El 3 de enero del 2026 se difundió una fotografía que sorprendió al mundo: Nicolás Maduro, esposado y con los ojos vendados, a bordo del buque estadunidense USS Iwo Jima.
La imagen, publicada por Donald Trump en la red Truth Social, no solo hizo oficial la captura del mandatario venezolano tras un operativo en Fuerte Tiuna, el principal complejo militar de Venezuela. También generó un fenómeno viral.
En redes, el debate pasó de la detención a los detalles: la botella de agua que Maduro apretaba con la mano derecha, el visor oscuro que le cubría gran parte del rostro y, sobre todo, su atuendo: vestía un pants gris Nike de la línea Tech Fleece.
En minutos, el conjunto deportivo se convirtió en tendencia: las búsquedas en Google se dispararon y las menciones en X superaron las 5 mil diarias entre el 3 y el 5 de enero — según datos de PeakMetrics recopilados por el medio estadunidense Business Insider —. Además, varias tallas se agotaron al poco tiempo.
¿Cómo se explica este fenómeno? En MILENIO lo analizamos.
Uniforme igual a poder
La relación entre vestimenta y poder no es algo nuevo, explica la diseñadora de vestuario y artista social Sandra Garibaldi. El uniforme, desde sus orígenes en los ejércitos griegos y romanos, fue creado para imponer orden y proyectar autoridad.
“Cuando uniformas a alguien, automáticamente lo aplanas y lo integras a una estructura”, señala, aludiendo a lo planteado por el filósofo Michel Foucault en el libro Vigilar y castigar.
El sociólogo Aldo Bravo comenta que, al uniformarse, "hay una apropiación simbólica de que se está participando en algo más amplio, en otros universos. Es una cuestión que tiene que ver con el prestigio, jerarquía".
"Uno define su forma de vestir o peinarse buscando comunicar algo o dar una idea de cómo quiere ser percibido, lo que está transmitiendo. Estar preocupado por eso es estarlo por el capital simbólico, que a su vez se está jugando con otros capitales para incrementar lo económico o el prestigio", agrega.
Lo de Maduro puede entenderse como una transformación. "La raíz del uniforme militar tiene mucho que ver con la del uniforme deportivo”, apunta la responsable del proyecto Estación Garibaldi, plataforma de trabajo comunitario a través de la educación artística. La ropa cómoda y alineada mantiene esa lógica de "homogeneización".
En 2006, Fidel Castro dejó temporalmente el poder en Cuba para atender su salud, y al reaparecer la sorpresa fue mayor: se quitó el uniforme militar para usar pants Adidas. "¡Causó un revuelo enorme! Ya después se dio a conocer que Adidas patrocinaba el uniforme olímpico cubano", recuerda la diseñadora. Aunque nunca se comprobó un contrato o interacción entre la marca alemana y el cubano.
No solo sucede con líderes, también en otros entornos políticos. La diseñadora menciona el caso del jefe de la patrulla fronteriza Gregory Bovino, quien en su ropa adoptó elementos que remiten a uniformes nazis (tendencia conocida como 'Chic Nazi'). O movimientos políticos como MAGA, que respalda a Trump.
"El uniforme nazi fue diseñado para ser funcional y proyectar dureza: líneas rectas, pocos colores, mucho cuero. Hay una intención estética. En el caso de MAGA, vemos un uniforme como tal: traje azul, camisa blanca, gorra roja".
La estética del poder cambia de forma y, aún así, sigue cumpliendo sus funciones primigenias: identificar y jerarquizar.
La situación en México
En México, se adoptan otras formas, reflexiona Sandra: a diferencia de lo deportivo o militar, los políticos recurren a textiles vinculados con lo nacional, como la guayabera, en pos de "cercanía".
El consumo es lo que importa
Basta salir un día a la calle para encontrarse con el rostro de algún revolucionario, como el Che Guevara o Pancho Villa, impreso en una camiseta o cualquier otro aditamento. Lo que revela una contradicción: figuras históricamente críticas, fuera del 'status quo', terminan como productos del capitalismo.
“Lo que importa es el consumo”, dice Garibaldi. “Las marcas pueden hablar de valores o sostenibilidad, pero no controlan quién usa su ropa ni lo que ésta representa”.
En ese proceso, el "valor simbólico" supera el valor original.
