Cultura

¿Qué significa ser artista hoy? Cuatro voces de SOMA México reflexionan sobre precariedad, identidad y colectividad

Entrevista

Carolina Berrocal, Fidel Ernesto, Salomé Marejada y Salvador Xharicata hablan con MILENIO sobre su trabajo artístico tras dos años de formación en la plataforma cultural.

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Precariedad, identidad, movimiento e incertidumbre inciden en las prácticas de Carolina Berrocal, Fidel Ernesto, Salomé Marejada y Salvador Xharicata, cuatro de los 12 talentos que forman parte de la generación 2026 de SOMA México y que ahora egresan con más preguntas que certezas, pero también con la convicción de que la colectividad puede renovar o reivindicar su trabajo artístico.

"Es curioso egresar de SOMA o cualquier programa, que uno entra pensando que va a tener más certidumbre, pero sale con más incertidumbre. Es algo muy común", dice Xharicata, artista originario de Cherán, Michoacán, en entrevista con MILENIO.

La exposición Pisarnos los talones, instalada en el Centro Cultural Casa del Tiempo de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), reúne las experiencias, aprendizajes y confrontaciones que compartieron durante dos años de formación en la plataforma que incentiva la educación artística.

Foto: Luis Alfonso Vázquez
Centro Cultural Casa del Tiempo. | Foto: Luis Alfonso Vázquez

La precariedad de vivir del arte

¿Cuál es el sentido de crear? Una pregunta que cruza las condiciones materiales que sostienen la práctica artística. Pensando en eso, Carolina resalta actividades que pocas veces se reconocen como parte de la obra: documentarla, difundirla y trasladarla.

"El problema está en cómo lo creativo tiene la dificultad de enunciarse en cuanto a lo monetario", explica. A eso se suma el "trabajo invisible" que exige mantener una trayectoria y que contribuye a la precarización.

La identidad también puede funcionar como un pronunciamiento ético, aunque corre el riesgo de convertirse en una "moneda de cambio" dentro del mercado cultura. Contradicción que le genera un "cansancio generalizado y un hartazgo del sistema del arte contemporáneo".

Salomé Marejada, artista visual trans no binarie que desarrolla su trayectoria entre México y Puerto Rico, coincide con su colega al instar la protección de las identidades "ante un mercado que la quiere capitalizar".

De ahí su cuestionamiento hacia la adopción de modelos artísticos provenientes de contextos ajenos, principalmente estadunidenses. Por eso, en un escenario político que percibe cada vez más "a la derecha", es vital entender desde dónde se crea y las consecuencias más allá de la exhibición.

"Hay una búsqueda por hacer proyectos que tengan un impacto real en las cosas que me interesan poner sobre la mesa", afirma.

Berrocal, por su parte, se pregunta cómo llevar sus herramientas y conocimientos fuera de los espacios que legitiman una carrera, sin renunciar al sustento económico: "Me estoy bifurcando demasiado en este tipo de cosas, porque siento que si sigo solo trabajando para mí arte o el arte... me he sentido cada vez más aislada y me gustaría llevar mis herramientas a otros lugares".

Carolina Berrocal, Fidel Ernesto
Carolina Berrocal y Fidel Ernesto. | Foto: SOMA México

Salvador Xharicata y Salomé Marejada. | Foto: SOMA México
Salvador Xharicata y Salomé Marejada. | Foto: SOMA México

¿Todo arte es político?

Xharicata contesta que el arte ocupa un "terreno simbólico" donde se disputan las formas de representar y comprender el mundo: "El capitalismo cultural es el campo de batalla".

Desde esa perspectiva, su posición como artista purépecha lo dota de la responsabilidad de pensar cómo su experiencia puede abrir caminos para las generaciones venideras de Cherán, sin reproducir los modelos de profesionalización cosmopolitas.  

"Ahora los niños de mi comunidad juegan a ser artistas, pero en mi caso eso no existía", recuerda. 

Sobre el uso indiscriminado de la idea de 'Todo arte es político', Berrocal reconoce su potencial crítico, aunque advierte sobre el riesgo de convertir las causas en recursos estéticos "sin tener efecto o repercusión alguna". 

Por eso, cree que es válido que alguien quiera "pintar nubes" sin asumir una postura. Lo importante es no confundir la intención con el resultado.

En el caso de Fidel Ernesto, artista dominicano que trabaja con dibujo, grabado y video, la dimensión política aparece no deliberadamente, sino desde la mirada de otros.

Y se pone como ejemplo: llegar a México lo ha llevado a pensar cómo su origen caribeño condiciona la lectura de su trabajo y las expectativas que recaen sobre él.

