M+.- Es un día de agosto en la clínica del club Gallos Blancos de Detroit y todos callan para escuchar a Claudio Suárez, exjugador de Pumas, Chivas y Tigres, quien, con 15 años de trayectoria entre selección y mundiales, lanza un discurso con un objetivo concreto, aunque no lo formule así ante los 80 jóvenes que lo escuchan; 75 de origen mexicano.
“No queremos que nuestros niños se queden rezagados por falta de recursos económicos justo en el momento en que el fútbol soccer comienza a cobrar relevancia en Estados Unidos por el crecimiento de la población latina”, precisa más tarde a MILENIO Orlando España, director del club, registrado aquí como una organización sin fines de lucro.
La construcción de un nuevo estadio de soccer en Detroit y las cifras que rodean al deporte son un excelente medidor local, estatal y nacional: el fútbol soccer atraviesa uno de sus momentos de mayor crecimiento social y económico en Estados Unidos, y la comunidad mexicana quiere ser parte.
La Major League Soccer (MLS), principal liga de soccer de Estados Unidos y Canadá, registró este año que el valor promedio de sus clubes llegó a 731 millones de dólares. Cinco franquicias ya superan los mil millones e Inter Miami encabeza la lista, con una valuación de mil 350 millones de dólares, según Forbes.
En 2025, 16.8 millones de estadunidenses jugaron fútbol al aire libre, la cifra más alta registrada por la Sports & Fitness Industry Association y un aumento de 15.8 por ciento en sólo un año. En este universo, los niños hispanos de seis a 12 años representan el grupo individual más numeroso, con alrededor de 5.5 millones de jugadores.
Sin embargo, son esos mismos jóvenes quienes, una vez enganchados, difícilmente pueden escalar hacia el profesionalismo por una razón: el deporte en la Unión Americana se ha encarecido. Y el soccer, todavía más.
Una investigación del Aspen Institute, Utah State University y Louisiana Tech University encontró que las familias del país gastaron en promedio mil 16 dólares en 2024 solamente en el deporte principal de un hijo y hasta mil 500 dólares al considerar todos los deportes que practica.
En el caso específico del soccer, el aumento ha sido todavía mayor: el gasto de las familias creció 69 por ciento entre 2019 y 2024. Entre las causas están las mayores cuotas de inscripción, viajes, hoteles, campamentos y entrenamiento individual.
“No todas las familias de primera generación que llegan aquí a establecerse en Estados Unidos pueden pagar lo que cuesta un club, y Gallos Blancos de Detroit quiere darles la oportunidad de conectarse con gente que pudiera llevarlos hasta las grandes ligas”, dice España.
El director de Gallos Blancos es un ingeniero veracruzano que divide su tiempo entre su trabajo en Ford y las horas libres que dedica a hacer crecer las clínicas para niños de 12 a 18 años.
La presencia de Claudio Suárez —quien actualmente tiene una agencia de representación de jugadores— busca también que el exfutbolista olfatee talento entre los niños del barrio, con quienes comparte, de alguna manera, historias de resiliencia y a quienes se dirige durante un almuerzo, después de mostrarles imágenes de las goleadas de sus tiempos como jugador activo.
“Yo vengo de una familia humilde, numerosa, yo soy de Texcoco, tuve ocho hermanos, pero mis padres, que en paz descansen, nos dieron una disciplina, a pesar de que mi papá trabajaba en gobierno y ganaba poco dinero y había mucha carencia en casa; incluso, muchas veces no teníamos para comer”, dice, vestido con short y camiseta.
“Cuando era niño tenía que trabajar en lo que fuera, cortando pasto, tirando basura, pero yo siempre jugaba fútbol, siempre con una pelota y con amigos”.
Más que deporte
Los niños escuchan con los ojos desorbitados, encantados. Graban con su celular o se reacomodan en las sillas. Algunos nunca han estado en el país de sus padres o abuelos, pero en ese momento se sienten más mexicanos que nunca porque las historias que han escuchado en casa son similares. Hambre de pan y horizontes.
