Cultura

El arte de Rodrigo Ímaz: un juego entre lo que el mundo desgasta, desecha y transforma

Entrevista

En entrevista con MILENIO, el artista capitalino reconoce una etapa de madurez y habla de 'AtardeSer' y 'Latas de Palestina', exposiciones donde el tiempo y la basura son parte de su juego artístico.

Entendiendo el arte como “un territorio ilimitado en el que uno puede establecer juegos a nivel metafórico, narrativo, poético y evocativo”, Rodrigo Ímaz (Ciudad de México, 1982) atraviesa una etapa de madurez en su carrera artística, resultado de años de persistencia, disciplina y, sobre todo, curiosidad.

“Los primeros años fueron difíciles porque se tratan de sobrevivir, de resistir, de seguir siendo y creando, más que de hablar de éxitos, holgura o comodidad. Es un ejercicio de resistencia”, dice a MILENIO.

Hoy celebra la recompensa de ese tesón y años de formación: dedicarse “100 por ciento” a su obra, sin tener que asumir labores periféricas. Una plenitud creativa que se refleja en dos exposiciones vigentes en la Ciudad de México: AtardeSer y Latas de Palestina.

El artista, que trabaja entre escultura, pintura, instalación, video y fotografía, y se formó en la entonces Escuela Nacional de Artes Plasticas (ENAP, hoy conocida como Facultad de Artes y Diseño de la UNAM), explica la esencia de estas muestras, donde los objetos exponen el desgaste, desecho y transformación del mundo actual.

Foto: Ariel Ojeda
El arte es "un ejercicio de resistencia”. | Foto: Ariel Ojeda
Foto: Ariel Ojeda
'Latas de Palestina' en el Centro Cultural de España | Foto: Ariel Ojeda

AtardeSer, el vocho como ruina contemporánea

AtardeSer —que se escribe con S "haciendo una alusión a algo más existencial, más heideggeriano"— es una exposición en la galería Art Latinou (Colima número 29, colonia Roma Norte) cuya pieza principal es un vocho hundido en la arena, "como si hubiera ocurrido un proceso de erosión", acompañado por un mural con un atardecer perpetuo, donde “el Sol no se termina de poner”.

La instalación se complementa con pinturas para las que Ímaz se asumió como "un historiador del futuro”, preguntándose qué vestigios dejaríamos hoy. Además de esculturas de madera dobladas y torcidas que, explica, “representan formas de desplazamiento y signos”.

Elementos que propician una reflexión sobre el tiempo y el desgaste. El vocho —símbolo “de desplazamiento, de clase social, de trabajo; con un sentido civil y profundamente humano”— remite a aquello que fue concebido para perdurar, en contraste con la obsolescencia tecnológica contemporánea. “Es ese objeto que buscaba la eternidad”.

¿Y el atardecer representa un momento de confusión o de claridad? “Es revelador”, responde Rodrigo. “En ese sentido tendría que ver con la claridad”.

 “Es ver el tiempo materializado en la luz, que se va yendo y eventualmente desaparece. Eso te hace pensar que estás vivo, que eres un ser en el devenir del tiempo y que existes en un lugar, una atmósfera y una geografía determinada. Es un momento revelador a nivel existencial”.

Para el artista, el atardecer también implica una conciencia de finitud. “La vida y la muerte atraviesan de forma clásica la literatura, la poesía y las artes visuales”, reflexiona. “Las ruinas están en un proceso de devenir, en un ocaso. Eso conlleva una cierta melancolía bella”.

“Es una melancolía bella porque nos refuerza la noción de estar respirando, de que el tiempo está transcurriendo. Y cuando se acaba, bajamos la cortina y nos dormimos. Bajamos los párpados. Todos los días tenemos esa práctica”, explica.

Más que una obsesión con la muerte, Ímaz lo ve como parte de la condición humana: “No es algo que haya que sobredesarrollar”. 

Latas de Palestina: la basura, una forma de habitar el mundo

En 2017, Rodrigo viajó a Jerusalén, territorio marcado desde hace décadas por tensiones geopolíticas, para presentar un documental, Juan Perros, y realizar una residencia artística en el Art Cube Artists' Studios.

Caminando por las calles de la metrópoli, específicamente en la parte Este —que Palestina disputa como su capital—, encontró latas aplastadas que, a pesar de estar mezcladas con basura común, le llamaron la atención por su abundancia y colores. Y las comenzó a recolectar.

“Al llevarlas del lado israelí, Jerusalén Oeste, mis compañeros me dijeron: ‘Estas son latas palestinas porque no tienen el letrero de un shekel y el Estado israelí no las recicla’. Como si el origen del material lo volviera inferior”, recuerda.

En ese gesto de desdén, Ímaz encontró un ejemplo del conflicto en el territorio. Lo que dio origen a Latas de Palestina, una muestra que reúne 35 de estos envases como si fueran piezas arqueológicas,  junto con fotografías impresas sobre aluminio y registros del proceso de recolección, presentada en el Centro Cultural de España (República de Guatemala número 18, Centro Histórico).

