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El periodismo feminista frente al poder: así se armó la denuncia contra Julio Iglesias

Un equipo de periodistas documentó las denuncias de agresión sexual contra Julio Iglesias y construyó una investigación que puso la seguridad de las víctimas por delante del poder.

DOMINGA.– El señor resultó un truhán. Dos trabajadoras de sus mansiones en República Dominicana y Bahamas denunciaron las agresiones sexuales y explotación laboral que sufrieron mientras fueron sus empleadas. Todo empezó hace tres años y, desde entonces, la periodista Elena Cabrera no ha hecho más que pensar en Julio Iglesias. Durante meses revisó archivos en papel, audio y video; habló con personas que lo conocen o trabajaron con el cantante; consultaron abogados, periodistas, activistas, expertos en derecho internacional y seguridad digital.

Las últimas semanas de 2025 Elena Cabrera las dedicó a revisar, verificar y volver a verificar, y dejar todo bien amarrado: una denuncia de agresiones sexuales contra el cantante más famoso de España –“el español más internacional”, como lo llama la prensa en este país– no podía tener un solo cabo suelto. Por encima de todo había una prioridad: procurar la seguridad de las mujeres que, con gran valentía, denunciaron al intocable Julio Iglesias.

“Es cierto que hay muchos ángulos de esta historia, pero si hemos dado nuestra primera información enfocada en los testimonios de estas mujeres, es porque decidimos ponerlas a ellas en el centro”, explica la periodista y además redactora jefa de Cultura en el independiente elDiario.es.
Piden retirar premios a Julio Iglesias por denuncias de agresión y trata
Dos trabajadoras acusan de agresión sexual y explotación laboral a Julio Iglesias | EFE


Esta no era una tarea fácil. Escuchar a las víctimas hablar sobre el cantante y decir entre sollozos frases como “él me pone a chuparle el pito para no sentir dolor”, “también en ese momento me abofeteaba durísimo la cara, así con muchísima fuerza”, o “nos decía: si una de ustedes dice algo de mí, nadie les va a creer”, puede ser un tesoro para el periodismo que busca escándalo y muchos clicks; pero publicar los testimonios sin perder de vista al eslabón más vulnerable de esta historia, las mujeres que denunciaron, requería de una visión diferente, a largo plazo.

“Después de conversar con ellas durante un año en diferentes ocasiones, vimos que les creíamos cien por ciento, que sus testimonios a lo largo del tiempo se repetían sin contradicciones; nos proporcionaron pruebas que documentaban lo que nos decían y fuimos a buscar otros testimonios que lo corroboraran”, relata la periodista. “Quisimos que esto fuera una vía para que ellas encuentren reparación: había que cuidar su testimonio, que fuera confiable y que el público les creyera [...]. Pusimos el periodismo a disposición de la transmisión de la veracidad de la historia”.

Publicada el 13 de enero por elDiario.es, en conjunto con Univisión, la investigación es una muestra de cómo el periodismo feminista puede cuestionar al poder, visibilizar la impunidad y generar debate público, poniendo la seguridad de las víctimas como prioridad. Esta es la historia de cómo se armó una investigación con perspectiva de género sobre los abusos de uno de los hombres más poderosos del mundo de habla hispana.

Armar una investigación de abuso sexual contra Julio Iglesias

La investigación contra Julio Iglesias duró más de tres años
La investigación periodística sobre las denuncias contra el cantante Julio Iglesias duró más de tres años | REUTERS/Brian Snyder/File Photo


La primera pista llegó en enero de 2023
: una persona cercana a estas mujeres decidió llamar a la redacción en Madrid, y Elena respondió. La historia que le contaron fue, en términos generales, muy parecida a la que se publicó pero venía de una fuente indirecta, no de alguien que hubiera trabajado con el cantante. Seguir el hilo de un caso tan difícil, para cuya comprobación se necesitaría una gran cantidad de testimonios directos y evidencias, requiere tiempo y recursos. De inicio, habría que buscar a las víctimas en varios países latinoamericanos.

Tras conversarlo con Ignacio Escolar, el director de elDiario.es, Elena Cabrera puso manos a la obra. Más tarde se sumarían a la investigación otras tres periodistas del medio: Ana Requena, redactora jefa de Género; María Ramírez, subdirectora, y Natalia Chientaroli, jefa de información y redactora jefa de Sociedad.

Después de varios meses de gestiones, Elena logró que algunas mujeres aceptaran dar su testimonio. Dos de ellas aparecen en el reportaje: una empleada del servicio doméstico, a quien llamaron Rebeca, y una fisioterapeuta, bajo el nombre de Laura. Ambos nombres son ficticios para protección de estas mujeres que trabajaron para el cantante en 2021; sin embargo, muchas otras aceptaron conversar con la periodista, siempre confirmando las situaciones que se vivían en lo que Rebeca describió como “la casita del terror”.