Bravo resalta que se han producido "patrones de consumo que tienen algo interesante: son estandarizados y reapropiados culturalmente. Un poco eso es la moda, una tendencia a la que cada quien le da su propio toque: se puede jugar con ella, pero no sin salirse de ciertos estándares. Es un consumo cultural que produce identidad".
La narcoestética
Cuando en 2016 la revista Rolling Stone difundió la foto de Joaquín 'El Chapo' Guzmán durante su encuentro con el actor Sean Penn, la atención no se centró solo en el suceso, sino en un detalle trivial: la camisa del capo mexicano.
Rápidamente, usuarios identificaron la prenda, de la marca Barabas con sede en Los Ángeles, y replicaron lo sucedido con el pants de Maduro.
Más que una "moda criminalizada", Garibaldi identifica el fenómeno como una "narcoestética: una forma de vestirse, de comportarse, de proyectar poder. Y busca replicarse".
“Entre más visible es, más éxito tiene”, dice. Recordando también lo sucedido con la playera Ralph Lauren tipo Polo usada por el capo Édgar Valdez Villarreal 'La Barbie' al momento de su detención el 30 de agosto del 2010; a partir de ahí, se volvió un elemento asociado al narco, desencadenando una tendencia llamada 'Narco Polo'.
Actualmente, elementos como gorras, logotipos o cachas de pistolas funcionan como señales de identificación dentro de estos grupos delictivos. "No es militar, pero conserva rasgos: códigos, pertenencia, una estética de la violencia”, precisa la diseñadora.
El también docente de la Facultad de Ciencias Políticas ubica un posible origen de la narcoestética en los años 70: "Desde los Tigres del Norte, y a lo mejor se hizo más clara hace unos años con otro tipo de músicos como el Komander. Pero es interesante que poco a poco se han hecho íconos pop. Antes tenían sus propio universos simbólicos, pero ahora son como si fueran Madonna".
Esto, dice el experto, tiene que ver con una "sociedad permisiva", es decir, "cada vez uno es más ligero o menos riguroso con lo que es sacro o profano".
Pero llevarlo a lo narco, al menos para Aldo, "causa dilemas éticos, produce ciertas alertas de su banalización. ¿Qué presume el narco? Modelos de poder, formas pedagógicas. Que no quiero decir que los narcocorridos o la estética producen narcotraficantes, pero sí generan un imaginario".
“El uniforme pega fuerte en los jóvenes porque construye identidad, un sentido de pertenencia”, señala Garibaldi.
En plataformas como TikTok o Instagram, esto se acelera: la imagen aparece y se convierte en tendencia en cuestión de minutos.
Como la detención de la modelo e influencer Aleska Génesis tras salir de La Casa de los Famosos en 2025, portando un suéter de lujo ERL; la visita de la actriz Lindsay Lohan a la Corte en 2011, luciendo un llamativo vestido blanco de la diseñadora Kimberly Ovitz. O la carrera en el modelaje de Jeremy Meeks, que despegó tras ser arrestado en 2014 durante una operación policíaca en California.
Aunque "no es nada nuevo", dice el sociólogo, recordando que antes los atuendos se conocían y popularizaban desde revistas o programas de televisión. "Con las redes solo se volvió más intenso".
¿Cuál es el poder de la moda?
El problema recae en la normalización de estos fenómenos: "La moda tiene un poder blando (soft power), pero real, a fin de cuentas", advierte Sandra.
Afortunadamente, ese mismo mecanismo que convierte a un pants o a una camisa en objeto de deseo, puede operar a la inversa.
Por ejemplo: desde ex guerrilleros de las FARC en Colombia que han transformado su identidad a través del diseño textil (proyectos como Confecciones La Montaña o Cooperativa Tejiendo Paz con su marca Avanza), hasta símbolos como la sandía que, debido a sus colores (rojo, verde, blanco y negro) han circulado a nivel mundial para expresar apoyo a Palestina. O el mismo emprendimiento de Sandra, Estación Garibaldi, que desarrolla 'Cana 77', un programa de capacitación laboral penitenciaria.
En lo inmediato, Aldo pide no estigmatizar estos fenómenos estéticos, sino verlos como " formas de vestir de expresiones éticas, expresiones individuales que sigue ciertas tendencias".
"La solución es separar el universo simbólico del narco o figuras de poder de su estética, y banalizarla al grado que se entienda como eso, y nada más", zanja.
hc