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Chris Castillo, el caddie que logró compartir el campo con sus ídolos en Diamante

Llegó a Los Cabos a los 23 años en busca de trabajo. Diecisiete años después, es parte de Diamante y entiende que ser caddie exige mucho más que conocer los palos.

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Chris Castillo tenía 23 años, una familia que comenzaba a construir y la intención de cambiar de aires. Fue entonces que decidió dejar la Ciudad de México y emigrar a Los Cabos. A pesar de que no se fue buscando una carrera en el golf y tampoco sabía demasiado de este deporte, casi dos décadas después, su vida estaría ligada a uno de los escenarios más exclusivos del golf en México.

Originario de Santa Teresa, al sur de la capital del país, Castillo emigró por una oportunidad laboral. Una tía invitó a varios integrantes de la familia a probar suerte en Baja California Sur y el cambio terminó convirtiéndose en un proyecto familiar: hoy alrededor de 20 de sus parientes viven en la zona.

“Por mis hijos dije: vamos a cambiar de aires, una nueva aventura en Los Cabos”.

Sus primeros empleos estuvieron lejos de los campos de golf. Trabajó en un spa del Hilton y posteriormente en One&Only Palmilla. Fue en ese entorno donde comenzó a acercarse a un deporte que hasta entonces le resultaba prácticamente desconocido. Después llegó a Querencia, un club privado donde un amigo, Rodolfo Rosales, comenzó a invitarlo al área de práctica y le abrió la puerta a una disciplina que terminaría por atraparlo.

“Es un deporte que, cuando lo empiezas a jugar, no lo dejas. Comienzas a jugar golf y es algo para toda la vida”, cuenta.

La oportunidad de convertir ese acercamiento en una profesión llegó nuevamente por medio de Rosales, quien le avisó que Diamante buscaba caddies para la apertura de uno de sus campos. Castillo dudó. Apenas comenzaba a jugar y no tenía experiencia en el trabajo que estaba solicitando, pero necesitaba una oportunidad y decidió presentarse a la entrevista con Brad Hangel, profesional vinculado al proyecto.

Su estrategia fue sencilla: reconocer su inexperiencia, pero dejar claro que tenía disposición para aprender.

“Yo apenas comenzaba a jugar, pero le dije que tenía mucho interés en aprender y que quería hacerlo. Quería una oportunidad nada más”.

Lo contrataron. Desde el primer día se integró a un proyecto que hoy suma 17 años de su vida.

“Diamante me ha cambiado la vida 360 grados. Tantas personas que he conocido aquí, tanto los socios como los dueños, mis compañeros. Es una experiencia que no podría cambiar por nada del mundo”.

El caddie que también escucha

En Diamante, donde conviven dos propuestas de golf muy distintas, Dunes y El Cardonal, Castillo ha aprendido que conocer el campo es apenas una parte del trabajo. Su preferencia personal es Dunes, pero su oficio lo ha llevado a entender que cada recorrido y cada jugador plantean un desafío diferente.

La función del caddie suele reducirse, desde fuera, a cargar los palos y acompañar al golfista durante 18 hoyos. Castillo conoce otra dimensión del trabajo: debe identificar cómo golpea la pelota el jugador, interpretar las condiciones del terreno, calcular distancias, leer pendientes y anticipar la influencia del viento.

Si un golfista tiene tendencia a jugar con la pelota alta, baja, con efecto hacia la derecha o hacia la izquierda, el caddie necesita reconocerlo desde el área de práctica para ofrecerle información útil durante la ronda.

Pero hay una habilidad que no aparece en las tarjetas de yardaje ni se aprende únicamente estudiando el recorrido: saber escuchar.

“Muchas veces el jugador no necesita un caddie que le vaya cargando la bolsa. Muchas veces quiere platicar sus cosas también. Somos coach, porque el jugador muchas veces no sabe qué bastón tirar o cómo hacerlo. También hay que ser un poquito psicólogo, escuchar a las personas, enseñarles y darles ese consejo en el campo”.

El recorrido también puede convertirse en una pausa de la vida cotidiana. Algunos jugadores llegan después de una reunión complicada, una mala noticia o incluso un buen negocio. Las preocupaciones los acompañan hasta el primer tee y pueden terminar afectando su concentración.

Castillo procura ayudarlos a desconectarse. Su primera recomendación suele ser apagar el teléfono: los mensajes y las llamadas pueden convertirse en distracciones que terminan trasladándose al marcador.

También sabe que existe una frontera que no debe cruzarse. El caddie puede aconsejar, conversar y generar confianza, pero necesita conservar el respeto y entender hasta dónde llega su papel.

“Hay que tener ese sentido del humor con ellos, tener ese respeto, esa línea. Es importante no cruzarla y que se diviertan. El golf muchas veces lo toman muy en serio, pero es un deporte hermoso y hay que saber disfrutarlo”.

De la Ciudad de México a compartir campo con sus ídolos

El otro privilegio de trabajar en Diamante ha sido encontrarse con figuras que Castillo conocía hasta entonces por televisión. Aficionado al futbol americano, el basquetbol y el beisbol, recuerda especialmente una de sus primeras experiencias: trabajar para Peyton Manning, histórico quarterback de los Denver Broncos.

La presentación lo tomó por sorpresa. El profesional del campo se acercó y le anunció que atendería al exjugador de la NFL. Castillo no podía creerlo.

“Fue una impresión. Una persona increíble, súper sencilla, un jugadorazo. Es una experiencia que no voy a olvidar jamás”.

Con el paso de los años también ha tenido la oportunidad de coincidir con otras personalidades del deporte. Hace apenas unos días, por ejemplo, atendió a Roger Clemens, conocido como The Rocket, una de las grandes figuras del beisbol estadounidense.

Son encuentros que difícilmente habría imaginado cuando llegó a Los Cabos buscando empleo. Sin embargo, Castillo no mide su experiencia únicamente por los nombres que aparecen en su lista de jugadores.

Tampoco se considera un hombre supersticioso, aunque ha aprendido a convivir con las particulares rutinas de quienes sí lo son: desde jugadores que se niegan a utilizar una pelota marcada hasta quienes atribuyen un mal golpe a no haber repetido correctamente su ritual antes de ejecutar.

Él prefiere otra filosofía: cada día es distinto y ningún recorrido está garantizado. Un jugador puede tener una gran jornada y al día siguiente perder el control de su juego. Por eso, después de 17 años, sigue encontrando motivos para disfrutar su trabajo.

En estos días, con la celebración del World Wide Technology Championship y la presencia del PGA Tour en Los Cabos, Castillo vive una edición especial de una rutina que conoce desde hace casi dos décadas.

No llegó a Diamante sabiendo leer el viento, calcular las distancias o interpretar el estado de ánimo de un golfista. Llegó con ganas de trabajar y aprender. Hoy sabe que un buen caddie puede influir en un golpe sin ejecutarlo, ayudar a mejorar una ronda sin aparecer en la tarjeta y hacer que un jugador encuentre tranquilidad cuando más la necesita.

Su historia comenzó con una mudanza por motivos laborales. El golf llegó después. Y, aunque todavía reconoce que es un deporte en el que los errores nunca desaparecen por completo, tiene claro dónde quiere seguir escribiendo su historia.

“Todos los días me levanto con esa actitud de que va a ser bueno. Y así ha sido durante 17 años en Diamante”.

​ERC


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Olga Hirata
  • Olga Hirata
  • Olga Hirata no cubre historias: las desnuda. Periodista deportiva incisiva, ve más allá del marcador y escribe desde la grieta humana. No busca agradar, busca verdad—y la dice sin anestesia.
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