Suárez resume cómo era su vida a la misma edad de esos jovencitos, 14 o 15 años, cuando escuchó que podía ir a probar sus habilidades en Pumas. El trayecto desde su casa en Texcoco hasta Ciudad Universitaria duraba dos horas y media y otro tanto de regreso.
Fue seleccionado entre miles y durante cuatro años hizo ese recorrido en los desvencijados autobuses de la zona conurbada de la Ciudad de México, mientras daba clases del deporte por ahí, porque en Pumas no le pagaron hasta que jugó profesionalmente, casi a los 20. Cuando pasaba cerca de los puestos de comida, era un martirio elegir entre transportarse o comer.
“Luego vienen las recompensas”, dice a los muchachos y a sus padres, que lo escuchan atónitos. “Pero siempre hay que esforzarse más y más cuando estás en la cima”.
Pone como ejemplo sus años cuando iba a entrenar al Parque Nacional Bosque del Pedregal, cuando algunos compañeros tomaban veredas para correr menos y él se decía a sí mismo que no iba a ir desde Texcoco para “hacerse tonto” con todos los sueños que tenía.
Los chicos en la clínica salen a las canchas más entusiasmados que nunca. Entre tantos consejos, el excampeón dejó entrever que tienen la edad en contra y hay que apurarse: a los 18 muchos ya están en la liga profesional.
Así que pronto se ponen a patear balones, correr entre cubos y saltar por la escalera de coordinación. Los padres dicen que eso es justamente lo que esperaban: van con todo.
Verónica Castro, una de las mamás, habla de las becas universitarias a las que puede aspirar su hijo; Uriel Garita, otro padre de familia, dice que, más allá de lo profesional, lo importante es alejarlos de los vicios y los malos pensamientos, sacarlos de la rutina; otro papá destaca la importancia de “enseñar y transmitir las técnicas” de juego.
En Michigan, el fútbol juvenil puede pasar rápidamente de accesible a muy costoso. Un programa recreativo como Michigan Wolves cuesta unos 250 dólares por temporada, pero al entrar al nivel competitivo, las cuotas suben a 2 mil 750, 4 mil 900 o más de 5 mil dólares al año.
Además, esos precios muchas veces no incluyen uniforme, hoteles, transporte ni alimentos durante los viajes, por lo que el costo real para una familia puede ser todavía mayor.
La importancia de la clínica Kicks for Opportunities ID Camp 2026 de Gallos Blancos de Detroit, en cambio, está en que busca romper esa barrera económica. Su precio normal era de 340 dólares, pero, con un subsidio de 90 por ciento, las familias podían pagar apenas unos 35 dólares si los niños asistían a escuelas públicas.
La clínica incluye asesoramiento de una representante de universidades. Y no es cualquier guía, sino Aura, la esposa mexicana de Guillermo Casares, uno de los miembros más activos de Gallos Blancos, quien ha trabajado durante años en el mundo académico.
“Si hay un niño con potencial, hacemos conexiones con los niños”, dice Casares, un michoacano que emigró a este país mudado por su padre, quien llegó a Detroit buscando fortuna en la industria automotriz, pero la empresa quebró, entró a la construcción y le fue mejor: no le gustaba el frío y este trabajo le permitía ir y venir a México.
Trajo a los hijos a Detroit, pero durante 30 años saltó entre Michigan y Michoacán hasta que ganó su tierra natal. Ahora, jubilado, hace lo que siempre quiso: cultivar el campo, ya con sus hijos graduados, como Guillermo, quien es ingeniero y dedica parte de su tiempo libre al soccer.
“Es un gran momento para este deporte”, reconoce. “Cuando yo llegué no había equipos y teníamos que cruzar a Canadá —que está ahí mismo— para jugar allá”.
¿Futuro mexicano?
AlumniFi Field, el nuevo estadio de Detroit, es todavía apenas un terreno baldío y una maqueta, pero ya provoca un bullicio emocional y económico. Será la casa permanente del Detroit City FC y el primer estadio construido específicamente para soccer dentro de la ciudad de Detroit, con una inauguración prevista para 2028.
