Aparecen una y otra vez: ojos que miran, que atraviesan y, al mismo tiempo, obligan a ver hacia adentro. Y para su autora, la artista mexicana Persefone, no se tratan de una obsesión, sino de una manera de entender(se).
“Los ojos son una constante en mi obra”, cuenta en entrevista con MILENIO, y recuerda que una psicóloga llegó a preguntarle si aquello respondía a una especie de paranoia.
Pero Valeria Brizuela —su nombre de pila— lo interpreta de otra manera: desde niña, gracias a su familia, estuvo cercana a ideas provenientes del budismo y el hinduismo que hablan de la autobservación.
“Todo el tiempo intento mirarme, ser crítica conmigo... Tengo un viaje con los ojos, que son el túnel del alma”, explica como entrada a su universo: uno en el que pintar, más que producir, es una forma de comprender el mundo.
Persefone estudió geofísica y, durante un período de tiempo, se alejó de la pintura porque comenzó a sentir rechazo hacia ciertos espacios y, confiesa, "hacia una humanidad" que, en sus palabras, la hacía sentir "enojada".
Por eso se acercó a la ciencia. Pero la pintura regresó: “Pinto para explicarme a mí misma y, a partir de ahí, enseñarle a todos la síntesis de lo que he aprendido”.
“Pinto como si escribiera libros”, añade de manera contundente.
Persefone, pintar para entender
La obra de Persefone se construye desde distintas aristas: grabado, litografía, acrílico, óleo, dibujo y escritura.
No busca que su arte sea contemplativo, al contrario, considera que tiene una naturaleza narrativa e ilustrativa porque parte de historias, pensamientos y experiencias.
“Ser artista es ser como un filósofo. Somos parte de una misma cosa intentando explicarse”, reflexiona.
Aunque su manera de filosofar no necesariamente pasa por la lógica; le interesan "experiencias somáticas, lo extracorpóreo, el éxtasis, la nada y el absurdo". Eso que muchas veces resulta difícil poner en palabras.
Una maestra a quien admira, Paulina Jaimes, fue importante para tal concepción: cuando Valeria le habló de cosas "oscuras" que no podía procesar, recibió una respuesta sencilla: "píntalas".
Desde entonces, su búsqueda ha consistido en acercarse a zonas lúgubres para encontrar no únicamente luz, sino conocimiento.
Del colapso al entendimiento
La artista habla de su pintura como un recorrido semejante al "camino del héroe", con la diferencia que no representa la catástrofe ni el punto más bajo, sino el instante en que comienza la salida.
“Quisiera llegar a puntos más oscuros y, de ahí, ir a cosas más resueltas”, apunta.
La escritura, en cambio, le permite ser más "visceral y oscura". Esa diferencia le ha ayudado a comprender que el colapso también es necesario: hay momentos donde la única salida es aceptar aquello que no se puede cambiar.
Rememora que al principio pintaba a "personas que quería y que ahora ya no están". Y volver a mirar esas obras le resulta difícil. También llegó a crear desde el enojo, y después, al reencontrarse con esas piezas, se sintió "avergonzada".
“Es como si hiciera brujería”, dice sobre su capacidad de concentrar tanta energía en una obra.
De la pintura a la animación
Tras dejar la pintura durante un tiempo, regresó con “más hambre, más foco”. La distancia le permitió aclarar aquella "pulsión" que sentía con una idea más precisa de lo que quería.
Ahora atraviesa una etapa de transición: su obra comienza a ser reconocida y, por ende, venderse; y han surgido nuevos proyectos, entre ellos un mural de Mayahuel en el centro de Tecámac. Pero también quiere llevar sus historias hacia la animación.
Quiere animar lo que escribe y, tal vez, desarrollar talleres; en ese proceso, haber ganado el Fonca representó un impulso importante.
Su exposición más próxima confirma el creciente interés en su trabajo: algunas personas ya comenzaron a contactarla para adquirir obra, aunque por ahora prefiere canalizar eso a través de la galería para no quedarse sin piezas.
La divinidad detrás de lo cotidiano
Una parte del universo de la artista mexicana podrá verse este sábado 15 de agosto en Con la divinidad dentro, exposición que se inaugurará a las 16:00 horas en Valiente Café, colonia Industrial.
Dicha muestra reúne seis obras —dos litografías y tres acuarelas— y parte de una idea central: la divinidad habita en lo cotidiano.
Dice que no se trata de buscar "lo divino" en grandes acontecimientos, sino en esos pequeños desplazamientos de la conciencia que ocurren mientras hacemos cualquier cosa, como "algo que pasa en la micro o en el Metro; esa transición entre un punto y otro de la consciencia",
“Es como si la Virgen te diera un abrazo por atrás”, así describe la muestra.
Destaca que esa exposición será apenas una estación dentro de una etapa movida para Persefone: luego tiene un encargo en el que explorará la trascendencia de una sombra a través de una sirena. Y, a largo plazo, el proyecto De vuelta al lenguaje del paraíso, que parte de una pregunta sobre la comunicación y las posibilidades de percibir aquello que normalmente no sabemos describir.
"¿Cómo representar, por ejemplo, la textura de la piel de un fantasma?", cuestiona Persefone, y ahí comienza su nueva exploración artística: aquello que no puede tocarse, pero que puede imaginarse y, quizá, una imagen consigue revelar.
hc