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Martes , 21.05.2019 / 10:25 Hoy

Las peores tragedias en la historia de la NFL

Algunos de los peores sucesos de los jugadores que han terminado su carrera deportiva de forma dramática
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El futbol americano tenía que tener una desventaja, y es que muchos de los jugadores de la NFL no llegan a tener el final feliz de cuento de hadas, pues a pesar de sus grandes presentaciones en el emparrillado, los protagonistas principales –cuerpo y mente- sufren en el intento de triunfar o terminan sus carreras deportivas por la decisión de terceros.

Un gran ofensivo de los Patriotas de Nueva Inglaterra fue Aaron Hernández, quien no pudo ganar un anillo del Super Bowl, pero sí obtuvo el título del ‘ala cerrada mejor pagada de la NFL’ por su extensión de contrato en el 2012.

Las valoradas manos del puertorriqueño fueron esposadas en 2013 por su participación en el asesinato del jugador, Odin Lloyd. Tras su condena de cadena perpetua por dicho homicidio, la joven promesa fue despojada de un contrato de 12.5 millones de dólares y la baja permanente de Patriots; su dolo terminó en un lamentable suicidio.

"El Sr. Hernández de 27 años de edad, se colgó utilizando una sábana que ató a la ventana de su celda. También intentó bloquear la puerta desde el interior con varios artículos”, informaron autoridades. El joven que anotó 18 touchdowns y arrancó 2 mil yardas en 3 años, falleció durante la madrugada del 19 de abril del 2017.

La leyenda y el centro de los Steelers de Pittsburg, Mike Webster, fue otro caso sonado y terrible en el historial de la NFL.

El cuatro veces campeón del emparrillado y miembro del Salón de la Fama acumuló tantos golpes en su cabeza que su cerebro no aguantó más y terminó al ‘borde de la locura’. Un estudio médico cerebral reveló que tras su muerte por un supuesto ataque al corazón -el 24 de septiembre del 2002- el liniero habría recibido múltiples golpes craneales, lo que equivaldría a 25 mil accidentes leves de tráfico.

Iron Mike sufrió hasta sus 50 años una serie de impulsos emocionales y de ansiedad sin poder controlarlos debido a la enfermedad de Encelopatía Traumática Crónica (CTE) provocada por los golpes directos a la cabeza. Su muerte ayudó a la serie de investigaciones que se hacían entorno a la enfermedad junto con el apoyo al cuidado de los jugadores de la NFL.

Cómo olvidar el imprescindible suceso de la Noche Negra de los Niners de San Francisco, protagonizado por el linebacker Navorro Bowman.

Navorro, la estrella defensiva de corazón rojizo se había roto el ligamento cruzado de la rodilla (ACL) así como el ligamento colateral medio (MCL) mientras se concentraba por llevar al piso de la yarda tres, al quarterback Russell Wilson de los Seahawks de Seattle en el juego por el título de la conferencia AFC.

Antes de su retiro momentáneo -6 meses- de la temporada 2013 de la NFL, ya había sumado una serie de 14 placajes y un sack. Su accidente fue una mala noticia ya que no pudo concretar la temporada y menos logró llevar al equipo de los 49ers al Super Bowl XLVIII para así terminar con el título del ‘mejor defensa de la liga’.

James Hardy es un nombre que jamás será olvidado por los Buffalo Bills. El receptor proeza de la Universidad de Indiana tuvo un lamentable adiós al ser encontrado sin vida a las orillas del río Maumee en Estados Unidos, tras llevar varios días desaparecido de acuerdo con el reporte de su familia.

El titular de los Hoosiers fue líder colegial en recepciones, yardas y touchdown de la NCAA con un total de 2740 yardas y 36 touchdowns entre el año 2005 y 2007. Gracias a su enfoque en el emparrillado, fue selecto en la segunda ronda del draft de 2008 por los búfalos.


Un legendario jugador lleno de orgullo y de honor fue el vikingo Fred McNeill, un linebacker que le regaló 12 años de su vida al emparrillado y que terminó viviendo sus últimos años tratando de atrapar sus recuerdos en medio de los episodios de la ira y depresión que padecía.

McNeill fue una ‘víctima’ más del CTE, su futuro prometedor lo disfrutó hasta los 63 años de edad. “Es más difícil, sí, es difícil recordar las cosas, sí”, menciona McNeill mientras hace pausas por su lucha de retener sus pensamientos.


C.C.

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