La posición de quarterback en la NFL es la más exigente en el deporte profesional. Ninguna otra posición en otro deporte tiene tanta responsabilidad como la del mariscal de campo: es al que señalan más en la victoria y en la derrota.
Su brazo debe contar una precisión quirúrgica, ya que un pase de touchdown y un pase incompleto es esa frontera casi imperceptible entre la genialidad y el colapso.
Al cumplirse las primeras cuatro semanas de la temporada, las cifras y los resultados han dejado al descubierto una realidad en la Liga: los errores individuales de los quarterbacks han marcado el rumbo de la NFL y, si no se corrigen en lo que resta de la campaña, pueden sepultar cualquier esperanza de alzar el trofeo Vince Lombardi en febrero.
En un deporte donde la sincronía colectiva depende de la toma de decisiones bajo presión, las fallas en la bolsa de protección no solo terminan en las estadísticas, también amenazan con descarrilar temporadas enteras si no son tratadas a tiempo.
Un gran volumen ofensivo ahogado por las entregas de balón
En Cincinnati, la actuación de Joe Burrow frente a los Jacksonville Jaguars reflejó a la perfección aquella paradoja de las grandes estadísticas cuyo valor se reduce con la derrota.
Burrow firmó una gran actuación individual al completar 39 de 54 pases para 428 yardas y un touchdown, sumando además una anotación por vía terrestre. Sin embargo, la ofensiva de los Bengals apenas produjo 17 puntos y el QB lanzó dos intercepciones que terminaron inclinando la balanza en favor de Jacksonville por 22-17.
La primera entrega ocurrió al cierre de la mitad inicial tras recibir un golpe en el brazo, derivando en un retorno de 45 yardas de Jourdan Lewis para touchdown. La segunda intercepción se registró en el último cuarto, cuando en primera y gol desde la línea de 10 yardas, Burrow no detectó al linebacker Foyesade Oluokun, regalando el balón en la zona roja y anulando la serie que pudo darles la ventaja.
A pesar del impacto directo de estos fallos, la postura interna en Cincinnati oscila entre la autocrítica y el respaldo absoluto. "Fue una mala jugada por mi parte. Me presionaron, intenté deshacerme del balón y no lo vi", reconoció Joe Burrow tras el partido en el Paycor Stadium.
Por su parte, el head coach Zac Taylor le restó dramatismo a la racha adverso de los Bengals. "Decir que estoy preocupado, no me preocupa en absoluto", dijo el entrenador, respaldando los riesgos de su quarterback estrella pese a que su porcentaje de jugadas con riesgo de pérdida es del 2.1 por ciento, el más elevado desde su año como novato de acuerdo con Pro Football Focus.
La situación para Burrow se complicó aún más con la salida del receptor Ja’Marr Chase por conmoción cerebral. No obstante, el QB encontró un aliado en Tee Higgins, quien atrapó 11 pases para 157 yardas.
Sin juego terrestre —los corredores apenas sumaron 16 yardas en 12 acarreos—, la responsabilidad recayó de manera desproporcionada en el brazo de Burrow. "Mi respuesta sería: 'Déjenme lanzar más'. Porque sé que somos muy buenos en eso. Porque sé que es lo que mejor hago y ahora mismo estamos protegiendo muy bien al quarterback", afirmó Burrow sobre la sobrecarga de pases.
En una Liga como la NFL, no tener un ataque terrestre puede ser contraproducente y esto deja a los Bengals en situación comprometedora, ya que no podrían establecer su ofensiva con éxito y haría predecible la selección de jugadas. La derrota los dejó con un récord de 2-2, mientras que Trevor Lawrence y los Jaguars elevaron su marca a 3-1.
La delgada línea entre la imprudencia y la redención
La tendencia de los errores trágicos se repitió en el Highmark Stadium, donde los Buffalo Bills sufrieron su primera derrota en su nueva casa al caer 29-26 ante los New England Patriots.
Buffalo parecía que iba a sellar el triunfo tras recuperar la posesión en el último minuto con los tres tiempos fuera a su disposición. Sin embargo, bajo la presión del ala defensiva Dre’Mont Jones, Josh Allen intentó forzar un pase profundo sin balance hacia Joshua Palmer, enviando el balón a una zona con doble cobertura donde el profundo Craig Woodson decretó la victoria visitante con una intercepción.