De acuerdo con los relatos, la aproximación de Iglesias a las trabajadoras sucedía en algún momento de su jornada laboral, cuando se encontraban solos. Él iniciaba conversaciones íntimas, “¿te has operado los pechos?” o “¿te gustan las mujeres, los tríos?”, para después citarlas en su habitación por la noche.

Las mujeres narran cómo la dinámica de la casa, con jornadas extenuantes de trabajo, sin días de descanso, con prohibición para ver a personas fuera de la propiedad, con control sobre lo que publicaban en redes sociales, y hasta sobre lo que comían, fue creando una presión para acceder a todo lo que pidiera “el señor”.

Dijeron sentirse obligadas a hacerlo. El señor le pregunta a Laura si sus pechos son operados y, cuando ella dice que sí, pide que se levante de la silla y los muestre. En ocasiones, se los pellizca. A Rebeca le penetra la vagina con las manos con violencia. Ambas describen un enorme dolor.

“Si hubiéramos publicado las entrevistas sin más, no habríamos ayudado”, afirma Elena. “Creo que haber ido con calma les ha ayudado mucho; han sentido comprensión, empatía, porque además [el equipo de periodistas] éramos todas mujeres, y esto era importante para entender o encontrar la mejor manera de escuchar sin juzgar. Ellas venían con mucha culpabilidad encima”, asegura.

“Han sufrido esto que nos han contado en un clima de control abusivo de autoridad, de miedo, incluso de terror, y creo que nos hemos esforzado en describir ese clima, un condicionante ambiental que explica bien la reacción de estas mujeres ante los abusos. Han sido convencidas de su normalización dentro de la casa”.

Las víctimas, todas latinoamericanas, estaban en gran desventaja económica
Las víctimas, todas latinoamericanas, estaban en gran desventaja económica | EFE/ Orlando Barría


Como suele ocurrir en los casos que combinan la violencia sexual con el ejercicio del poder, la pregunta que queda en el aire es “¿por qué no se iban?”. Elena explica cómo estas mujeres, que con el paso del tiempo se culpan por no haber puesto límites, se encontraban en un entorno de gran vulnerabilidad económica en el que todo el mundo les dice que tienen suerte de trabajar para un hombre admirado por el entorno y protegido por la autoridad: Punta Cana –en República Dominicana– existe porque Julio Iglesias creó una sociedad de inversión que hizo posible la construcción de urbanizaciones de lujo, y hasta un aeropuerto internacional, en medio de la selva. “Aunque ya no trabajan para él, siguen teniendo miedo de su poder”, apunta Elena.

Este no es un detalle menor. Julio Iglesias comete violaciones a las leyes laborales y ejerce presión sobre sus trabajadoras en un entorno que no es el país europeo en el que nació, sino un país del Caribe donde su capacidad de control es absoluta. En días posteriores a la publicación del reportaje, la periodista feminista Luciana Peker escribió una columna en la revista española 5W titulada “Las mujeres latinas no son all inclusive”, en la que apunta: “El migrante millonario no es migrante: es dueño y cree que compra el derecho a los malos tratos sobre trabajadoras caribeñas que fueron tomados, desde el inicio de la Conquista, como parte del oro, del agua, del suelo y del sabor”.

“Cuando ya conocía bastante los testimonios, las entrevistas, cómo funciona el sistema o la manera de actuar [de Julio Iglesias], sí que acabé interpretándolo de esa manera”, dice Elena Cabrera sobre este sesgo colonial. “Tenemos a un hombre blanco español europeo que ejerce su poder y su control a partir de un centro de poder en una isla en República Dominicana, que se hace ciudadano dominicano, y los testimonios que recogemos vienen de mujeres racializadas del sur global con empleos precarios, provenientes de un entorno de pobreza que es abono para los abusos de las trabajadoras que tienen que vivir y dormir en el mismo sitio en el que trabajan”.

Mansión de la localidad de Brais Lorenzo, uno de los inmuebles que conforman el patrimonio de Julio Iglesias
Esta mansión en Piñor, España, es uno de los inmuebles que conforman el patrimonio de Julio Iglesias | EFE

Una alianza de medios contra el español más poderoso

Además de las repetidas entrevistas con las mujeres y con hombres que también fueron empleados de Julio Iglesias –aunque ellos no vivían en su propiedad–, el equipo de investigación tuvo acceso a documentos que acreditan la relación laboral de las víctimas con el cantante y respaldan detalles de sus testimonios; fotografías, grabaciones, mensajes de WhatsApp, y registros de llamadas; pedidos de permisos migratorios del cantante (a los gobiernos de España, Bahamas y República Dominicana) a nombre de las denunciantes, y pruebas ginecológicas y de enfermedades de transmisión sexual que varias empleadas debieron hacerse en junio de 2021, tal como relataron tres de las entrevistadas.

