Habían pasado 20 años del último trabajo del Colectivo Cine Mujer cuando las directoras Andrea Gautier y Tabatta Salinas emprendieron la titánica tarea de reunir al grupo de artistas que, a partir de 1975, sentaron las bases de una crítica a la violencia de género y al lugar de la mujer en la sociedad mexicana que lograron llevar al ámbito audiovisual.
La agrupación inicialmente estuvo formada por la directora Rosa Martha Fernández y la artista visual Beatriz Mira. Ambas vivieron de cerca las protestas estudiantiles generadas por la Matanza de Tlatelolco en 1968.
Posteriormente, se sumaron Sonia Fritz, Guadalupe Sánchez, Ángeles Necoechea, Ana Victoria Jiménez, Eugenia Tamés Mejía, Mónica Mayer, María Novaro y María del Carmen de Lara, entre otras mujeres.
Cada una, desde su trinchera, sumó ideas que fortalecieron la lucha por explorar “cuestiones femeninas” a través del cine. En Cosas de Mujeres (1978) enunciaron la lucha por la despenalización del aborto. Con Vicios en la cocina (1978) pusieron en cuestión al trabajo doméstico como una labor destinada únicamente a las mujeres.
De las películas del Colectivo Cine Mujer a Rebeladas
Su trabajo llegó hasta Yalalt, una región en Oaxaca que atravesó una crisis política que llevó a las habitantes a tomar las riendas de la organización del pueblo. De dicha situación surgió Yalaltecas (1983).
Este 8 de marzo, el punto de reunión fue la Glorieta de las Mujeres que Luchan, donde Gautier y Salinas convocaron a cineastas, artistas audiovisuales y todas aquellas mujeres que quisieran apoderarse de las calles, enunciado a una sola voz aquellas problemáticas que el colectivo nombró a través de la pantalla décadas atrás.
El documental Rebeladas es un relato coral en el que Gautier y Salinas abordan la historia del Colectivo Cine Mujer, contextualizándolo con la situación mexicana actual.
La película concluye con escenas durante una manifestación del 8M, pero paradójicamente este día parece ser el comienzo de una lucha. Las directoras presentaron al público su trabajo que ahora se traduce de manera tangible en las decenas de mujeres que forman el contingente.
“Te das cuenta de que llevamos 50 años con las mismas reivindicaciones y luchas; que en algunos aspectos no han mejorado y puede resultar un poco desalentador. Sin embargo, creo que hay algo muy positivo e ilusionante en el final de la película”, dijo Andrea Gautier en entrevista para MILENIO.
“Hace 50 años, dicen las propias protagonistas, eran muy pocas, 'machorras', mujeres tachadas de locas; ahora, cada 8 de marzo en todas las plazas del mundo, son miles de mujeres y disidencias las que se movilizan”.
“Aunque sean temas que no se han resuelto, forman parte de la agenda política, de la vida social y continúan en discusión”.
En el Día de la Mujer, todo trayecto de la Ciudad de México hacia el Centro se transforma. Una estación del Metro más cerca del Zócalo se traduce en un grupo de amigas vestidas con alguna prenda morada o verde ingresando al vagón. Una mirada cómplice y una sonrisa que implícitamente sabe cuál es el destino.
Al llegar al punto de encuentro, cientos de mujeres comienzan a agruparse en torno a diferentes causas. Contra la violencia vicaria; por un feminismo interseccional y anticapitalista; antiespecista; doctoras que buscan que los estudios médicos consideren las necesidades de las mujeres, entre otros. El colectivo de Rebeladas, se unió con La Gremia (Red de Mujeres en el Cine y la Televisión) por el quehacer de las mujeres en la industria audiovisual.
“Esta batalla no se queda en la pantalla”, coreaban las asistentes, mientras de fondo, el sonido de los tambores enmarca las consignas.
Y efectivamente, menciona Andrea Gautier, el objetivo del documental no era “solo hacer una película histórica, una biopic más”, sino que, además de la labor divulgativa, era fundamental honrar el trabajo de aquel grupo de mujeres.
Al visitar el trabajo del Colectivo Cine Mujer puede constatarse la vigencia de sus obras, a pesar de haber sido creadas hace cinco décadas. Por ello, las documentalistas querían establecer un diálogo con las obras, pero también con la realidad mexicana que acontece en el presente.
Abrir la caja de los recuerdos
Cuando comenzaron a investigar sobre el colectivo, cerca del 2005, se encontraron con que no había información suficiente sobre ellas. Buscaron en libros sobre la historia del cine, sin éxito.
El silencio solo incrementó su necesidad por difundir la historia de esta agrupación, por lo que trataron de contactarlas para hablarles sobre el proyecto que tenían en mente.
