Con éxitos como “Drivers License” y “Good 4 U”, que superaron las mil millones de reproducciones, Olivia Rodrigo, de 23 años, construyó una carrera sobre la base de dos impulsos musicales complementarios: baladas de rock apasionadas y un pop-punk exasperado. En sus dos primeros álbumes, Sour y Guts, sus canciones tenían objetivos; la furia que canalizaba dio en el clavo y generó una legión de jóvenes fans femeninas.
Ahora, del otro lado de lo que Rodrigo llama su primera “relación adulta”, el tercer álbum de la artista, You Seem Pretty Sad For a Girl So in Love, que sale el 12 de junio, da un paso atrás para después acercarse.
A lo largo de 13 canciones, Rodrigo analiza una relación fallida desde el inicio hasta la ruptura con detalles en tiempo real: la adrenalina de una nueva conexión (“Drop Dead”, que debutó en el número 1), el dejarse ir y enamorarse profundamente (“stupid song”, “u + me = <3”), las inquietudes inexplicables (“Maggots for Brains”, “My Way”), las revelaciones que revuelven el estómago (“Begged”) y la aceptación del final (“Cigarette Smoke”).
Al principio, quería escribir sobre un nuevo estado de felicidad de una manera que no resultara aburrida. “Fue para mí una tarea abrumadora ”, comentó Rodrigo a Popcast, el programa de cultura pop de The New York Times. Como “alguien muy conocida por escribir canciones sobre rupturas y por estar enojada y triste, —aseguró—. Quería demostrarme que no tenía que sentirme miserable para escribir una canción que me gustara”.
A mitad del proceso de composición del álbum, su historia personal dio un giro. Al trabajar en su tercer LP consecutivo con Dan Nigro, productor y colaborador en la composición de canciones, Rodrigo volvió a meter mano al material para contar una historia más auténtica.
“Después de escribir canciones sobre rupturas, pasamos al divertido reto de mirar atrás y ajustar algunas de las canciones de amor del disco para hacerlas un poco más honestas, tristes y aterradoras”.
Rodrigo citó como fuentes de inspiración tanto a Pura Pasión, de la Nobel Annie Ernaux, como a Sex and the City, específicamente la relación entre Miranda y Steve.
“Me inspiraron mucho las distintas formas en que el amor te vuelve loco y te hace sentir miserable”, expresó Rodrigo. Para reflejar ese sentir, optó por una paleta de “new wave” de los 80 que tiene un rango más vibrante y complejo que el rock enérgico en el que se había apoyado hasta ahora.
En la conversación, Rodrigo habló de las distintas maneras en que su proceso creativo se cruza con el ruido externo del superestrellato, como lidiar con el drama de las relaciones laborales; las acusaciones de que plagia gestos de composición de Taylor Swift, su antigua ídolo; ser el blanco de críticas por su forma de vestir o su disposición a hablar abiertamente sobre causas políticas y sociales de una manera que muchos de sus pares no lo harían.
—¿Escribes esas cosas en tiempo real mientras las estás experimentando? —
En gran medida es un proceso cronológico y sigue el orden de cómo sucedió en mi vida. Es la primera vez que me pasa. Escribo canciones para procesar mis sentimientos, así que todos los días cuando me siento al piano o voy al estudio, es como: “¿Qué es lo que me quema por dentro y necesito decir en este momento?”.
—¿Cuándo te diste cuenta de que tenías un final?—
Siempre sentí cierta curiosidad por extraer esos sentimientos deprimentes de las canciones de amor. Creo que al principio pensé que así iba a ser el disco, solo canciones de amor, pero tratando de inyectarles algo de tristeza. Luego, por supuesto que la tristeza se fue colando hacia el final de una manera más real o completa.
—La canción “Maggots for Brains” me hizo pensar: “Esta es una canción muy Miranda”.—
Sí, es de la escena en que Miranda vuelve con Steve y le dice: “Cada vez que pasa algo divertido, quiero contártelo” y es una de las frases del segundo verso. Es una de mis canciones favoritas del disco.
“Me encanta el rock y le tengo un enorme respeto; es lo único que realmente escucho. Pero creo que, al adentrarme en él, no me emocionaba mucho: el rock en el sentido tradicional de, ya sabes, acordes potentes, distorsión. Pero una canción como esa me parece alternativa sin ser como “I Love Rock ‘n’ Roll” de Joan Jett. Era de una manera más sutil y eso me emocionaba más que escribir algo realmente explosivo”.
—Hay ciertos momentos que se sienten entre el 82 y el 85; algo de The Cure, un poco de Talking Heads, Devo. ¿Qué te transmiten esos sonidos y estilos que no te transmite el pop-punk con el que habías experimentando?—
Había algo en esa restricción que me gustaba. Estaba realmente obsesionada con ese tipo de música mientras la creaba. Toqué en Glastonbury con Robert Smith, fue una locura. Siempre había sido fan de The Cure; desde que lo conocí y pude pasar tiempo con él, volví a escuchar a todas esas bandas de “new wave”.
