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Robert Lowell (1917–1977)

Inventario

Miseria de la poesía

Aeropuerto de San Luis Misuri, martes 13 de septiembre. Un vuelo a Kansas City se ha retrasado. En la sala los pasajeros leen noticias de las inundaciones en el St. Louis Post–Dispatch. Todos sin excepción pasan por alto lo que se publica a tres columnas en la página 6: “Robert Lowell Dies; Prize–Winning Poet”. Ha muerto el primer poeta de su país y su muerte queda completamente oscurecida por las desapariciones de Leopold Stokowski y poco después de Maria Callas. ¿Para cuánta gente un poema de Lowell significará lo que una canción de Elvis Presley? La música habla para todos. Involuntaria, irremediablemente elitista, la poesía solo alcanza en realidad a quienes comparten un idioma y unas circunstancias concretas históricas y geográficas. Si sale de las aguas de su lengua la poesía se asfixia. A veces puede rehacerse pero no traducirse. En estas viejas condiciones nada más natural que el fallecimiento de Lowell pasara, cuando menos hasta ahora, inadvertido entre nosotros.

La tierra de la desemejanza

Robert Lowell murió el 12 de septiembre en un taxi que lo llevaba del aeropuerto Kennedy a Manhattan, muerte que aparece casi prefigurada en “The Human Race”, un poema de Notebook. Había nacido en Boston sesenta años atrás, el 1º de marzo de 1917, en la rama pobre de una familia oligárquica. Su infancia está descrita en “91 Revere Street”, capítulo de una autobiografía inconclusa que figura en la edición estadunidense, no en la inglesa, de Life Studies. Hijo único de un comandante naval que abandonó la marina para tratar sin éxito de abrirse paso en los negocios, Lowell encontró otros padres simbólicos en los poetas mayores que le ayudaron en su formación. Primero fue Richard Eberhart en St. Mark’s School. Luego, tras dos años en la Universidad de Harvard, de la que fue presidente su tío Abbott Lawrence Lowell, pasó a Kenyon College (Ohio) donde estudió literatura clásica y filosofía bajo la dirección de John Crowe Ransom. En la Universidad de Luisiana continuó trabajando con Robert Penn Warren y sobre todo con Allen Tate, escritores sureños que habían formado el grupo Los Fugitivos y al experimentalismo e internacionalismo de los “imaginistas” de Chicago oponían el regionalismo y la tradición clasicista.

Para consumar su ruptura con el medio bostoniano Lowell se hizo católico y empezó a leer a los escritores milenaristas y apocalípticos que, como demostró Robert Mazzaro, forman el trasfondo ideológico de sus dos primeros libros: Land of Unlikeness (1944) y Lord Weary’s Castle (1946). Son poemas religiosos de imaginería bíblica sobre la presencia del mal en la Tierra. Los puritanos llegados para fundar la Nueva Jerusalén cercaron su jardín “con los huesos del piel roja” y el puritanismo engendró el capitalismo depredatorio. La búsqueda del progreso material llevó a renovar incesantemente el crimen de Caín.

Lowell se presentó voluntario en los primeros días de la guerra cuando el avance japonés en el Pacífico hizo temer una invasión de Estados Unidos. Al iniciarse los bombardeos contra las poblaciones civiles de Japón y Alemania, Lowell se volvió objetor de conciencia y pagó con la cárcel por rehusarse a ir al frente. Las páginas de esta época son las traducidas por Alberto Girri en el único libro, Poemas de Robert Lowell, que de este autor existe en castellano (Buenos Aires, 1969).

De la oración a la confesión

Ya firmemente establecido en los cuarenta como el mejor poeta de la nueva generación, Lowell publicó en 1951 The Mills of the Kavanaughs, monólogos dramáticos y poemas narrativos que hallan su lenguaje menos en la poesía que en cuentos como los de Chéjov. Lowell se propone a partir de entonces ganar para la lírica el terreno abandonado por la novela: personajes, ambientes, introspección.

Hay ocho años de silencio que Lowell pasa en las universidades (las cuales cumplen en Estados Unidos el papel de mecenazgo que en México es exclusividad del gobierno) y en clínicas mentales a que lo llevan sus frecuentes depresiones. En 1959 una nueva época de la poesía estadunidense empieza con Life Studies. Aunque el mismo Lowell reconoció que el impulso inicial lo había encontrado en el libro Heart’s Needle de su discípulo W. D. Snodgrass, con Life Studies se abre lo que M. L. Rosenthal designa como “la estética de lo confesional” en donde se inscriben, cada uno con su voz propia, poetas como John Berryman, Sylvia Plath (también alumna de Lowell en Boston) y Anne Sexton. Ellos, al terminar sus vidas en el suicidio, dieron la demostración última de que la poesía es algo más que un pasatiempo venerable, solo continuado por mera inercia cultural.

