Imagina que naces siendo una rubia californiana de piel bronceada. De adolescente, mientras trabajas de cajera, decides convertirte en actriz; no conoces a nadie en la industria del entretenimiento, así que te presentas a un concurso de belleza para llamar la atención de un agente, y ganas.
Al cabo de un año, apareces en televisión en anuncios de jabón y papeles de rubia despampanante. Así se llama tu personaje en una serie: "La rubia despampanante Tú la llamas Bárbara".
Llegan las películas: unas malas y algunas mejores. Hay cheques millonarios, portadas de revistas, nominaciones a premios. Te alejas durante años para cuidar de tu joven familia, pasa una década.
Luego dos, ya eres abuela, pero sigues siendo querida, deseada. Y los papeles, los que eliges con cuidado, siguen siendo complejos. Ahora puedes relajarte, segura de tu talento, de tu éxito. A menos que seas Michelle Pfeiffer.
Participaciones de Pfeiffer
Pfeiffer no ha participado de forma sustancial en una serie desde la década de 1970, pero esta primavera tiene dos:
- The Madison, un lacrimógeno drama de Taylor Sheridan que se estrena hoy en Paramount+.
- Margo’s Got Money Troubles, una disparatada y tierna comedia dramática que se estrena el 15 de abril en Apple TV+.
Ambas muestran a una actriz experta en el manejo de sus talentos, y provocan su típica inquietud.
“Siempre me enfrento a un papel con cierta inquietud, porque nunca sé muy bien cómo voy a hacerlo. Me encantaría poder hacer a la ligera algunas de estas cosas”, aseguró en un almuerzo. Sonaba ligeramente arrepentida.
“Por eso es la actriz que es. Nunca se ha quedado de brazos cruzados en ningún papel de su carrera”, comentó Christina Alexandra Voros, que dirigió todos los episodios de The Madison”.
Tras casi cinco décadas de carrera, Pfeiffer intenta aprender otros hábitos: dejarse llevar un poco más, desvanecerse un poco menos en sus papeles, resistirse a la costumbre de obsesionarse.
Conocí a Michelle Pfeiffer un día despejado de febrero en un restaurante de Santa Mónica. El interior era fresco y estaba desierto, lo que significaba que ella podía disfrutar del relativo anonimato que prefiere. Mis ojos tardaron un poco en adaptarse a su tipo de belleza que aturde y entorpece a una persona.
La actriz nunca se ha sentido cómoda comercializando su belleza, tampoco con la prensa. Tolera las entrevistas mejor que antes, y hablar de su trabajo con una desconocida es una forma muy leve de tortura.
“Es emocional. Empiezo a sentir ansiedad por estar expuesta”, expresó.
Si la belleza (indiscutible, a menos que seas Michelle, que ha dicho que su rostro parece el de un pato) explica parte de la fascinación que ejerce en pantalla, aún más convincente es la tensión emotiva que aporta a sus personajes, que sienten profundamente aunque intenten proteger y retener esos sentimientos.
Además, empezó a actuar a muy temprana edad. De niña, en lo que ella llamaba “un hogar impredecible”, interpretaba su personalidad y se comportaba de formas que creía que la mantendrían a salvo.
En muchas de sus mejores interpretaciones; por ejemplo, en “Relaciones peligrosas” (1988) o “Los fabulosos hermanos Baker” (1989), subyace la cautela de una niña, el miedo a resultar herida.
Su actitud hacia el trabajo siempre ha sido un estira y afloja. Tras aquellos primeros años de rubia despampanante, se mostró cuidadosa con los papeles que aceptaba. (Un agente la apodó La señorita No).
En los 2000, casada con el prolífico guionista y productor David E. Kelley y madre de dos niños pequeños, rechazaba ofertas que perturbaran su vida familiar. Le encantaba la maternidad y estaba agradecida por el modo en que atenuaba su tendencia a obsesionarse con el trabajo.
“Te obliga a salir de tu narcisismo. Fui una persona mucho más feliz cuando me convertí en madre”, afirmó.
Cuando sus dos hijos ingresaron a la universidad, volvió a dedicarse a la actuación. En 2017, aceptó su primer papel importante en televisión en décadas, como Ruth Madoff, la esposa del estafador financiero convicto Bernie Madoff en la película de HBO “El mago de las mentiras”. Rápidamente le siguieron varias películas.
Volvió a pesar de que tenía sentimientos encontrados sobre la industria y cómo trataba a las mujeres, mayores, pero al igual que la maternidad fue un respiro del trabajo, este había sido un respiro de las preocupaciones de una mente hiperactiva.
“Ha sido un gran regalo y me ha ayudado a superar muchas cosas. Simplemente estoy ocupada de una mejor manera”, comentó.
