Para Vanessa Garnica, establecerse en Francia hace siete años no significó únicamente cambiar de coordenadas: fue comenzar de nuevo y descubrir en el proceso una manera distinta de hacer teatro.
Hoy, desde Burdeos, la actriz, directora y dramaturga mexicana encabeza La Garnica Théâtre, compañía que le ha permitido llevar al escenario historias donde dialogan sus raíces con la realidad europea.
Uno de sus trabajos recientes, La Bruja de Jicaltepec, llegó a principios de julio al Festival de Aviñón, de los encuentros teatrales más importantes del mundo. “Me emocionó conectar con otros artistas, ver lo que querían decir”, cuenta a MILENIO sobre esa enorme experiencia.
Construir una compañía de teatro en Francia
La Garnica Théâtre es una compañía integrada por apenas cinco personas, pero con una característica que para la mexicana resulta fundamental: su carácter multicultural.
Crearla no fue sencillo. Vanessa tuvo que aprender no solo las reglas de un nuevo sistema cultural, también la parte administrativa que implica sostener una estructura independiente.
“Cuando llegas a un país extranjero estás todo el tiempo aprendiendo y escuchando a los demás, y llega un punto donde dices: ‘¿Cuál es mi lugar aquí?’”, recuerda.
Más que afligirse, tomó esa duda como potenciadora creativa para su visión. Y de ahí, entre tanto que ha emergido, destaca La Bruja de Jicaltepec, montaje que nació hace aproximadamente tres años y tiene en su esencia "algo que conecta México con Francia".
En su investigación, la creativa encontró un episodio histórico poco conocido: a finales del siglo XIX, un grupo de colonos franceses llegó a Jicaltepec, Veracruz.
Tras documentarse al respecto, comenzó a escribir, resultando una "reinterpretación con la cosmovisión mexicana de las brujas, de lo paranormal”, que también reivindica una mirada "feminista".
Destaca que durante el recorrido que implicó llevar La Bruja del papel al escenario, Vanessa descubrió que en Francia existe un respaldo institucional importante para las artes, aunque eso no elimina una de las preocupaciones históricas de quienes viven del teatro: conseguir recursos.
“No voy a mentir, esa lucha del artista es universal”, explica, y resalta la importancia de construir redes, acercarse a salas, ayuntamientos y otras estructuras que permitan generar proyectos.
El teatro como acto de libertad
La experiencia de Garnica en Francia también ha transformado su percepción del teatro: “Aquí hay un compromiso social importante, se apoyan muchas causas sociales”.
Eso tiene relación con el carácter multicultural de la sociedad francesa y las posibilidades de diálogo que ofrece el escenario. Porque el teatro, acentúa, sigue siendo mucho más que entretenimiento.
“El teatro siempre ha tenido un papel importante en la sociedad. El teatro sigue siendo un lugar de expresión, de convicción y compromiso social; es un lugar donde puedes decir lo que piensas y crees contra todo lo que está mal en el mundo”, señala la admiradora de Guillermo del Toro y de Bob Wilson.
Una idea que comenzó a gestarse en ella cuando empezó su carrera, a los 15 años, pero que ahora, con todo lo vivido y visto, "me siento con más fuerza, seguridad y práctica”.
Entonces, recuerda una frase que le gusta mucho “Lo más íntimo es lo más creativo”, y que lleva a su propia experiencia: “Cuando creas desde tu verdad, desde lo que quieres contar, estás siendo honesto y nadie va a tener la misma historia que tú. La coherencia me parece fundamental”.
“Nunca me sentí más mexicana que cuando llegué a Francia”
Tras alejarse de México, Vanessa sintió con mayor fuerza sus raíces: "Todo cobra mayor sentido: la música, la fiesta, la gente. Todo lo extrañas más".
En sus primeros días franceses, incluso le costaba asistir al teatro por temor a no comprender las referencias y dinámicas locales. Pero ahí apareció una pregunta: "¿Habrá en Francia espectadores que quisieran ver teatro en español?". Y decidió responderla.
“Hice obras en mi idioma, aunque me dijeron que podría ser difícil”, dice, para luego contar que eso le dio una enorme alegría, pues algunos espectadores le han dicho: “Sentí que estaba en México”.
Migrar también significó aceptar que no basta con dominar un idioma, hay que entender referencias, códigos sociales, formas de relacionarse y una historia ajena. “Fue dejar todo lo conocido e irme a un mundo a empezar de nuevo, a emprender camino en una nueva cultura e idioma”
Así, desde Francia, encontró en el teatro una forma de tender un puente entre dos culturas y, al mismo tiempo, construir su propio lugar: "Es una dificultad de la que sigo aprendiendo y, a su vez, me nutre".
Y quizá ahí está una clave de la visión de Vanessa Garnica: no elegir entre México y Francia, sino hacer del teatro un territorio propio, capaz de mirar más allá de las fronteras.
hc