La tradición de la impersonalidad desaparece en Life Studies. El autor se identifica autobiográficamente con el hablante de sus poemas. El tema único es el penoso transcurrir de la vida, los problemas personales y familiares. Lowell convierte sus humillaciones y fracasos en la materia misma de su arte. Una presión así es difícil de sostener y Lowell tiene que equilibrarla hablando con otras voces. A ello le debemos Imitations (1961), libro que solo guarda semejanza con Versiones y diversiones de Octavio Paz.

Consciente de que la excelencia de un poeta depende de la oportunidad única que le ofrece su lengua materna, Lowell escribe sus propios poemas ingleses a partir de poemas de otras culturas. En las huellas de Pound, recupera el concepto que expresó incomparablemente el mejor traductor poético de nuestro idioma, fray Luis de León, al hacer con base en originales ajenos poesías “que hablen en castellano y no como extranjeras advenedizas sino como nacidas en él y naturales”. Lowell tradujo también la Fedra de Racine, Prometeo encadenado y “El viaje” y otros poemas de Baudelaire.

Los ejércitos de la noche

En 1965 Lowell desarrolló un nuevo tipo de verso dramático, diferente del verso lírico, en su trilogía teatral The Old Glory, basada en cuentos de Melville y Hawthorne en que destaca Benito Cereno pues adquiere la actualidad de un comentario sobre la rebelión negra en Estados Unidos. Un año antes For the Union Dead subraya la apertura de Lowell hacia la historia. De la que ya se lee en los libros, Lowell pasa a la que aún se está viviendo. Su negativa a aceptar una invitación de Johnson a la Casa Blanca marca el principio de la ruptura entre los intelectuales estadunidenses y el Estado. Su culminación es la marcha pacifista sobre el Pentágono (octubre de 1967) que Norman Mailer narra en The Armies of the Night y en donde Lowell lee “Walking Early Sunday Morning”, poema que figura en Near the Ocean (1968) y fue traducido en México por Carlos Monsiváis.

Aunque tímido, torpe y mal lector de sus versos, Lowell le robó la noche a Mailer en un mano a mano que éste comparó con el de Manolete y Dominguín. Más allá de todas las ruindades de la comedia literaria, Mailer consideró a Lowell “un hombre excelente, bueno y honorable” cuya poesía “nos da la sensación de vivir dentro de un pozo”, y lo describió así:

Su atractivo personal era inmenso, sus rasgos resultaban al mismo tiempo viriles y patricios y sus característicos modales dejaban ver facetas hoscas, galantes, tiernas y solícitas, como si fuera el más encantador banquero de Boston que uno hubiese esperado encontrar nunca.

Imitación de la muerte

La gran crónica pública y privada de estos años finales de los setenta está en Notebook, el libro central de Lowell (1970–1971) que se ramifica en sus tres colecciones de 1973: History, For Lizzie and Harriet, The Dolphin y, tras los Selected Poems de 1976, adquiere una nueva dirección en Day by Day, publicado semanas antes de su muerte.

En trescientos setenta y un textos semejantes a un soneto sin rimas, Notebook conquista para el verso la absoluta libertad, logra hacerlo un instrumento tan flexible que puede ocuparse nuevamente de todo. Como ha señalado el poeta venezolano Alejandro Oliveros, “por su carácter ambicioso y monumental, Notebook se inscribe en la tradición de la época moderna que ha producido libros como Hojas de hierba de Whitman, los Cantos de Pound o Paterson de Williams”.

La Guerra de Vietnam, la Guerra de los Seis Días, los levantamientos en los guetos negros, la muerte del Che Guevara, la marcha sobre el Pentágono, la campaña de McCarthy, los asesinatos de Martin Luther King y Robert Kennedy, las rebeliones estudiantiles estadunidenses, el mayo francés, la convención republicana en Miami, la invasión de Checoslovaquia forman la historia pública en que se hace y deshace la historia personal de Lowell narrada en Notebook. Las dificultades que presenta su traducción parecen irremontables. Pero ya Jaime García Terrés mostró un camino en su versión de “Los muertos en Europa” y el propio Monsiváis ha puesto en español aquellos poemas de Notebook que se refieren a México.

A. Álvarez, en El dios salvaje, resumió la gran tentativa de Lowell al decir que él y los mejores artistas modernos han creado a partir de sus tribulaciones privadas un lenguaje público “capaz de consolar a los conejillos de indias que ignoran la causa de su muerte”. Es la justificación de las artes cultas cuando parecen cada vez menos convencidas de su derecho a la atención e incluso a la existencia. Sobreviven moralmente convirtiéndose en una imitación de la muerte en que el público puede participar. Para lograr esto el artista, en su papel de víctima propiciatoria, se encuentra poniendo a prueba su propia muerte y su vulnerabilidad en sí mismo y para sí mismo.

26 de septiembre de 1977

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