Fusionando excavaciones, códices ancestrales y relatos míticos, el arqueólogo emérito del INAH Eduardo Matos Moctezuma (México, 1940) desentrañó con maestría el tema de los 700 años de la fundación de Tenochtitlan, que se conmemoraron en 2025.
A través de la conferencia magistral que impartió vía YouTube, dentro del ciclo Grandes Maestros de la Universidad Nacional Autónoma de México, habló de la ciudad prehispánica que surgió de las profundidades de un lago, guiada por lo mitos y profecías, para convertirse en el ombligo del universo mesoamericano.
Su exposición la dividió en los orígenes toltecas-chichimecas y la fundación mexica. Matos Moctezuma expuso cómo la historia y los mitos se entrelazaron como raíces en la tierra lodosa del lago de Texcoco.
Sus palabras, pronunciadas con la autoridad de quien ha excavado el Templo Mayor, transportaron al público a un mundo donde dioses fundan imperios y pueblos nómadas se erigen en potencias.
Con la certeza de que Tenochtitlan no sólo fue una ciudad sino el epicentro político, simbólico y ritual del mundo mexica, Matos Moctezuma, Premio Princesa de Asturias 2022, inició con una reflexión profunda, leída de su propio texto para la revista Historia Mexicana del Colegio de México, donde equiparó Tenochtitlan con la Roma imperial:
“En ambos casos, el surgimiento de las mismas está entre la historia mito. El primer aspecto trata de la información que nos proporciona el parque arqueológico y la documentación escrita. El segundo nos remonta ahí, pro tempore, y está envuelto en arcanos y simbolismos que es necesario definir, pues no en pocas ocasiones la respuesta con los pueblos da sobre su origen y cobra signos de velocidad. El primero es el dato que la ciencia ofrece y el segundo nos lleva de dioses, fundadores y pasajes de misterio plenos de símbolos. Los dos son válidos, pues provienen del hombre y su infinito pensar; es el protagonista de los hechos humanos, y a la vez, el gran hacedor de los dioses”.
Esta cita, reveladora en su esencia, guió el núcleo de su charla: los orígenes de pueblos toltecas y nahuas brotan de Chicomóztoc, las “siete cuevas” en el cerro Colhuacán o Aztlán, un pico torcido que simboliza matrices primordiales.
Documentos como la Historia Tolteca-Chichimeca, de ediciones de Paul Kirchhoff (1976) y de González Hermosillo (2023), ilustran gráficamente: “toltecas desterrados peregrinan bajo caudillos, chichimecas encabezados por Cholo abandonan Tula en ruinas para irse a Tenayuca con siete capitanes, aunque en ocasiones se alude a ocho pueblos”, precisó Matos Moctezuma, Premio Nacional de Ciencias y Artes 2007, y autor de más de cuarenta libros.
Los mexicas o aztecas emergieron en esta narrativa como herederos. El Códice Boturini, llamado Tira de la Peregrinación, y cronistas como Cristóbal del Castillo afirman: “Estos aztecas, pues, dicen que de donde salieron cuando vinieron fue de chico astral”. Fernando Alvarado Tezozómoc añade: “por eso se les nombra aztecas y tiene por segundo nombre Chicomostoc que agrega poco. Después los mexicanos salieron de allá del lugar llamado Aztlán, el cual si hay en el agua y allí partieron para acá”.
No se ha encontrado arqueológicamente el lugar específico, donde posiblemente estuvo Aztlán: “excavaciones en Nayarit fallaron en probarlo. Ni ellos mismos sabían su procedencia”, expuso el investigador, galardonado recientemente con el Premio al Descubrimiento de Campo 2025, por parte del Instituto de Arqueología de la Academia China de Ciencias Sociales.
Citando a Diego Durán, relató que “Bajo Moctezuma Ilhuicamina (1440-1469), hechiceros viajan al norte en busca de la cueva ancestral. Encuentran a Coatlicue, madre de Huitzilopochtli. Habían venido de unas cuevas y con cavidades donde habitaron nuestros padres y abuelos por muchos años. Inventaron relatos fabulosos, subidas por ríos y metamorfosis, para no defraudar al tlatoani”.
El águila, el nopal y Guerra Sagrada
Al hablar de la llegada al islote prometido, Matos Moctezuma desmonta al bárbaro nómada por medio de Carlos Martínez Marín (1962), quien prueba que los “aztecas” eran mesoamericanos agricultores con templos y jerarquías.
Las fechas varían, pero el año 1325 domina, según el Códice Mendoza, Anales de Tlatelolco y Teocalli de la Guerra Sagrada, que se encuentra en la Sala mexica del Museo Nacional de Antropología, de acuerdo con Elizabeth Boone (1992).
“Este teocalli, joya arqueológica, graba en su dorso el águila sobre nopal con el glifo '2 casa' (1325), y en la cima, dos cañas: sol y guerra. El águila vuela más alto que cualquier otra ave el sol”, explica Matos Moctezuma.
Citó a Yólotl González, sobre las cuatro versiones de los códices: águila sola (Códice Azcatitlan), águila devorando pájaros, águila desgarrando serpiente, o con atlatl (lanza tolteca, símbolo bélico).
Después de haber estado entre 20 a 40 años en el exilio, luego de que fueran corridos de Chapultepec, huyeron de los conflictos y recurren a Texcoco. Ven ranas, culebras, sauces toltecas; al día siguiente, el águila propia.
Durán relata: “Vieron un día ciertas señales, entonces se pusieron contentos, porque siguiendo la profecía de Huitzilopochtli, lo vieron. Históricamente, Azcapotzalco tepaneca le concede el islote y los acoge como tributarios guerreros. En 1428, Itzcóatl derrota a Maxtla, hijo de Tezozomoc y nace la Triple Alianza (Tenochtitlan-Texcoco-Tacuba), esa expansión. al paso de los años, devora las costas de Oaxaca, aunque resisten los tlaxcaltecas.
En 1337, disidentes fundan Tlatelolco. Se registra una pugna comercial al florecer los mercados; la compra se hacía con cacao y quetzales como monedas de cambio. Moctezuma Xocoyotzin recibió a Hernán Cortés (1519) y la historia concluye con alianzas tlaxcaltecas.
Matos Moctezuma cerró exponiendo que las fundaciones no son relámpagos, sino procesos multifactoriales. Su charla es un puente entre el mito y la celebración de Tenochtitlan eterna, 700 años después.
PCL