Allen completó 23 de 33 pases para 253 yardas y un touchdown hacia Keon Coleman —quien destacó con seis recepciones para 116 yardas—, además de un touchdown por tierra. A pesar de romper el récord de la franquicia con 88 anotaciones desde la línea de golpeo, su imprudencia, una constante a lo largo de su carrera —sobre todo en la postemporada— volvió a pasar factura.
Al ser cuestionado sobre la lectura en aquella jugada, Allen se justificó en conferencia de prensa. "Básicamente, me refiero a balas de verdad. Todo sucede muy rápido, esquivas a un jugador y sientes que tienes un uno contra uno, y el safety hizo una buena jugada".
A su vez, el head coach Joe Brady asumió la responsabilidad. "Siempre voy a empezar diciendo que tengo que tener una mejor estrategia en esa situación y tenemos que protegerlo y ponerlo en una mejor posición para que tenga éxito".
Del otro lado, la victoria sirvió como redención para el joven quarterback de los Patriots, Drake Maye. Tras un inicio de temporada plagado de pérdidas de balón, Maye superó dos entregas iniciales para completar 22 de 37 pases, 269 yardas y tres touchdowns, incluyendo el pase del triunfo a Efton Chism III con una atrapada a una mano a menos de dos minutos del final.
El head coach de los Patriots, Mike Vrabel, valoró el temple de su equipo. "Esto nos permite volver a la lucha", además de que el receptor Romeo Doubs destacó con dos anotaciones.
Por esta vez, Maye salió festejando de este partido, pero sus decisiones arriesgadas bajo presión pueden llegarle a costar a los Pats en caso de no corregirlas a futuro: lleva siete intercepciones y un fumble que podrían costarle caro a los de Nueva Inglaterra en diciembre y enero.
En medio de una crisis en la ejecución
En el Lincoln Financial Field, la inconsistencia y los pases desviados también cobraron factura, aunque Los Angeles Rams lograron salir airosos al vencer 24-20 a los Philadelphia Eagles.
Matthew Stafford lanzó dos intercepciones en la primera mitad que colocaron a los Rams abajo 20-10 y pusieron en riesgo el arranque de una temporada en la que llegaron a ser considerados como los máximos favoritos para ganar el Super Bowl LXI.
Sin embargo, el experimentado quarterback rectificó en el periodo final al liderar dos series ofensivas consecutivas de 98 y 79 yardas. Ambas posesiones terminaron en acarreos de anotación de Kyren Williams para consumar la remontada. Stafford encontró ritmo apoyándose en Puka Nacua y Davante Adams, equilibrando el ataque aéreo tras un inicio incierto.
Por los Eagles, Jalen Hurts no logró sostener la ventaja en medio de una severa crisis de ejecución en terceras oportunidades, donde Filadelfia se fue de 0 de 12. Una auténtica crisis en la ciudad del amor fraternal.
La falta de efectividad, sumada a la baja por lesión de Saquon Barkley en el primer cuarto, dejó a los Eagles estancados. “Creo que no hay otra forma de decirlo... es un problema de ejecución”, aseveró Hurts en el vestuario al analizar la incapacidad de su ofensiva para cerrar el juego.
Una respuesta desesperada ante una defensiva errática
Jared Goff atraviesa por un tramo de sobriedad y eficacia individual al frente de los Detroit Lions, aunque no lo ha podido reflejar en un éxito colectivo al tener una marca de 2-2 tras estas cuatro primeras semanas.
A pesar de la derrota de los Lions por 32-26 frente a los Carolina Panthers —liderados por Bryce Young con 329 yardas y dos pases de touchdown hacia Tetairoa McMillan—, Goff firmó una actuación brillante de 412 yardas aéreas y un touchdown, extendiendo su racha a 27 partidos consecutivos lanzando al menos un pase de anotación.
En las primeras cuatro semanas, Goff no acumula intercepciones ni balones sueltos perdidos, ubicándose entre los líderes de la liga en yardas (mil 214) y touchdowns (9). Pese a esto, el esfuerzo del QB contrasta con el desplome de la defensiva de Detroit, la cual permitió 445 yardas totales a Carolina. "Nadie siente lástima por nosotros. Nadie va a venir a salvarnos. Se trata de que volvamos al trabajo y encontremos la manera de mejorar", manifestó Goff en la semana.
Su head coach, Dan Campbell, reafirmó la exigencia sobre el grupo ofensivo que incluye a jugadores de calibre All-Pro como Jahmyr Gibbs y Amon-Ra St. Brown. "Nuestro quarterback es demasiado bueno, nuestros jugadores clave son demasiado buenos... si queremos ser mediocres y conformarnos con la mediocridad, es otra cosa. Pero no vamos a ser mediocres".