"Me interesa la arqueología de los desechos: somos lo que tiramos, lo que consumimos, lo que desechamos. La basura contiene nuestras formas de habitar el mundo. Y me interesa pensar en una línea histórica más amplia, entre el pasado y el futuro, para intentar proyectar qué está pasando actualmente", señala.

Sin embargo, en países del Sur global, el desecho también se convierte en oportunidad. “Noto una característica muy bella de nuestro pueblo: no descartamos las cosas, las arreglamos, las reconfiguramos, las reutilizamos. Y en esos procesos, invisiblemente, hay una resignificación del objeto, de su función y de la idea de para qué sirve y para qué fue hecho”.

Ímaz apunta que uno de los retos de incorporar cargas sociales o políticas en una obra es que “se pone en riesgo la potencia poética y metafórica”.

Por ello, considera importante decir que el arte no se reduce a lo político, aunque puede contener elementos o resonancias históricas, políticas y sociales, "siempre y cuando no se pierda su dimensión poética como eje principal".

Ahonda en su postura al confesar que piensa en el arte como "una amalgama" que, si no está bien puesta o constituida, se cae. “La forma, el contenido y el mensaje tienen que estar integrados para que pueda funcionar”.

"Soy despiadadamente autocrítico para decir 'Esto no sale porque no está logrado, y esto sí porque tiene una potencia empática para dialogar con el otro'".
Se puede visitar en República de Guatemala número 18, Centro Histórico. | Ariel Ojeda
Se puede visitar en República de Guatemala número 18, Centro Histórico. | Ariel Ojeda

Foto: Ariel Ojeda
Las latas las recolectó en una residencia artística en Jerusalén. | Foto: Ariel Ojeda

También presenta un registro fotográfico de la recolección. | Ariel Ojeda
También presenta un registro fotográfico de la recolección. | Ariel Ojeda

Lo que viene: "el juego con la pelota, la esfera"

Tanto AtardeSer como Latas de Palestina exploran la persistencia de los objetos en el tiempo y aquello que permanece cuando su función original se desvanece. En ese recorrido, Rodrigo Ímaz también reconoce un momento de consolidación: “Estoy entrando en una etapa de madurez en mi carrera”.

Insiste en que el arte implica "un ejercicio de resistencia y de disciplina", lejos de los prejuicios que erróneamente abundan sobre la figura del artista.

Tras trabajar como profesor durante casi 15 años para sostener económicamente su práctica artística, hoy puede dedicarse por completo a la creación. “Ese es el mayor de los logros”.

He hecho el esfuerzo de que cada obra sea significativa y se sostenga por sí misma. Cuando uno arroja una obra al mundo, idealmente habla por sí sola, tiene la posibilidad de pararse y caminar sin necesidad de la presencia del autor explicando qué significa”.

A la par de las dos exposiciones mencionadas, Ímaz presenta una instalación en el Museo Franz Mayer con balones convertidos en macetas, y prepara una exposición en la galería Páramo, en Guadalajara, que durante el Mundial 2026 reunirá cerámicas relacionadas con el futbol y el juego de pelota.

Estos trabajos revelan su añeja pasión por el futbol, al que intentó dedicarse de manera profesional en su juventud, aunque hoy lo observa desde un enfoque más analítico.

De la justa deportiva —que arranca el 11 de junio de 2026 con el partido inaugural entre México y Sudáfrica en el Estadio Banorte—, dice que puede ser “un diagnóstico de las realidades en las que vivimos. Un simulacro de lo que está ocurriendo en lo político y social”.

El Mundial revela tensiones geopolíticas. También un sistema de corrupción a nivel corporativo dentro de la FIFA, y su relación con los Estados nación, así como las formas en que se establecen las reglas. No deja de ser interesante lo que atraviesa a la pelota en su trayecto”.

Esa persistencia y desgaste de los objetos en el tiempo, que atraviesa Latas de Palestina y AtardeSer, también aparece en su relación con el futbol: “Cada vez me interesa menos el futbol y más el juego con la pelota, la esfera”.

Recuerda que cuando jugaba lo entendía como “una forma de hacer un simulacro para entender un juego que es más grande”. Hoy lo reduce a sus formas más esenciales —la cascarita, la coladerita, dominar el balón en su estudio—, donde pesa más el movimiento y el ritual que la competencia. Al final, el balón, como su obra, no se detiene: sigue moviéndose entre el tiempo y la sorpresa ante lo cotidiano. 

Una de las latas de la exposición. | Ariel Ojeda
Una de las latas de la exposición. | Ariel Ojeda
Foto: Ariel Ojeda
Foto: Ariel Ojeda

Sigue moviéndose entre el tiempo y el desgaste. | Ariel Ojeda
Sigue moviéndose entre el tiempo y la sorpresa ante lo cotidiano. | Ariel Ojeda


hc

Google news logo
Síguenos en
Yair Hernández
  • Yair Hernández
  • juan.hernandez@milenio.com
  • Es periodista especializado en temas de cultura y entretenimiento. Actualmente trabaja como reportero para Milenio.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.