El actor surcoreano Ahn Sung-ki, una de las máximas leyendas del cine de Corea del Sur y una figura profundamente respetada por el público, murió el lunes a los 74 años, informaron su agencia Artist Company y autoridades hospitalarias. Elísdó en el Hospital Universitario Soonchunhyang, en Seúl, tras enfrentar durante varios años un cáncer en la sangre.
La noticia provocó una ola de mensajes de luto en el país. Su agencia expresó su pesar en un comunicado: “Sentimos un profundo dolor ante esta repentina y triste noticia. Oramos por el descanso eterno del fallecido y ofrecemos nuestras más sinceras condolencias a su familia”.
El presidente de Corea del Sur, Lee Jae Myung, también lamentó su muerte y destacó el impacto humano del actor: “Ahn Sung-ki brindó consuelo, alegría y momentos de reflexión a muchas personas. Ya extraño su cálida sonrisa y su voz serena”, escribió en redes sociales.
De actor infantil a ícono nacional
Nacido en 1952 en la ciudad de Daegu, hijo de un cineasta, Ahn Sung-ki debutó en la actuación a los cinco años en la película “The Twilight Train” (1957). Durante su infancia participó en alrededor de 70 películas, antes de alejarse temporalmente del cine para llevar una vida más convencional.
En 1970 ingresó a la Universidad Hankuk de Estudios Extranjeros en Seúl, donde estudió vietnamita y se graduó con honores. Sin embargo, las dificultades para encontrar empleo tras el fin de la Guerra de Vietnam lo llevaron a regresar a la actuación en 1977, convencido de que aún tenía mucho que ofrecer frente a la cámara.
Su gran salto llegó en 1980 con “Good, Windy Days”, cinta dirigida por Lee Jang-ho que retrata la vida de jóvenes trabajadores rurales en plena transformación social del país. El papel le valió el premio a Mejor Actor Revelación en los prestigiosos Grand Bell Awards.
Una carrera histórica
Durante las décadas de 1980 y 1990, Ahn Sung-ki se consolidó como el actor más popular del país, encadenando éxitos comerciales y aclamación crítica. Entre sus interpretaciones más recordadas destacan su papel de monje budista en “Mandara” (1981), un mendigo en “Whale Hunting” (1984), un veterano de Vietnam en “White Badge” (1992), un policía corrupto en “Two Cops” (1993) y un asesino en “Nowhere to Hide” (1999).
También brilló como entrenador militar en “Silmido” (2003) y como un entregado representante artístico en “Radio Star” (2006), un personaje que él mismo reconoció como el más cercano a su personalidad real.
A lo largo de su carrera, Ahn Sung-ki acumuló decenas de premios, incluyendo cinco galardones a Mejor Actor en los Grand Bell Awards, una marca sin precedentes en la industria cinematográfica surcoreana.
“El Actor de la Nación”
Más allá de su talento, Ahn fue admirado por su imagen pública: discreto, humilde, familiar y alejado de escándalos. Encuestas lo señalaron en repetidas ocasiones como el actor más querido de Corea del Sur, lo que le valió el apodo de “The Nation’s Actor”.
Aunque en algún momento sintió el peso de ese título, con el tiempo lo asumió como una guía personal. “Sentí que debía hacer algo que estuviera a la altura de ese nombre. Al final, creo que me condujo por un buen camino”, dijo en una entrevista en 2023.
Ahn Sung-ki también hablaba con honestidad sobre sus límites como actor, especialmente su incomodidad con las escenas románticas. “Soy torpe para expresar ese tipo de emociones. Me da vergüenza”, confesó en una entrevista de 2007, asegurando que evitar ese tipo de papeles fue, a la larga, una decisión correcta.
El actor deja a su esposa y a sus dos hijos. El velatorio se llevará a cabo en un hospital de Seúl hasta el viernes.
Se va Ahn Sung-ki, pero su legado queda intacto: el rostro de un cine que creció junto a su país y la voz serena de toda una nación.
Con información de AP / JCM