Una vez que el equipo de elDiario.es tuvo todos los materiales que consideraban indispensables para sostener la investigación, llegó el momento de evaluar las posibles consecuencias. Elena recordó cómo las mujeres con las que habló le decían que se encontraban temerosas porque eran muy “pequeñas” ante alguien muy poderoso, y entendió que de alguna manera a su equipo le pasaba algo similar.

“Nuestro diario es un medio pequeño, independiente”, explica. “Tiene su impacto, 110 mil socios y es el cuarto más leído del país, pero no tenemos detrás un gran grupo editorial que nos respalde, ni un súper inversionista, ni alianzas políticas y económicas, y por ello somos vulnerables ante las posibles repercusiones de esta historia. Además, nadie nos conoce en América Latina, donde se encuentran las mujeres afectadas. Entonces decidimos que teníamos que compartir la historia con un medio internacional que saliera con nosotros, y así fue cómo llegamos a Univisión: les contamos la historia, les dimos acceso a lo que teníamos, y le dieron el último impulso de reporterismo a la investigación”.

La decisión fue más que acertada. “La colaboración con Univisión Noticias y su equipazo ha sido muy fructífera por su ayuda a la hora de reportear, completar y comprobar la investigación que ya teníamos”, comenta la subdirectora María Ramírez, quien hace una década había trabajado en la empresa estadounidense e hizo gestión para la alianza. “También nos han dado apoyo legal. Sin Univisión habría sido mucho más difícil dar el paso de publicar. Aprendimos mucho de la colaboración y de las horas y horas y horas que pasamos de debate y revisión”.


La asesoría legal fue clave en todo el proceso. Cuando la firma internacional de abogadas feministas Women’s Link Worldwide aceptó la representación de las denunciantes, también ofreció orientación al equipo sobre la manera de tratar las grabaciones para preservar la identidad de las mujeres; no sólo cambiándoles el nombre, sino durante la grabación de los testimonios en video y la publicación de los audios. Se decidió que aparecerían a cuadro pero colocando “obstáculos” frente a la cámara y utilizando la iluminación para evitar que resultaran identificables.

Por lo que toca a la voz, el equipo tenía dos opciones: distorsionarla mediante tecnología de audio o herramientas de IA, o bien, haciendo doblaje, como en las películas. Las denunciantes manifestaron su temor a la reversibilidad, que una IA decodificara sus voces y pudieran identificarlas y llegar a ellas; la solución fue contratar un servicio de doblaje y, bajo un estricto contrato de confidencialidad y con los audios encriptados y resguardados, doblar las voces.

“Invertimos mucho tiempo para que cada segundo sonara igual”, recuerda Elena. “Fue mucho trabajo de las compañeras de Univisión –las periodistas Federica Narancio y Esther Poveda– con dobladoras de mucho prestigio para lograr que dijeran las palabras exactamente igual que como lo dijeron ellas; para que encajara con el video pero, sobre todo, para que fuera veraz, que no hubiera ninguna tergiversación.”.

Y así, el martes 13 de enero salió a la luz la investigación “Extrabajadoras de las mansiones de Julio Iglesias acusan al cantante de agresiones sexuales” en elDiario.es.

Equipo de periodistas de eldiario.es que formó parte de la investigación periodista contra Julio Iglesias
El equipo de periodistas que realizó la investigación sobre las denuncias de abuso sexual contra Julio Iglesias. Fotografía de Ignacio Escolar, director de elDiario.es

Las presiones y repercusiones por la denuncia de abuso sexual

“Un tema al día” es el pódcast de eldiario.es dirigido y presentado por el periodista Juanlu Sánchez, con episodios diarios de 15 o 20 minutos en los que se abordan temas de actualidad. El día que se publicó la investigación sobre las agresiones sexuales a las empleadas de Julio Iglesias, Juanlu empezaba la transmisión con una advertencia: “El capítulo de hoy es duro de escuchar pero necesario para romper un gran silencio […]. Si cuando termines de escuchar piensas que el trabajo de todo el equipo ha merecido la pena, te pido que nos des tu apoyo porque las presiones llegarán”.

Todos en el equipo lo sabían, aún lo saben. Ignacio Escolar, director del diario, escribió en su editorial de ese día: “Nos jugamos mucho con esta exclusiva. Todo el prestigio de elDiario.es y algo más”, reconociendo que su medio podía ser arrollado con demandas judiciales e indemnizaciones millonarias. “No hemos dado este paso sin estar muy seguros de que podemos defender nuestra información”.