El estadio se construye en la esquina de Michigan Avenue y 20th Street, en el terreno donde estuvo el Southwest Detroit Hospital. El desarrollo completo ocupa 4.5 hectáreas y tendrá capacidad para 15 mil personas.
AlumniFi Field será también un desarrollo inmobiliario mayor cuyo costo se calcula en aproximadamente 200 millones de dólares, que incluirá estacionamiento y un edificio residencial de 104 viviendas, entre Corktown y Mexicantown/Southwest Detroit, una zona que ya comienza a gentrificarse con la elevación del costo de vida.
Es una alerta en muchos sentidos para la comunidad latina: debe estar “a las vivas” para conservar un barrio que se remonta a las primeras migraciones mexicanas de principio del siglo pasado, atraídas por la industria automotriz en la era de Henry Fordy y, a la par, evitar la exclusión profesional de un deporte que, culturalmente, es de todos.
“A mí el fútbol me ha dado muchas satisfacciones”, destaca España, quien llegó a Detroit buscando crecer en la carrera ingenieril que comenzó en Monterrey.
Empezó en Magna Powertrain haciendo piezas mecánicas del automóvil, los transfer cases. Luego intentó hacer carrera en la industria petrolera, pero le pareció económicamente inestable.
Extrañaba los coches y en México no había muchas posibilidades de hacer diseño, así que se postuló en numerosas empresas de Canadá y Estados Unidos hasta que lo llamaron de Ford en Michigan. “Los primeros vínculos que hice aquí fueron gracias al fútbol soccer”.
Así que quiere llevarlo a más.
España notó que en la zona había empresarios de origen latino a quienes les había ido muy bien en sus negocios. Los buscó.
Después de varios contactos, de escribir una y otra vez, Jesse Venegas, hijo del fundador de Ideal Group, un conglomerado familiar dedicado a la construcción, manufactura, mantenimiento industrial y manejo de materiales, les respondió: “Tengo 15 minutos”.
“Nosotros los tomamos y nos preparamos para hacer lo que se llama el elevator pitch. Dijimos: ‘Tenemos que estar bien truchas’”, recuerda España.
Así convencieron a Venegas de que la juventud latina de Detroit lo necesitaba para reivindicarse en el fútbol, para no quedar fuera.
La Michigan State Youth Soccer Association —que opera desde 1976— se identifica actualmente como la octava asociación estatal de fútbol juvenil más grande de Estados Unidos. Su cifra es especialmente relevante: registra más de 90 mil jugadores de entre 3 y 19 años.
¿Dónde quedarán nuestros niños?
El empresario respondió con la idea de crear una nonprofit y guió al proyecto de Gallos Blancos como un mentor junto con Joan Chávez, vicepresidenta sénior y directora jurídica de DTE Energy, una de las principales empresas energéticas del estado.
Después se sumó LaSalle Construction, que trabaja con clientes como Ford, General Motors, Detroit Diesel, Walmart y la ciudad de Detroit, con la que actualmente tiene contratos por 3.8 millones de dólares.
Al principio fue un poquito difícil convencerlos, reconoce España:
“De la nada llegas y dices: ‘Mira, voy a hacer un proyecto así, así y así’, y se te quedan viendo y dicen: ‘¿Tú quién eres? ¿De dónde vienes?’. Pero poco a poquito empiezas a entablar la relación, a generar confianza, y así fue como comenzaron a hacernos caso”.
“Todos ellos son latinos exitosos que quieren ver más latinos exitosos. Ellos nos apoyan y creyeron en el proyecto”, reconoce España.
El fútbol ha sido una vía para hacer equipo en la comunidad, no sólo en lo deportivo. Después vienen otros retos.
CIFRAS
El boom del soccer en Estados Unidos:
- 731 millones de dólares: valor promedio de una franquicia de la MLS.
- Cinco clubes de MLS ya superan los mil millones de dólares de valuación.
- Mil 350 millones de dólares: valuación del Inter Miami.
- 16.8 millones de estadounidenses jugaron fútbol al aire libre en 2025.
- 15.8 por ciento: aumento de jugadores en sólo un año.
- 5.5 millones: niños hispanos de 6 a 12 años que juegan soccer.
HCM
