Cultura
  • Recibamos el domingo en Spartacu’s: el santuario del “stripper” y de la cumbia sentimental

El centro nocturno en Ciudad Nezahualcóyotl se ha convertido en un ícono de la comunidad LGBT+ | Especial

Famosos, vedettes y bailarines se cruzan cada noche en este legendario bar. En Spartacu’s los oficiantes llevan lentejuelas, bailan en calzones y la liturgia empieza luego de la medianoche.

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DOMINGA.– Primero una advertencia: este texto contiene desnudos masculinos, alcohol y tabaco; además, desafía las convenciones de género, objetiviza a los hombres e incita a la disipación de la vida nocturna porque trata del Spartacu’s, la famosa catedral del espectáculo travesti, el templo más antiguo del chacal y la cueva de la cumbia sentimental.

Pero esta crónica no comienza en la Ciudad de México, sino en Nueva York, porque hasta allá llega la fama del Spartacu’s. Sería una historia larga –y no la contaré– explicar por qué estoy sentado a la mesa de un restaurante chino de Midtown con un alto ejecutivo de una marca de moda, una estilista, una famosa actriz y un director de cine –todos extranjeros–, además de Gabriel. La mesa se divide entre los que ya hemos estado en el Spartacu’s y los que nunca han ido pero pronto lo harán.

Adelante con las imágenes. Alguien comparte videos y fotos de la última vez que estuvo allí: se ve a Lyn May, la vedette mexicana de 73 años, con sus pómulos deformados por una mala operación y su leotardo de lentejuelas. Se estira, mueve la pelvis y hace un split en el escenario del bar que provoca que el funcionario de la moda se lleve la mano a la boca en señal de asombro.

Strippers, vedettes y trasnformismo abundan las noches del centro nocturo
Las noches en el Spartacu's trascienden fronteras | Especial


Circulan también la imágenes de un bailarín con el torso desnudo que se baja el calzón, enseña yasabenqué y lo ofrece a las mesas para que la gente lo manipule, lo que provoca un grito de la actriz. Al final todos los que no han estado en el Spartacu’s prometen que vendrán a pasar el Año Nuevo a la ciudad para sumergirse una noche en este ritual. Tal es el poder de convocatoria que tiene este lugar nacido a mediados de los ochenta, en un barrio popular, pero en una década divertida.

Los que sí vivimos acá no tenemos que esperar hasta finales de diciembre para emprender el camino hasta la colonia Maravillas de Ciudad Nezahualcóyotl. Suena lejos pero desde el centro de la ciudad son 45 minutos, lo mismo que toma dirigirse a la Sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario o a la fuente de Nezahualcóyotl en Chapultepec una tarde de tráfico medio. Uno pasa la colonia Jardín Balbuena, rodea el aeropuerto, toma Talleres Gráficos y cruza la Calle Siete, que separa la ciudad del Estado de México, hasta llegar a Maravillas, un barrio de tradición comercial y sonidera que recibió ese nombre como una promesa de sus desarrolladores en los años cincuenta, una promesa que se hizo realidad con la llegada del Spartacu’s.


La idea es reservar una mesa, llegar pasadas las doce de la noche y siempre ir en grupo. Es domingo en la madrugada y yo voy iluminado con la luz glamorosa de mis acompañantes: una modelo y actriz española, su madre, que ha venido de visita, un fotógrafo que viene de Nueva York –moreno, grande, tatuado– y Gabriel. Siempre he dicho que, para ir al Spartacu’s, hay que rodearse de gente guapa, aunque uno sea el menos agraciado: qué importa. Es preciso ponerse a la altura de la fama del lugar.

Esta es una nueva entrega de “El Día del Señor”, una serie de relatos quincenales sobre lo que hacemos los chilangos del siglo XXI cada fin de semana.

Las fotos y los invitados especiales del Spartacu’s

Spartacu's
La entrada del Spartacu's es el inicio de una noche inolvidable para sus visitantes | Especial


Su fama ya circulaba desde que yo era chico. Está el hecho, convertido en leyenda, de que es uno de los lugares favoritos en el mundo de Alaska, la famosa cantante española pop que es amiga del fundador ya fallecido, Jorge Cruz. Cantó en el Spartacu’s en una de sus primeras giras por México y, en 2006, grabó allí su videoclip “Criticar por criticar”; además, siempre es invitada especial cuando viene por acá.

Existe también la historia menos conocida de cuando, allá por 1986, Ignacio Toscano, entonces director de Ópera del Instituto Nacional de Bellas Artes, llevó al Spartacu’s al famoso director de teatro y ópera alemán Werner Schroeter. Éste se quedó tan prendado del espectáculo que trasladó a uno de los strippers al Palacio de Bellas Artes para que interpretara el papel del verdugo que le corta la cabeza a San Juan Bautista en la ópera Salomé. Y para dar fe está el muro a la entrada del Spartacu’s, cubierto de fotos de Jorge Cruz con la gente famosa de la ciudad.

Recuerdo, pero a veces pienso que lo soñé, que había una fotografía de Cruz con Norberto Rivera, el ultraconservador exarzobispo primado de México; sin embargo, no lo puedo comprobar. En cambio, sí está documentada una foto de Cruz con el escritor Carlos Monsiváis y con una de las más famosas cantantes trans, Francis, así como la relación del club con Alaska, Dulce y Paquita la del Barrio, entre otras luminarias.


