En 2018, la ilustradora Laura Juliana Ramírez Ruíz inició el proyecto de Perrito feminista en redes sociales con el propósito de acercar los feminismos a más personas, pues tenía la sensación de que en los espacios en donde se discutía sobre estos temas “siempre nos hablábamos a nostras mismas”, cuenta en entrevista.
Fue así como surgió este personaje ilustrado que expone problemáticas y reflexiones sobre las violencias que atraviesan a las mujeres. Primero en redes sociales, en donde su alcance se dio de manera orgánica, para más adelante ser un fanzine y ahora encontrar espacio en La primera vez que me enamoré, una novela gráfica editada por Sexto Piso.
La también comunicóloga y creadora audiovisual cuenta que eligió a un perro porque “sentía que era un personaje que podía empatizar con muchas personas; al ser un perrito no ibas a cuestionar su posición política, así podía insertar feminismo desde la ternura y el afecto”.
La ilustradora se declara fan de personajes caninos desde niña, como Snoopy, y confiesa que le hubiera gustado que un personaje ilustrado le hablara de estos temas desde su infancia.
Y aunque —como su creadora lo dice— un perrito puede abrir la puerta a los feminismos desde la ternura, no deja de lado la teoría. Sin embargo, considera que abordar estos temas desde la academia puede llegar a alejar o generar desinterés.
“Estoy haciendo un doctorado en estudios feministas y todo el tiempo estoy leyendo teoría, pero a veces es muy compleja. Por eso llega un punto en el que digo ‘esto se tiene que bajar’. Es decir, todo este conocimiento al que estamos accediendo tenemos que llevarlo a espacios donde personas que quieren acceder al feminismo puedan entenderlo, porque no todos tienen el tiempo para clavarse cinco horas en un texto, analizarlo, filosofarlo… Entonces, creo que mi búsqueda con Perrito feminista es eso, bajar estos textos a espacios más cotidianos”.
En el prólogo, escrito por Julia Didriksson Muriedas, se habla de la dinámica de las relaciones de pareja basada en el mito del amor romántico, lo que muchas veces hace insostenibles nuestros vínculos. “Somos parte de un linaje de generaciones a las que no se les enseñó a amar desde una conciencia crítica”, escribe.
Mientras cursaba la universidad, Laura Juliana empezó a interesarse por la teoría feminista porque quería hacer un documental sobre cómo las niñas miraban la belleza. No fue tan sencillo —recuerda— pues en ese entonces los libros sobre feminismo eran escasos, incluso en el entorno universitario.
“Entonces, empecé a buscar libros en internet y me gustó mucho lo que leía. Dije, ‘al fin estoy leyendo algo que habla de temas que a mí me atraviesan, temas que me parecen profundamente políticos y necesarios”.
Fue así que llegó al libro Claves feministas para la negociación en el amor, de Marcela Lagarde, con el que “me di cuenta de que el amor era algo que nos enseñaban y que nos hacía someternos en nuestra vida personal”.
Tener acceso a estos textos fue de suma importancia para la autora de La primera vez que me enamoré, pero sin duda también lo fueron las mujeres que le rodeaban y que incluso sin ser feministas compartieron algunas enseñanzas que dejaban ver cierto hartazgo por los roles asignados a su género.
Este conjunto de factores tienen eco en Perrito Feminista, un proyecto que se compone de vivencias colectivas y que busca a su vez encontrar espacios en la vida cotidiana de infancias y adolescencias y, por supuesto, mujeres y hombres en la adultez que buscan crear narrativas afectivas desde un amor más sano y libre.
“Perrito es eso, un diario de cosas que me atraviesan o de temas que van sucediendo o que me molestan, pero no es algo superteórico. La teoría la aprendo, me gusta, la leo. La teoría me ayuda a entender cosas que a veces no veo, sin embargo, creo que hay que aprender a bajarla a la vida cotidiana”.
Sobre la importancia de hacer llegar este tipo de contenidos desde etapas tempranas a infancias y juventudes, la autora considera que, ante el avance de la ultraderecha en Latinoamérica, es de vital importancia pues “hay un montón de jóvenes que están creciendo con estas ideas”.
Y reflexiona ante lo problemático que es “ahora no solo tener que luchar en el espacio cotidiano, sino también en el digital. El regreso de la ultraderecha es una estrategia en la que el contenido que más se ve en TikTok o en Instagram es de estas mujeres blancas o tradwife que solo aspiran a tener un marido; que todo el tiempo estemos viendo este contenido y el nuestro lo baneen es fuerte”.
Finalmente, la creadora dice que le gustaría que La primera vez que me enamoré llegue sobre todo a barrios y colonias populares a través de un club de lectura.
“Sería hermoso que este tipo de libros o de contenidos pudiesen llegar a otros espacios, porque la cultura en México está muy segregada a ciertos espacios o clase social”.
PCL