Espectáculos

Urinetown: cuando la sátira política se parece demasiado a la realidad

De Querétaro a Ciudad de México, el musical Urinetown de Miguel Septién regresa al Teatro Milán para ofrecer una sátira política muy apegada a lo que se vive en el país en la actualidad.

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En Urinetown, ir al baño tiene un precio. El agua está en manos de una empresa que decide quién puede acceder a ella y quién no, en una sociedad donde las necesidades más básicas se convierten en un privilegio. Lo que parece una situación absurda, creada para provocar risas, encuentra inquietantes paralelismos con la realidad actual. 

Para Miguel Septién, director de la puesta en escena, ahí radica la fuerza de la sátira política: utilizar el humor para exhibir las contradicciones de una sociedad en la que la ficción no siempre está tan lejos de lo que sucede fuera del teatro.

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Urinetown, el musical es una parodia de las distopías apocalípticas, en donde los habitantes indigentes y miserables de un país imaginario gobernado por un empresario corrupto y autoritario deben pagar para ir al baño, necesidad biológica que se ha convertido en un lujo con el pretexto del ahorrar el agua tras una sequía que derivó en “los días apestosos”, mientras orinar en la calle se juzga como terrorismo.

La nueva temporada de esta historia de la ficción en el teatro Milán coincide con las protestas sociales reales de ciudadanos en demanda de agua limpia que se dieron en Guadalajara y que fueron reprimidas con violencia, abusos policíacos y arrestos arbitrarios por los gobiernos municipal, a cargo de Verónica Delgadillo, y de Jalisco, de Juan Pablo Lemus, irónicamente dos políticos de Movimiento Ciudadano.

“Nos ha pasado que cada vez que hacemos Urinetown hay alguna repercusión, algún eco a nivel social o político, ya sea a nivel nacional o internacional, que resuena potentemente con la trama de la obra”, refiere Septién a pregunta expresa sobre cómo la sátira coincide con las protestas en México por agua.

El pasado 2 de octubre, fecha emblemática de las protestas ciudadanas en México debido a la efeméride de la matanza de estudiantes en Tlatelolco de 1968 por el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, Ícaro Teatro renovó su pacto con esta sátira con profundo contenido político y social, para arrancar nueva temporada en el Milán, con funciones de viernes a domingo, hasta el próximo 29 de noviembre.

Y al definir a su compañía escénica como “antitecnología”, Septién refrenda el montaje “artesanal”.

“Yo defiendo la idea de que el teatro es probablemente una de las últimas fortalezas en contra de esta avalancha de inmediatez y de desconexión”, expone Septién, quien se ha especializado en los musicales.

Aunque de la tropa original de Urinetown, el musical sólo queda Lalo Siqueiros (Oficial Lockstock), el productor y director escénico sostiene que el elenco de personas “extremadamente talentosas” para la nueva temporada “es el que más ha logrado, potentemente, contar la historia en esta década”.

El elenco del nuevo montaje está integrado por EMI (Bobby Strong), Alexa Hidalgo (Hope Cladwell), El Guana (Caldwell B. Cladwell), Lalo Siqueiros (oficial Lockstock), Vanessa Bravo (Pequeña Sally), Flor Benítez (Penelope Pennywise), Alberto Lomnitz (Joseph y Josephine Strong), Alain Peñaloza (oficial Barrel), Gabriel Navarro (senador Fipp), José Grillet (señor McQueen), Leo Bono (Hot Blades Harry), Jimena Parés (Little Becky Two Shoes), César Ramos (Tiny Tom), Gaby Castillejos (Soupy Sue), Jacobo Flores (Robby the Stockfish) e Ixchel Ragüe y Emmanuel Robredo como swings.

El también productor teatral está celebrando el décimo aniversario de haber estrenado en México el musical con que Mark Hollman y Greg Kotis sorprendieron a Broadway en 2001con una rebelión popular en escena contra una dictadura empresarial que cobra por orinar a los habitantes de un pueblo apocalíptico, donde el agua se tornó artículo de lujo de la élite.

“En los 10 años que hemos estado haciendo Urinetown, sin duda ha cambiado radicalmente a nivel estético, idiosincrático y de la filosofía con que la hacemos; no sé si ha cambiado por completo, pero definitivamente se ha afilado y cristalizado con el paso del tiempo”, asegura Septién a Milenio.

En septiembre de 2016, la joven compañía Ícaro Teatro estrenó en el teatro Metropolitano de la ciudad de Querétaro Urinetown, el musical, que llegó a Ciudad de México en 2017, para una serie de temporadas en los teatros Hidalgo y Milán, a este último regresa durante octubre y noviembre.