Una cosa peculiar es que nos reciben tres porteros vestidos de negro que nos revisan para ver si traemos no drogas, no armas, sino cigarros, porque está prohibido meterlos, adentro ya te los venderán. Te ponen una pulsera fosforescente y pasas una cortina para entrar a un salón iluminado por luces azules, verdes y rosas, tapizado de mesas que rodean una pista. Un mesero semidesnudo nos da la mesa. Pienso que es bueno venir con gente llamativa al Spartacu’s porque siempre pasa que las de junto, que son muy perras, te ven de arriba a abajo.

Spartacu's
El centro nocturno lleva un control de aforo a través de pulseritas fosforescentes | Especial


Frente a nosotros hay una jaula donde baila un chico fornido y en calzones, iluminado por una luz naranja. Se mueve con las rodillas ligeramente flexionadas y el cuerpo suelto; los hombros se mecen, la cintura se quiebra, los brazos se balancean y los puños cerrados marcan el ritmo. Se toma de los barrotes como si estuviera con una pareja para impulsarse a dar el siguiente paso. Suena una cumbia de despecho: “Que te vaya bien”, de Grupo Jalado.

Que te vaya bien, que les vaya bien
Que les vaya bien
No te extrañaré
Quédate con él


Y la pista suena a la Ciudad de México. Llegan las cervezas, la botella de tequila, las aguas minerales, el hielo, los vasos, mientras la gente enseña sus pasos aprendidos en el barrio. La chica de camisa de rayas baila con la de camisa a cuadros. Combinan como si fueran un cuadro cinético: vibran según la luz y el movimiento.

Strippers en el Spartacu's
Strippers, vedettes y lentejuegas convergen en un mismo espacio: el Spartacu's | Especial


De repente, cesa la música. Se prenden las luces de la pista y los bailarines, vestidos con unos shorts negros y sin camisa, bajan por una escalera con jergas para trapear el piso donde será el espectáculo, como quien borra los pases de baile para dejar limpio el camino a las divas.

Con ustedes, la veterana Daudeth, con peluca morada, guantes azules, vestido plateado y un tocado de plumas blancas que la persiguen como un aura mágica. Daudeth canta, baila, saca un abanico del mismo color del pelo y los bailarines, que ahora llevan el torso cubierto por una especie de coraza plateada, la levantan al cielo. Esperen. De pronto, Daudeth no está sola. El escenario se ha llenado de otras dos como ella: plumas, brillos plateados, pelucas moradas. Se toman de la mano y hacen una reverencia. El show va a comenzar.

El viejo arte del transformismo en el Spartacu’s

Spartacu's en Neza
El Spartacu's se convirtió en un sitio emblemático para la comunidad LGBT+ | Especial


Mientras en el resto del planeta domina la figura de la drag queen y sus personajes propios, una cultura difundida internacionalmente desde los clubes hasta las plataformas de televisión y las redes sociales, en el Spartacu’s esta noche se hace un homenaje al viejo arte del transformismo, que nació en los viejos antros gay e hizo de la imitación de grandes divas –con vestuario, maquillaje, gestos y sincronización de labios— un arte propio. Su arte es preciso, una especie de kabuki, porque las emociones se expresan mediante un repertorio de gestos, posturas y movimientos estilizados que el público aprende a reconocer. La inclinación de la cabeza o la dirección de la mirada adquieren sentido dentro de esa convención.

En este escenario de Ciudad Nezahualcóyotl aparece Whitney Houston y la reconocemos no sólo por la canción, sino por ese gesto idéntico. Y ya para cuando es el turno de Dulce, nos desgañitamos, lloramos y reímos al mismo tiempo, sin saber cuál era el sentimiento más importante. Ella aparece con peluca rubia, vestido de cuentas de cristal, medias color carne y zapatos de tacón plateado. Canta “Déjame volver contigo” con su estribillo de movimientos totalmente codificados…

Seré tu amante o lo que tenga que ser
Seré lo que me pidas tú
Amor lo digo muy de veras
Haz conmigo lo que quieras
Reina, esclava o mujer


Y todos los que estamos en el bar hacemos el gesto de ponernos una corona en la cabeza, cruzar los puños como si tuviéramos unas cadenas y juntar los dedos en forma de óvalo para significar yasabenqué.

​La rutina termina cuando Daudeth regresa –ahora vestida con un minitraje plateado y una peluca de melena larga y fleco recto– para anunciar los espectáculos de la siguiente semana, rodeada de los chicos forzudos, en calzones, que esa noche dejarán sin sueño y sin dinero a más de un comensal.

Nosotros decidimos que es hora de la retirada. Hay que pagar la cuenta para que el mesero nos dé el pase de salida. El regreso a casa es más rápido y expedito; el sueño es tranquilo, pero al día siguiente comienza la espera a que lleguen los de Nueva York para poder llevarlos el fin de año a llorar o reir, o las dos, a una noche más en el maravilloso Spartacu’s de Ciudad Nezahualcóyotl.


GSC


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Guillermo Osorno
  • Guillermo Osorno
  • Guillermo Osorno es escritor y periodista. Es autor del libro Tengo que morir todas las noches. Hoy conduce el programa Por si las moscas que se transmite en Canal 22.
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Dominga es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/dominga
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