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“Miss Sarajevo” de U2: la música que acusó a la guerra y hoy en día sigue resonando

U2 retrató en una canción la brutal contradicción de una ciudad sitiada celebrando un concurso de belleza; aquella metáfora de resistencia sigue resonando hoy.

La música siempre fue el espejo cruel que pocos quieren enfrentar. Cuando los poderosos lanzan tanques, bombas o decretos, algunas voces toman una guitarra, una lírica o una melodía y la convierten en grito. Un grito que no pide permiso. Que llama a las cosas por su nombre.

En 1995, U2 lanzó “Miss Sarajevo”: una canción conmovedora sobre la barbarie de la guerra de Bosnia, donde, mientras un asedio transformaba una ciudad en un cementerio urbano, se celebraba un concurso de belleza como símbolo casi kafkiano de resistencia. Bono preguntaba con dolor: “Is there a time to keep a distance?” (¿Hay un momento para mantener distancia?), una acusación directa a la indiferencia global frente al sufrimiento.

No es un caso aislado. U2 ha sido uno de los grupos más claros en señalar intervenciones y crisis desde “Sunday bloody sunday”, una denuncia de la violencia en Irlanda del Norte, hasta “Bullet the blue sky”, inspirada en el impacto de la intervención estadunidense en Centroamérica.

La música de protesta tiene historia. Desde “Masters of war”, de Bob Dylan, que desenmascaró la locura del armamentismo en plena Guerra Fría, hasta “War pigs”, de Black Sabbath, que calificó a la guerra como negocio de generales y políticos.

Estas canciones no solo relatan hechos: acusación, rabia y memoria corren por sus venas. Son discursos en forma de himno que reprimen la historia oficial y ponen en evidencia aquello que muchos gobiernos prefieren obviar.

U2 retrató en una canción la brutal contradicción de una ciudad sitiada celebrando un concurso de belleza; aquella metáfora de resistencia sigue resonando hoy.
“Miss Sarajevo” se convirtió en un himno antibélico. Especial

Hoy, esas mismas verdades urgen más que nunca. En Europa del Este, la invasión rusa a Ucrania, iniciada el 24 de febrero de 2022, continúa siendo uno de los conflictos más sangrientos de este siglo.

Millones han sido desplazados y se estima que cerca de 6.9 millones huyeron a países vecinos, mientras otros 3.7 millones permanecen desplazados dentro del país.

Los fríos números de las estadísticas no dicen lo que significa ver familias enteras desintegrarse al son de explosiones. Pero las cifras sí hablan de una tragedia humana de dimensiones colosales: más de 12.7 millones de personas necesitan asistencia humanitaria y la infraestructura social está colapsada.

En el Medio Oriente, la guerra en Gaza –que se intensificó con la invasión israelí al enclave tras los hechos de octubre de 2023– ha dejado un rastro devastador de destrucción.

Más de 68 mil 500 personas han sido reportadas muertas y se habla de impactos masivos sobre civiles, sobre viviendas, escuelas y hospitales.

Mientras tanto, la comunidad internacional debate, condena o aplaude, según le convenga, pero rara vez actúa con la contundencia moral que la tragedia exige.

En este contexto, las canciones que llamaron a las cosas por su nombre siguen teniendo relevancia. “Zombie”, de The Cranberries, escrita tras atentados del IRA, fue reinterpretada por usuarios como símbolo de resistencia durante la invasión a Ucrania.

Las letras, cuando son honestas, no tiemblan frente a los invasores ni frente a las omisiones. No buscan la neutralidad hipócrita de quienes, desde despachos lejanos, hablan de “zonas de influencia” mientras ciudades arden. No.

Estas canciones son denuncia: convicción de que el arte verdadero también debe señalar culpables, retratar víctimas y exigir acciones.

Son un recordatorio de que la música, la cultura y la crítica social tienen un papel más allá del entretenimiento: son instrumentos de conciencia.

Porque cuando una canción dice “esto es guerra”, la mayoría solo quiere bailar. Pero la música de protesta –esa que desafía, incomoda y mueve conciencias– continúa siendo un acto de valentía en un mundo que a menudo prefiere mirar hacia otro lado.

Y quizá ahí, justo entre una guitarra eléctrica y una voz que grita verdad, sea donde encontremos la brújula moral que falta en las salas de poder.



nrm

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Carlos Garza
  • Carlos Garza
  • Productor, creador de contenidos y locutor con 35 años al aire. Desde 1990 ha dado voz a innumerables entrevistas con artistas internacionales y ha impulsado proyectos de radio en México y Estados Unidos. Su trayectoria combina experiencia, técnica y una inquebrantable pasión por la comunicación.
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