“¿Una película sobre nosotras?”, la propuesta las tomó por sorpresa.
“Ellas no eran muy conscientes de la importancia que había tenido su trabajo. Cuando nos propusimos contactarlas, supimos que algunas de ellas sí se mantenían en contacto, pero en cuestión al colectivo, habían perdido esa conexión”.
El primer año de trabajo involucró un encuentro inicial de las “chicas súper poderosas” —como Gautier y Salinas llaman a las artistas— que sirvió como “la semilla” para la reconexión del colectivo.
“El hecho de que nosotras las juntáramos, les dio la oportunidad de volver a encontrarse. Y a partir de ese momento, de manera más o menos intensa, fueron reconectando”.
Las directoras de Rebeladas mencionan que durante el proceso de producción del filme, notaron cómo las integrantes de Cine Mujer lograron volver a ver su experiencia desde otro lugar.
“Sus películas estaban enlatadas, y de alguna forma, su historia también.
“Y, ¿quién diría que después de cuatro o cinco décadas se iban a volver a organizar y hasta iban a tener su chat de WhatsApp?”.
La marcha continúa sobre Paseo de la Reforma. Cada vez se suman más mujeres, y con ellas, cientos de carteles. El sol sigue su curso rumbo al cenit y la temperatura aumenta, pero nada las detiene de exigir a gritos ser escuchadas. De la misma forma que nada detuvo al Colectivo Cine Mujer de forjar una carrera cinematográfica.
“Mujeres filmando, también están luchando”, cantan.
Con el documental, explican las directoras a MILENIO, se propusieron evidenciar la complejidad que atraviesan las mujeres cuando intentan ingresar al mundo del cine, un área dominada por los hombres.
“Aunque hay un gran número de directoras, y cada año afortunadamente son más, sigue siendo muy difícil que una directora llegue a hacer su segunda o tercera película, que consiga consolidar una carrera”, menciona Andrea.
“Incluso para algunas mujeres del colectivo, que han conseguido a base de mucha pelea levantar películas, han sido muchas menos de las que seguramente a ellas les hubiera gustado hacer”.
Cambiar al mundo a través de la memoria y el arte
Durante la premier del documental, en el Museo Universitario del Chopo, el 1 de marzo, las creadoras de Colectivo Cine Mujer fueron cuestionadas sobre cómo consideraban que se podía cambiar al mundo en la actualidad.
Esto porque en Rebeladas, uno de los archivos recuperados muestra a una de las integrantes diciendo que quería iniciar una revolución usando su cámara.
Sobre ello, la directora Rosa Martha Fernández se sinceró y reveló que cuando comenzaron a hacer películas “no tenían idea de lo que hacían”, lo único que las constituía era la rabia de vivir en un mundo profundamente machista.
“Estas películas se hicieron con rabia. Sin mucha meditación. La rabia te da valor y desafías lo que sea y te metes a donde sea”.
“El cine era nuestra arma, no teníamos otra. Se trata de tomar el arte como un instrumento de comunicación y sensibilización. Puede que no cambie al mundo, pero se sensibiliza a la gente”.
Esta película funciona como una poderosa herramienta que le recuerda a las mujeres no desarticularse.
La experiencia general al ver Rebeladas es que terminando esos 82 minutos, invade una necesidad de luchar desde la propia trinchera y compartir el trabajo con otras mujeres —dicen quienes caminan conmigo casi al llegar al Zócalo y secundo el comentario—. De reunirse, de no dar por sentada ninguna batalla y de siempre ver hacia adelante, recordando a quienes nos precedieron.
“El público está reaccionando de la misma forma que nosotras cuando descubrimos la increíble historia de estas mujeres”, se sincera Andrea.
“Yo creo que algo que hace que la audiencia conecte con la película y con estas chicas súper poderosas no es solo la historia, sino porque quisimos mostrar su lado como mujeres, su sentido del humor, sensibilidad, su gesto. No son únicamente una fuente de información, son mujeres. Eso hace que empatices con ellas y las admires”, concluye Tabatta.
Rebeladas termina el 8 de marzo con una proyección al aire libre de regreso en la Glorieta de las Mujeres que Luchan y la lectura de un Manifiesto de Cine Feminista.
Gautier y Salinas mencionaron que entre sus prioridades está la descentralización del cine, que su trabajo llegue más allá de los mismos cine clubes y las salas de siempre. E incluso, que pronto pueda proyectarse hasta Yalala, como hace 40 años, cuando un grupo de aguerridas cineastas se montaron en combi para retratar en su empeño por hacer del cine algo de todas las mujeres.
MD