"No formamos parte del diálogo 'más grande', que es América Latina continental", dice sobre la percepción usual del Caribe. A ello se suman los estereotipos que reducen la región a un "paisaje paradisíaco".

Eso atraviesa Hay un viento terrible el día de hoy, videoinstalación en la que parte de videos de predicadores pentecostales dominicanos para explorar la circulación de imágenes digitales y lo que permanece entrelíneas; donde "más que reproducir un fenómeno viral", le interesa lo que se pierde, transforma o filtra cuando una imagen va de la pantalla a otro contexto. 

'Hay un viento terrible el día de hoy', de Fidel. | Foto: Luis Alfonso Vázquez
'Hay un viento terrible el día de hoy', de Fidel. | Foto: Luis Alfonso Vázquez

'Sábado por la mañana en Nahuatzen', de Salvador. | Foto: Luis Alfonso Vázquez
'Sábado por la mañana en Nahuatzen', de Salvador. | Foto: Luis Alfonso Vázquez

Territorios y distancias 

En las prácticas de Carolina, Fidel, Salomé y Salvador, el territorio, más que el lugar de origen, puede ser ausencia, distancia o una relación que se transforma con el tiempo.

Por ejemplo, Marejada trabaja con el lenguaje para abordar las distancias históricas entre el Caribe y América Latina. "Una cosa que me preocupa muchísimo es la xenofobia rampante hacia el Caribe de parte de Latinoamérica", afirma. 

Vivir en México le ha permitido reconocer esa exclusión "de manera explícita", pese al vínculo histórico que comparten ambas regiones.

En El mar fue testigo, su pieza en la exposición, el público puede intervenir un poema mediante letras imantadas e instrucciones que transforman la lectura en una acción colectiva. Así, el lenguaje deja su estructura fija y negocia la memoria y la pertenencia.

Para Xharicata esa distancia radica en lo familiar: no hablar purépecha establece una brecha entre él y sus ancestros, lo que seguido lo lleva a cuestionarse sobre la continuidad cultural.

"Es un proceso de duelo", explica. Afortunadamente, su formación artística le ha permitido conversar con su familia sobre esa pérdida y convertirla en materia de reflexión, como lo muestra su instalación Sábado por la mañana en Nahuatzen.

Aunque el alejarse de Cherán lo enfrenta a otra incertidumbre: cómo regresar y relacionarse con una comunidad en la que las preocupaciones cotidianas son muy distintas de las del ecosistema artístico.

Berrocal encuentra su sensación de pertenencia con los sonideros y las calles del Estado de México, espacios de vértigo, neurosis y ruido que se reflejan en los tricksters que suele plasmas en sus obras. Fidel, en cambio, habla del "moverse, viajar" como una manera "temporal" de cambiar de perspectiva. 

'El mar fue testigo', de Marejada
'El mar fue testigo', de Marejada. | Foto: Luis Alfonso Vázquez

La generación 2026. | Especial
Artistas de la generación 2026. | Especial

Crear en compañía

Las conversaciones con sus colegas de SOMA México transformaron las preguntas de Salomé y su manera de pensar la participación en el mundo del arte. Fidel Ernesto coincide: escuchar otras prácticas le permitió confrontar inquietudes que antes tenía en segundo plano.

Tras los dos años de formación, Carolina identifica un cambio en su relación con el trabajo manual: “He llegado al punto de goce, que es un rinconcito tranquilo y feliz, pero al mismo tiempo eso está lejos de lo que pueden ser logros en mi carrera”.

Aunque la búsqueda de estabilidad económica sigue abierta, junto con la necesidad de decidir cuánto espacio dedicar a su obra y cuánto a proyectos con repercusiones sociales directas. 

“Hay veces en que pierdo mucho el sentido del porqué, y encontrarme con pares y, de alguna forma, volver a encontrarme a mí misma desde ahí es lo que incentiva y da sentido a por qué hacemos arte”, explica Berrocal.

Estas contradicciones dan forma a Pisarnos los talones, donde también se muestran las inquietudes de Miguel Bravo, María José Casazza, Guadalupe Dorantes, Roberto Elías, Elianne Islas, Julia Levstein, Raisa Pimentel y Jos SML.

La muestra puede visitarse hasta el 11 de diciembre, de lunes a viernes, entre 10:00 a 18:00 horas. La sede es el Centro Cultural Casa del Tiempo de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), ubicado en General Pedro Antonio de los Santos #84, colonia San Miguel Chapultepec, a unas calles del Metro Juanacatlán. La entrada es gratuita.



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Yair Hernández
  • Yair Hernández
  • juan.hernandez@milenio.com
  • Es periodista especializado en temas de cultura y entretenimiento. Actualmente trabaja como reportero para Milenio.
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