Para prever cuál sería el impacto posterior de la investigación, el equipo creó un documento de trabajo en el que intentaban ver a futuro, calcular las reacciones que vendrían del público en general y las cúpulas del poder. Uno de los referentes que utilizaron fue la denuncia por abuso y acoso sexual contra Plácido Domingo, interpuesta por varias mujeres en 2019 –publicada por Associated Press (AP)–, con reacciones de apoyo y rechazo hacia el tenor pero también hacia las víctimas.

“Nos basamos en muchos sentidos en cómo funcionaron las cosas en ese caso; usamos como referente, desde cómo se escribió el artículo de AP, hasta cómo reaccionó la sociedad española”, explica Elena Cabrera. “Sabíamos que era probable que voces de la derecha defendieran a Iglesias, no tanto porque creyeran en su inocencia o no, simplemente porque consideran que es un símbolo de cierta España que hay que preservar sí o sí”.

Cabe decir que la reacción política más desafortunada vino de una mujer, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, al postear en X: “Las mujeres violadas y atacadas están en Irán, con el silencio cómplice de la ultraizquierda. La Comunidad de Madrid jamás contribuirá al desprestigio de los artistas y menos al del cantante más universal de todos: Julio Iglesias”.


“La primera semana fue una locura, era como ir montando un coche Fórmula 1 en un circuito lleno de baches”, cuenta Elena Cabrera, sobre el alud que se les vino encima a las periodistas tras la publicación; incluida, por supuesto, la amenaza de acción legal por parte del cantante. Pero para ella, el reto más importante tenía que ver con la privacidad y la protección de la identidad de las mujeres.

Sabíamos que intentarían llegar a ellas y ver quiénes eran, y que al mismo tiempo teníamos que dar respuesta a las peticiones de los compañeros periodistas que nos preguntarían cómo habíamos hecho esto para amplificarlo; me llama gente para pedirme el contacto, y claro, tengo que decir que no pueden hablar con ellas. Hemos pasado una semana loquísima, durmiendo poco, comiendo mal, y con la sensación de que en cualquier momento se te puede ir de las manos”.

Asegura que, a pesar de saber que no es responsable de lo que pudiera pasarle a alguna de las entrevistadas, la inquietud persiste: “Ellas no me buscaron a mí, yo fui a ellas. Yo les dije que, si tenían una historia que contar, el periodismo podría ser para ellas una vía de reparación y justicia, porque yo creo eso. Siento esa responsabilidad de cuidarlas. Desde que tienen representación legal me siento más tranquila, sé que estas abogadas no son un bufete, son activistas de una organización internacional potente que les prestarán apoyo y consejos cómo cuidarse y protegerse”.

A la pregunta sobre las presiones que podrían llegar, Elena responde que no tiene miedo. Lo dice tres veces.

“Quizá debería tenerlo pero no lo tengo porque hemos hecho mucho trabajo, porque no habríamos publicado esto si no estuviéramos cien por ciento seguros, si no tuviéramos la cobertura legal. Estoy preocupada, eso sí, por cosas que no haya visto venir, más por ellas que por mí. Pero como profesional del periodismo tengo leyes que me amparan, una empresa que me respalda en España, un país que permite el ejercicio de este tipo de periodismo, que si lo haces bien no tienes por qué tener miedo”.

La Fiscalía española se atreve a archivar el caso

Apenas dos semanas después de la publicación de la exclusiva, la Fiscalía española archivó la investigación contra Julio Iglesias con el argumento de que carece de jurisdicción porque los hechos denunciados ocurrieron exclusivamente en el extranjero y no se dan los “vínculos” que exige la ley para que la justicia española pueda intervenir –esto, a pesar de la petición de las abogadas de que se tuvieran en cuenta nuevas informaciones y evidencias que vinculaban la causa con España, petición que no obtuvo respuesta–. Unos días antes, Elena aseguraba que el desenlace correcto de esta investigación sería que la justicia española se hiciera cargo.

“Que este hombre sea investigado con garantías para todo el mundo, y que sea encausado y enjuiciado en España”, señaló. “Quedaría decepcionada si no ocurriera así, porque lo que yo conozco sobre el caso merece que sea enjuiciado. Dado que es un símbolo de España, porque se ha asegurado que se le vea así, creo que esto afecta a la sociedad española. Y como confío en la justicia española, espero que la Audiencia Nacional dé garantías y se haga justicia a estas mujeres tan valientes, porque ellas tienen confianza en el periodismo como manera de hacer justicia, de sanar sus heridas y de seguir adelante con la vida”.

GSC/ASG

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Eileen Truax
  • Eileen Truax
  • Eileen Truax es una periodista mexicana especializada en migración y política, temas que cubrió durante 18 años en EEUU. Es directora de contenido del Congreso de Periodismo de Migraciones. Vive en Barcelona.
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Dominga es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/dominga
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