En ese momento vivía en Inglaterra, me inspiraron mucho las bandas inglesas. Para mí, al componer, el sentimiento siempre viene primero. Sabía que quería escribir canciones sobre cómo se siente estar enamorado. El amor se siente así para mí: esa vibra, la calidad emocional que tiene.
—Haces alusión a “Just Like Heaven” en “Drop Dead”, la primera canción. Luego hay una canción que se llama “The Cure”. ¿Qué significa esa canción para la historia del álbum?—
Esa canción es la tesis del álbum; recuerdo haberla compuesto y sentirme muy emocionada, como diciendo: “OK, ya sé lo que estoy tratando de decir”. A lo largo de mi vida y de esta relación de la que hablo, me di cuenta de que los temas que uno tiene por resolver no los va a arreglar alguien más.
Creo que enamorarse hace que esos problemas se aclaren más. Al enamorarte y mostrarte como eres, con tus errores y defectos, te conoces de una manera más profunda e íntima. También estaba tratando de descifrar eso. Estaba en una relación que por primera vez se sentía real e íntima y pensaba. Fue una revelación difícil y creo que eso ve plasmado en “The Cure”. Es el punto culminante del álbum y que en todas las canciones de amor que lo preceden hay un indicio de, digamos, insatisfacción. Cuando se llega a “The Cure”, todo el artificio se desvanece.
—¿Cómo ves a la distancia “Guts”, tu segundo álbum?—
Viendo hacia atrás, siento mucha compasión por mí misma. “Sour” fue una locura. En ese momento, no me di cuenta del nivel de locura. Tenía 17 años cuando todo pasó. Así que siento mucha compasión por mí misma, fue una presión enorme. Cuando lancé “Guts”, pensaba: “Dios mío, nunca voy a hacer nada tan grande y tan bueno como “Sour””. Mirando hacia atrás, estoy muy orgullosa de muchas de esas canciones. Creo que “All-American Bitch” es mi canción favorita de todas las que he escrito. Con “Bad Idea”, recuerdo haber pensado: “Es demasiado rara”. Ahora me encanta esa canción. El simple hecho de tomar un poco de distancia cambia totalmente tu perspectiva. Estoy muy orgullosa de ambos discos. No creo que me arrepienta nunca de escribir con honestidad sobre dónde me encuentro en mi vida.
—¿Qué es lo más difícil que te ha tocado vivir y que tu carrera te impidió afrontar adecuadamente?—
He tenido una vida muy afortunada, no me ha pasado nada realmente feo. Esto no es en absoluto un “pobre de mí”, pero creo que me da tristeza no haber tenido realmente una infancia.
Eso es algo bastante importante.
Estoy en paz con eso, pero sí, es un poco triste. Se manifiesta de ciertas maneras con el tiempo: en el tipo de interacciones y de relaciones. Es un sube y baja; tengo una de las vidas más increíbles, puedo viajar por el mundo y tener todas estas experiencias fantásticas, pero no fui a la secundaria, no tuve un buen grupo de amigos como los que se tienen en la secundaria.
—¿Te costó hacer amigos?—
Ahora tengo un grupo de amigos increíble, por lo que me siento muy afortunada y agradecida, pero sí siento que estoy muy adelantada en algunas áreas y atrasada en otras. Como fui hija única y estudié en casa, tuve una infancia muy solitaria y creo que por eso escribí tantas canciones. Me hacía sentir menos sola y me hacía sentir comprendida.
—¿Cómo has superado lo que supongo fueron momentos bastante difíciles, con tu visión creativa puesta en duda?—
Sí, fue un momento muy difícil a nivel personal, pero no sé, soy una fanática, amo la música y nadie puede quitarme eso. Suena muy cursi, pero la amo y me siento muy afortunada de poder hacer lo que hago. Seguro seguiría componiendo canciones aunque nadie las escuchara y todos las odiaran, porque es lo que me encanta hacer.
—Creo que algo que diferencia a esta generación de estrellas pop es la comodidad con la que expresan sus posturas políticas y usan ese escenario para hablarles a los fans más jóvenes e impresionables. Te pronunciaste sobre la revocación de Roe contra Wade, en contra del uso de tu música por parte de Trump, en contra de ICE y has hablado sobre Gaza.—
—¿Has recibido alguna reacción negativa tras bastidores que te diga que eso es un riesgo para tu carrera?—
Honestamente, siento que estoy rodeada de gente que piensa igual que yo, y eso lo valoro mucho. Nadie me ha dicho nunca: “No hagas eso”. Trato de mantenerme informada sobre las cosas, pero no lo sé todo. Soy una artista, lo que hago en mi trabajo es expresar “así es como me siento” y así lo presento a la gente. Sería falso decir: “No me duele el corazón por lo que está pasando en Gaza”. ¿Me explico? Siempre siento que podría estar haciendo más y diciendo más.
AH
