Durante la pandemia, Kike Jiménez vivió "un evento fuerte" que redefinió su manera de entender y hacer música: la muerte del hermano de un amigo, “un gran productor y músico”. En el funeral, sus canciones sonaron como homenaje, generando un ambiente “emotivo” entre los asistentes.
La lúgubre experiencia llevó al cantautor jalisciense a reflexionar sobre el sentido de su arte. “Dejar mensajes que la gente pueda hacer suyos y que los acompañen en momentos duros o felices”, cuenta en entrevista con MILENIO.
Con esa misión personal, Kike avanza en su camino creativo: además de evolucionar como solista, recientemente volvió a formar parte de una banda, Los Daniels, desde el pasado marzo.
“Ha sido mucho trabajo, inversión energética y resiliencia integrarme al proceso creativo de una banda que ya venía caminando. Me siento agradecido de tener dos herramientas fuertes para expresarme”.
Kike Jiménez y la necesidad de vaciar emociones
La madurez es, para Kike, una búsqueda constante. "Ya no soy la persona que empezó en 2015, ni de broma", dice, aludiendo al año que despuntó a nivel mediático tras formar parte del reality La Voz México 2014, donde quedó en segundo lugar como parte del equipo de Laura Pausini.
Y aunque no es el mismo de antes, está en paz con su pasado. Incluso orgulloso. "Son canciones con mensaje —afirma—. Es bonito ver la evolución desde mi primer sencillo, Aquí y ahora, hasta este momento".
Se define como "una persona clavada" con su trabajo. Alguien de alta autoexigencia. "Más de la que me gustaría", reconoce. Pero esta forma de ser lo ha llevado, mayormente, "a buenos lugares", por eso aconseja hacerse amigo de la disciplina.
También de la vulnerabilidad. "Primero, una canción la hago por mí, para vaciar lo que vivo. Y una vez que la saco, que la gente la escucha, deja de ser mía. Es un proceso sanador, no tengo problema en compartirme como soy", explica.
De ahí que no tenga reparo en contar la historia detrás de su reciente sencillo, Tú. "Esta canción se escribió sola: en un momento estaba muy conectado con alguien y fue fácil escribir desde ese sentimiento".
Después vinieron los arreglos, sobre todo "ese solo de sax que tanto me gusta", que ya implicaron más tiempo. También colaboraron El Rich en la producción, Alex Ponce en la mezcla y Roy Rivera en el arte.
"Lo que más me llena el alma es poder transmutar mis sentimientos y convertirlos en arte. Esa forma de expresarnos que nos permite vaciarnos de esos sentimientos y vivir más tranquilos, más ligeros", apunta Kike sobre la esencia de Tú, disponible para escucha en plataformas digitales como Spotify, YouTube y Apple Music.
Entre algoritmos, redes y resiliencia
Entendiendo que la industria musical atraviesa “un momento muy peculiar”, marcado por algoritmos que a veces benefician y otras marginan, Kike asegura que “no debes tomar personal absolutamente nada”.
Beneficiado y perjudicado por igual, señala que "no porque una rola no salga como pensaste quiere decir que tu proyecto es un fracaso. Nada define nada, realmente". Lo importante, dice, es "continuar, seguir el camino".
"Si haces las cosas esperando un resultado, sufres más el proceso", reflexiona el músico, quien califica como su "fracaso más chingón" el no haber ganado La Voz en 2014, porque eso le permitió viajar a Italia para trabajar su primer sencillo junto a Laura Pausini.
Sobre su rol en redes sociales, trata de "estar al pendiente y hacer lo que está en mis manos". No se asume como un influencer. Ni siquiera le atrae la idea de hacer dos o tres videos al día. Aunque procura mantener a sus miles de seguidores —100 mil en Instagram, 67 mil en Facebook, 30 mil en YouTube y 28 mil en TikTok— informados de su trabajo.
"De hecho, paso más tiempo en el celular y compu de lo que me gustaría. Pero al final es mi proyecto y haré todo lo que esté en mis manos para que viaje. Es hacer las paces con la realidad".
Parte de esa filosofía la ha construido de manera empírica, influenciado por referentes como el 'Rey Lagarto', Jim Morrison; cuenta una anécdota: "Fui a su tumba en París y me sorprendió que había gente un martes a las 10 de la mañana... Nunca sabes de qué forma impactas la vida de la gente".
El escenario como lugar feliz
El enfoque de “dar mensajes que puedan alentar a la gente” no inhibe cierta oscuridad en el cantante de 35 años. “Si un día no me siento chido, lo habito, lo reconozco y trato de darle la vuelta”, confiesa. Pocas veces ha externado esos pensamientos.
Pero convive con ellos. Y, a veces, lo encauzan. “Siempre recuerdo por qué hago música... Tuve momentos fuertes en mi adolescencia, perdí a mi papá y a mi carnal, y desde entonces necesité sacar mis ideas y vivencias en forma de música. Al principio no sabía muy bien cómo, porque no estudié, pero siempre fue desde un lugar muy real”.
De ahí que defina su voz como “visceralmente melódica”: una forma de cantar que, más allá de las letras, emana sentimientos desde sus tonos; cuando duele, se siente, y cuando celebra, traspasa la euforia.
“A mis 35 hay pocas cosas que me sorprenden, pero en esta nueva etapa se están abriendo puertas muy locas. Formar parte de este proyecto (Los Daniels) me hace sentir ilusionado. También me da paz seguir desarrollando mi proyecto solista”, añade el admirador de la banda británica Nothing But Thieves.
Tras años de escenarios, canciones, viajes, pérdidas, reinvenciones y, sobre todo, mantenerse genuino, Kike tiene clara su definición del éxito: "Vivir de mi música, de shows, regalías, colaboraciones. Vivir de mi voz. Agradezco los hábitos que he tenido para seguir viviendo de ello. No hay lugar más feliz para mí que el escenario".
hc