“Somos una compañía mucho más experimentada de la que éramos hace diez años. Tenemos un elenco potentísimo, con mucha más experiencia que con el que empezamos hace 10 años. Y decidimos gestar una vez más este proyecto porque estamos convencidos de que la evolución como compañía podía culminar en un Urinetown más potente con las herramientas con las que ahora tenemos a la mano.

Septien dijo sentirse feliz con el resultado, sobre todo porque al público ante el que se ha presentado le ha encantado. También habló de la evolución creativa de la compañía: "Estamos creando una puesta en escena muy elegante, muy bella, muy mínima también y muy teatral, que es el sello de Ícaro Teatro. Estamos muy orgullosos”, dice Septién.

Con libreto de Kotis y música de Hollmann, con letras de ambos, Urinetown, el musical estrenado en Broadway en 2001 ganó tres premios Tony de 10 nominaciones: mejor libreto de musical, mejor música original y mejor dirección de musical; en México, ganó 4 premios ACTP y dos Metro en 2022.

Miguel Septién narra cómo el musical Urinetown usa el humor para cuestionar el control del agua, los intereses económicos y las contradicciones de la actualidad
El musical Urinetown se presenta en el Teatro Milán.

¿Urinetown repercutió en la consolidación de Ícaro Teatro como compañía?

Sin duda. Fue este proyecto el que nos trajo a Ciudad de México. Antes de eso, realmente los primeros cinco años de Ícaro estuvimos exclusivamente en Querétaro donde nació la compañía. Después, este proyecto nos trae a Ciudad de México, primero por una corta temporada, en que no sabíamos bien realmente qué iba a pasar con él. Afortunadamente el éxito que tuvo nos abrió muchísimas puertas como compañía, como actores, al elenco, a mí como director, de tal suerte que a partir de 2018-19 ya estuvimos totalmente de base acá en Ciudad de México.

¿Ha sido una especie de laboratorio escénico para ustedes Urinetown, el musical?

Sin duda tu apreciación de que esto pueda ser una especie de laboratorio para nosotros es muy correcta también. Sí la concibo como una especie de laboratorio, donde a lo largo de los años que la hemos estado haciendo, se ve el reflejo del crecimiento como compañía. Es una obra que nos habla muy directa y muy potentemente. Y es una especie de espejo donde cada vez que la hacemos aprendemos sobre nosotros como personas, como creativos. Y eso se plasma en la evolución de la puesta en escena, de los elementos de diseño, de la potencia de cada uno de los montajes. Y, sí, definitivamente es una especie de laboratorio para nosotros.

¿Y qué hay del reflejo que viene de fuera? Cuando reestrenaron Urinetown el 2 de octubre coincidió con el tema de las protestas por agua limpia en Guadalajara y por medicamentos y temas laborales en el IMSS en Ciudad de México. ¿Qué piensa de ese reflejo social hacia afuera?

Como las grandes piezas de drama lo hacen, Urinetown nos habla de pasiones humanas que se van a mantener siempre, mientras seamos la especie que somos. Por eso es una obra que siempre va a encontrar eco. Nos ha pasado que cada vez que la hacemos, hay alguna repercusión, algún eco a nivel social o político, ya sea a nivel nacional o internacional, que resuena potentemente con la trama de la obra. Es porque habla de temas que son inherentemente humanos y que se van a plasmar de una y mil maneras. Como creativo es algo muy agridulce, satisfactorio, pero también me obliga a cuestionarme qué está pasando con el mundo que estas historias siguen teniendo relevancia y te preguntas cuál es el propósito de contar estas historias cuando algo tan similar está pasando en el mundo.

Y cómo artistas, ¿cuál es ese propósito?

Como artistas, nuestro trabajo es ofrecer un espacio seguro de reflexión, donde podamos ver analogías de lo que está pasando en el mundo real y analizarlas desde un lugar de entretenimiento, de análisis, de esparcimiento. Y lo que vuelve tremendamente potente a esta pieza musical es que no es panfletaria, no busca querer decir esto está bien y esto está mal. Es una historia donde todo vive en una gama de grises. Y realmente se nos obliga a cuestionar quién está parado dónde, qué pensamos de la perspectiva de cada uno de los personajes, de cada uno de los bandos en la historia e, inevitablemente, cuestionar y cuestionarnos a nosotros como agentes sociales y políticos en nuestro país.

Hace 10 años que trajo Urinetown la tecnología no era la misma. ¿Cómo ha ido ajustándola, en términos de escenografía, iluminación, el sonido, que es tan importante en un musical?

