Cuando tenía nueve años —actualmente tiene once—, Yago Andreu se enfrentó a un gran reto actoral: interpretar a Felipe en No tengo miedo, la nueva serie de Netflix que mezcla suspenso y drama con una historia de amistad, futbol e inocencia.
Ambientada en el México rural durante el Mundial de 1986, la producción —adaptada de la novela Io non ho paura (2001), del escritor italiano Niccolo Ammaniti— sigue a Miguel, un pequeño de 10 años que descubre un misterioso agujero entre los campos de su pueblo. Ahí encuentra a Felipe, otro pequeño que guarda un secreto aterrador: fue secuestrado.
Para construir a este personaje, Yago atravesó un proceso de preparación especial: elementos como el vestuario, el maquillaje y los sets fueron fundamentales, pero también el acompañamiento de una coach actoral, explica a MILENIO.
Una amistad que va más allá del miedo
Recibir la noticia de que formaría parte de No tengo miedo fue un momento "muy feliz" para Yago, por eso lo recuerda a detalle e incluso todavía conserva un video, grabado por su mamá, donde "me emocioné muchísimo, me puse a brincar".
La conexión con su personaje, Felipe, fue inmediata, porque aunque enfrenta una situación ruda, comparte con él una de sus pasiones: "Mi personaje me fascina porque le gusta el fútbol, le fascina el Mundial".
Ya trabajando en la serie al lado de talentos consolidados como Luis Alberti, Fátima Molina, Humberto Busto y Fernando Cuautle, el pequeño descubrió que la esencia de la historia, más allá del suspenso o la oscuridad que rodea a ciertos personajes, está en la relación entre Felipe y Miguel, interpretado por Aldo Navarro.
"Es una amistad donde nadie los separa. Vienen de diferentes familias, pero no importa de dónde vengan, siempre van a ser amigos", afirma.
La promesa de Miguel —"Yo te voy a sacar de aquí"— es el mejor reflejo de esa lealtad.
Por eso Yago espera que los espectadores, además de generar conciencia sobre la sustracción de menores, "también que se lleven esa bonita amistad y la lealtad".
El desafío de interpretar a Felipe
Aunque Yago aún no superaba la década de vida cuando grabó la producción de Netflix, su preparación con una coach actoral y el trabajo en el set le permitieron comprender el miedo, la incertidumbre y la soledad que vive un niño en una situación así.
Señala que la "escena más difícil" fue una del final porque "tenía que llorar muchísimo".
"Cuando dijeron 'corte' no paraba de llorar", recuerda. A la carga emocional se sumaron las condiciones del rodaje, realizado con bajas temperaturas. "Solo había un techo para taparnos. Ese plano fue muy difícil".
Pese a ello, asegura que cada ensayo y jornada de filmación en Xalapa, Veracruz (donde se grabó mayor parte de la producción) valieron la pena: "Nunca había hecho este tipo de personajes: aceptar que no están tus papás, tu comida favorita, tu cama... no está nada de lo que te gusta, solo estás tú".
Una carrera que apenas comienza
Originario de Guadalajara, Jalisco, Yago continúa construyendo su carrera como actor; tras participar en producciones como Accidente, Doc, Chespirito y Acapulco, tiene otros proyectos por estrenar este 2026:
"El juicio, que ya pronto va a salir. Y también se va a estrenar una de terror, Hablando con Extraños".
Fuera del set, imagina que, si Felipe pudiera salir de la pantalla, pasarían el día jugando fútbol, viendo un partido del Mundial, dibujando o compartiendo sus álbumes de colección.
Y mientras sueña con seguir interpretando personajes complejos, también sabe hacia dónde quiere llegar: admira a Sean Penn y espera algún día conocer a Cristiano Ronaldo, su futbolista favorito. "Espero algún día trabajar con ellos".
hc