Las pérdidas de balón que ponen en riesgo su futuro
En los Indianapolis Colts, las alarmas están encendidas por lo que ha hecho Daniel Jones. El quarterback de los Colts ha registrado siete pérdidas de balón (cuatro intercepciones y tres balones sueltos) en cuatro partidos, igualando a Justin Herbert de Los Angeles Chargers y manteniéndose cerca del registro de Drake Maye.
Con la baja indefinida del receptor Alec Pierce, la efectividad en los pases profundos de Jones se ha visto reducida de forma drástica. "Definitivamente tengo que jugar mejor", admitió Jones tras la victoria sobre Washington en Londres, en un choque donde el equipo volvió a perder la batalla de entregas, con dos turnovers contra uno de los Commanders.
La presión de la gerencia general, encabezada por Chris Ballard y el head coach Shane Steichen aumenta, pues la franquicia comprometió dos selecciones de primera ronda en el traspaso por el esquinero Sauce Gardner, apostando la estabilidad del proyecto a la toma de decisiones de Jones. Si Indianápolis no puede recuperar el rumbo con el veterano, los Colts podrían haber comprometido su proyecto en el corto y mediano plazo.
Tropiezos que van entre el aprendizaje y la presión
En la Conferencia Americana, la presión sobre las selecciones jóvenes se vive de forma dispar. En Tennessee, los Titans cayeron a un récord de 0-4 tras perder 24-18 contra los Baltimore Ravens, en un encuentro donde Cam Ward lanzó para 222 yardas, un touchdown y una intercepción.
Las dudas sobre el manejo de Ward en la zona roja llevaron al entrenador Robert Saleh a defender rotundamente a su pasador novato en conferencia de prensa: "Este chico va a ser un excelente quarterback. Todos necesitamos respirar hondo y dejarlo crecer... Tenemos plena confianza en Cam. De verdad que sí".
En Denver, los Broncos sostienen una marca de 2-2 bajo el mando de Bo Nix, cuyo inicio ha mostrado imprecisiones en los pases de nivel intermedio con apenas 6.1 yardas por pase y un juego terrestre debilitado tras la recuperación de JK Dobbins.
El head coach Sean Payton y el coordinador ofensivo Davis Webb buscan ajustar el esquema para brindarle mayor protección a Nix antes de encarar la serie de duelos divisionales ante rivales tan poderosos como Kansas City Chiefs y Las Vegas Raiders.
La incomodidad en un nuevo esquema ofensivo
Por su parte, la crisis se profundiza en Los Angeles Chargers, donde Justin Herbert y el coordinador ofensivo Mike McDaniel no han logrado acoplar la propuesta táctica. En la derrota 30-23 ante los Seattle Seahawks, Herbert lanzó dos intercepciones en una primera mitad catastrófica donde solo completó cinco pases para 36 yardas.
Aunque el quarterback reaccionó en la segunda mitad para recortar la diferencia con envíos hacia Quentin Johnston, los Chargers cayeron a 0-4.
Tras el juego, Herbert expresó: "Es mejor deshacerse del balón o correr con él... tenemos que hacer jugadas y saber que correr y escapar es mejor que perder el balón".
Pese a los cuestionamientos hacia la adaptación del sistema, el entrenador Jim Harbaugh respaldó a su coordinador: "Su puesto no corre peligro. Es un entrenador muy capacitado y seguiremos creciendo".
De cualquier manera, toda la estructura del equipo angelino es la que está más en la cuerda floja, y pasarían a llevarse toda una temporada de Herbert en el proceso.
Corregir o rendirse
En la NFL, octubre suele ser el mes donde los sistemas tácticos se afianzan y los pasadores corrigen las deficiencias expuestas en el inicio de la campaña. Para figuras de la talla de Joe Burrow, Josh Allen, Matthew Stafford y Daniel Jones, recortar el margen de error no es una opción de mejora, sino una exigencia. Las entregas de balón en momentos clave, las lecturas apresuradas ante el blitz y la imprecisión en la zona roja marcan la diferencia entre tomar ventaja en su división o comprometer su clasificación.
Si estos quarterbacks no logran corregir sus vicios de juego en las próximas semanas, la factura en enero será definitiva y dejará fuera de la contienda a equipos que llegaron a septiembre con altas esperanzas de pelear por todo. Otra razón por la que la NFL es una Liga tan impredecible.
RGS