción.
A lo largo del montaje fuimos descubriendo que las miradas, los pequeños movimientos dicen muchísimo y realmente ahí es donde se está jugando el deseo de cada personaje y la tensión entre ellos. Eso sería una parte. La otra es esto que habla sobre la verdad, la obra pone en escena una gran lucha por el discurso, quién dice la verdad y cómo la valida.
¿Qué dificultades enfrentaste al traducir los tonos propuestos por Pinter en diálogos que pueden parecer someros, pero que están sumamente cargados de despecho, celos, veneno…?
Para traducir esos tonos propuestos por Pinter, te hablaré de la traducción en general. El proceso duró hasta muy cercano el estreno. Como te decía, leímos muchas veces la obra y hubo dos partes en la traducción, una parte colectiva, donde leímos mucho la obra y fuimos cambiando palabras, buscando las que fueran más cómodas en las voces de las actrices y de los actores y discutimos mucho: ‘esta palabra sí, esta palabra no’.
Luego vino una parte más individual en donde yo volví a revisar el texto un par de veces o tres. A partir de haber leído muchas veces el texto con el equipo y, de que ya habíamos ido perfilando un camino para cada personaje, fui cambiando palabras que fueran más adecuadas a las intenciones que estábamos trabajando.
¿Cómo se trabajaron los ritmos?, ¿cómo se llegó a la idea del piano en vivo?
Tomamos dos decisiones que fueron tal vez las más importantes a nivel de traducción. La primera fue quitar las referencias a Londres que tiene el texto, que eran muchas; sentíamos que eso alejaba mucho a la espectadora y al espectador mexicanos. Sacrificamos esa capa de significado para lograr una cercanía mayor con el público. La otra gran decisión fue sobre las canciones.
Una escena muy famosa es un duelo cantado entre Anna y Deeley. En un momento empiezan a cantar fragmentos de viejas canciones. Y ahí nos parece que sí es muy clara la intención de la dramaturgia de crear en el público una conexión con los viejos tiempos, con canciones de los años 50 o 40 en inglés. Decidimos cambiar las canciones y nos fuimos por el lado del bolero, de la canción popular en español. Y se hizo todo un trabajo con Silvia Dávalos y con Alejandro Carrillo para determinar qué canciones utilizar. Silvia es nuestra asesora vocal y Alejandro nuestro músico
Viejos tiempos, con sus ritmos, silencios cómplices y boleros se presenta martes y miércoles a las 20:00 horas en el teatro El Milagro, ubicado en la calle Milán número 24, colonia Juárez, de Ciudad de México. Su temporada termina el 17 de junio. El boleto general tiene un costo de 350 pesos y hay cupo con descuentos para estudiantes, Inapam y vecinos de la alcaldía Cuauhtémoc con identificación.