La matriarca millonaria
Ahora está muy ocupada, sobre todo en The Madison, que Sheridan escribió para ella.
“Necesitaba una mujer con una verdadera fuerza interior y un profundo pozo emocional”, escribió Sheridan en un correo electrónico.
Pfeiffer interpreta a Stacy Clyburn, la matriarca de un acaudalado clan de Manhattan que se muda a Montana tras una tragedia personal.
Michelle y su personaje se describen a sí mismas como chicas de ciudad, donde se benefician de largos y amorosos matrimonios. Pero con la mimada Stacy, que aprende a ser autosuficiente mientras usa una pijama de seda, le costó encontrar una parte de sí.
Beau Garrett y Elle Chapman, que interpretan a las hijas de Stacy, se maravillaron de la naturalidad de Pfeiffer en el personaje y de su seguridad en el set.
“Tiene una gran seriedad. La gente se calla cuando ella está cerca”, afirmó Garrett, por lo que añadió que era un privilegio que Pfeiffer le gritara en las tensas escenas familiares.
Chapman hizo eco de esa opinión: “Tiene una mirada que puede desarmarte por completo”, dijo con admiración.
Pero la naturalidad no surge de forma natural, o al menos no del todo. Kurt Russell, que interpreta al marido de Stacy, trabajó anteriormente con Pfeiffer en el cuestionable thriller de 1988 Tequila Sunrise.
“Parece que lo hace sin esforzarse, pero no es así en absoluto”, dijo en una entrevista.
Sheridan también vio el costo. “Sinceramente, no sé cómo pudo Michelle acceder a ese nivel de emoción toma tras toma, y día tras día. Una actriz de su talento y habilidad podría haber sacado fácilmente cualquier cantidad de trucos bajo la manga, pero no lo hizo. Ni una sola vez. Se obligó a aceptar el sufrimiento”, afirmó.
La serie con su esposo
The Madison rodó dos temporadas de seis episodios, con un año de diferencia. Entre esas grabaciones, Michelle Pfeiffer hizo la primera temporada de “Margo tiene problemas de dinero”, basada en la célebre novela de Rufi Thorpe.
La serie trata de una joven, Margo (Elle Fanning), que queda embarazada y se mantiene como modelo de webcam. Pfeiffer interpreta a Shyanne, la madre de Margo, una antigua mesera de Hooters que ahora está comprometida con un pastor de jóvenes.
Su esposo, David E.Kelley, creó la serie; es la primera colaboración significativa de Pfeiffer con él desde que interpretó un papel en su película de 1996 “Para Gillian en su cumpleaños”.
Cuando Kelley leyó la novela, supo que para Shyanne necesitaba una actriz que pudiera ser a la vez despreciable y adorable, que pudiera decir de forma creíble: “Soy malísima en todo menos en ser guapa”, que pudiera despertar simpatía aunque la repeliera.
“No podía ver a nadie más que a ella interpretando a Shyanne”, aseguró Kelley en una entrevista.
En el libro, Shyanne sólo aparece brevemente, así que Pfeiffer aceptó, sin saber que el papel se ampliaría para incluir escenas de humillación en tiendas departamentales y fiestas de despedida de soltera.
Aunque en The Madison luchó con la elegancia de Stacy, con Shyanne le resultó más fácil adoptar su aspereza y su preferencia por la ropa de cuero sintético.
Pfeiffer, que creció en el condado de Orange, no lejos de donde vive Shyanne, había conocido a mucha gente como ella, a los que les tocó una muy mala suerte en la vida e hicieron lo mejor que pudieron con lo que tuvieron.
“No me costó mucho ponerme en su lugar”, aseguró la actriz.
Elle Fanning, que trabajó por primera vez con Pfeiffer en la película de 2001 “Yo soy Sam”, se maravilló del “asombroso equilibrio de lucha y vulnerabilidad” que aportó al papel, así como de su don para la espontaneidad.
“Cuando ves a Michelle, nunca sabes cómo va a actuar”, escribió Fanning en un correo electrónico.
Pfeiffer se siente bien con estas recientes actuaciones; tan bien como ella permite sentirse, al menos. Siempre ha desaparecido en sus papeles, pero esta vez, como iba y venía entre proyectos; se tomaba tiempo para visitar a su marido, a su hija y a su nieta, no pudo hacer su habitual acto de desaparición.
“Si quieres sobrevivir, tendrás que encontrar la manera de hacer esto y disfrutar de tu vida sin desaparecer”, explicó. Parecía segura de sí misma.
Era el final de la entrevista y ya se había expuesto lo suficiente. Unos minutos después se escabulló entre las sombras del restaurante y luego volvió a salir al sol.
KL