Una de las razones por las que hago teatro es porque me interesa rescatar las partes artesanal y humana de la existencia misma. Y por eso el teatro que hago siempre trato de que sea, valga la redundancia, muy teatral; un teatro que recupera la esencia de lo que significa este arte: la presencia de un actor y su conexión con el público que lo está viendo. Y partiendo de este principio fundamental, aderezarlo de cosas que son realmente necesarias para potenciar la experiencia del público.
En algunos sentidos diría que incluso somos una compañía un poco antitecnológica, no nos gusta usar pantallas, grandes despliegues de tecnología de punta, porque creemos que el teatro funciona mejor cuando regresamos a sus raíces, donde aceptamos que es una forma artística que vive mejor y que florece en la metáfora y en el símbolo, y donde el uso de estos elementos de una forma teatral engendra una complicidad con el público que realmente hace que se diferencie del entretenimiento que tenemos a la mano en el celular, en la televisión, en otras formas artísticas que trabajan de manera distinta”.

Muchas obras escénicas contemporáneas están recurriendo no obstante a la tecnología.

En muchos sentidos, para mí el error del teatro ha sido tratar de perseguir eso, y más aún en el mundo en que vivimos, donde la inmediatez es la norma, la regla y la expectativa. Yo defiendo la idea de que el teatro es una de las últimas fortalezas en contra de esta avalancha de inmediatez y de desconexión; donde realmente venimos a respirar el mismo aire y a compartir tiempo y espacio con un grupo de humanos, de la misma forma en la que lo hicimos desde que nos convertimos en la especie en que nos convertimos. Es eso: un rito gregario, un rito donde venimos a analizar lo que somos y lo que sentimos en un momento presente y a palpitar y a respirar juntos. Es mi esperanza. Podemos ir caminando hacia allá, a una reapreciación del teatro como este espacio que está fuera e inafectado por esta avalancha de tecnología que nos está consumiendo en todos los otros ámbitos de nuestra vida.

Y en el aspecto humano, ¿cómo ha evolucionado en cuanto a elenco Urinetown?

Pues solamente hay un elemento dentro del elenco que se mantiene desde la primera producción, Lalo Siqueiros, el oficial Lockstock; hay dos personas más que se unieron muy pronto en las temporadas, José Grillet y César Ramos. Todos los demás son nuevos a esta historia. Tenemos personas extremadamente talentosas y potentes que se han vuelto parte fundamental de la compañía: Flor Benítez, Jimena Parés, Gaby Castillejos; con algunos nunca habíamos trabajado: El Guana o Gabriel Navarro. Hemos creado una compañía heterogénea, pero muy unida por el hambre de contar esta historia y por el hambre de hacer teatro como el que hacemos: teatro arriesgado, teatro político, teatro inherente y potentemente teatral. Ha sido uno de los grandes aciertos que logramos como equipo: el contar con este maravilloso elenco, el que más potentemente ha logrado contar esta historia en 10 años.

Recuerdo que en alguna temporada vinieron a ver su montaje al Milán Mark Hollman o Greg Kotis. ¿Qué es para Miguel Septién diez años después Urinetown, el musical?

Es un musical para la gente que ama los musicales; es un musical para la gente que odia los musicales. Es un musical con el que es imposible ser indiferente y, afortunadamente no nada más ser indiferente, sino que es bastante difícil no gustar de y no engancharse con. Es una de los de las piezas de teatro musical contemporáneo mejor construidas; con música impecable, con una trama emocionante y punzante y con una construcción maestra, tanto por parte de Greg Kotis, que hizo el libro del musical, la estructura del musical, y de Mark Hollman, que hizo la música y las letras. Son un equipo fenomenal ellos dos juntos; seguimos teniendo el contacto con ellos, se han vuelto grandes amigos de la compañía y a nivel personal, y vendrán de nuevo a ver esta puesta en escena actual.

¿Y qué aportó el montaje de Miguel Septién e Ícaro Teatro a Urinetown, el musical?

Lo que hacemos es tomar la esencia de Urinetown, potenciarla a la enésima potencia y tratar de salpicarla del sabor mexicano que solamente nosotros podemos imprimirle; el entendimiento que tenemos del melodrama, el entendimiento cultural que tenemos del cuerpo y de la fisicalidad como mexicanos y latinos. Robándome un poco las palabras de Greg cuando la ha visto, es una puesta en escena feroz, arriesgada y muy dinámica, que les va a encantar cuando la vean renovada y reconstruida.

SLL

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José Juan de Ávila
  • José Juan de Ávila
  • jdeavila2006@yahoo.fr
  • Periodista egresado de UNAM. Trabajó en La Jornada, Reforma, El Universal, Milenio, CNNMéxico, entre otros medios, en Política y Cultura.
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