Cultura

Ricardo Prado y Mario Schjetnan reciben la Medalla Bellas Artes

Los arquitectos fueron reconocidos por su trabajo de décadas en restauración de inmuebles históricos y edificación del paisaje, respectivamente.

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En el Palacio de Bellas Artes se honró a la arquitectura al celebrar dos visiones que han dado forma al México de los siglos XX y XXI: la de Mario Schjetnan Garduño, quien ha demostrado que el paisaje es infraestructura de vida, y la de Ricardo Prado Núñez, guardián paciente de la memoria de piedra.

Con la entrega de la Medalla Bellas Artes 2026, la máxima presea que les otorgó este miércoles 9, el Inbal reconoció a ambos arquitectos por más de medio siglo de trabajo ininterrumpido en favor del desarrollo, la preservación y el fortalecimiento de la edificación nacional.

En la ceremonia se conjugó el reconocimiento institucional, el testimonio de trayectorias, los llamados a la sostenibilidad y la conservación de la memoria construida de México.

Alejandra de la Paz Nájera, directora general del Inbal, habló del carácter fundacional de estas medallas. “Son las máximas distinciones que nuestra institución concede a quienes mediante su obra, conocimiento y trayectoria han realizado aportaciones destacadas al desarrollo de la arquitectura y a la preservación del patrimonio cultural de México”.

La funcionaria dijo que las carreras de Schjetnan y Prado son complementarias: “Comparten una misma responsabilidad: contribuir a construir y preservar los espacios que dan identidad en nuestra sociedad”. Expresó que se les reconoció “por servir a la cultura, dar una nueva vida al espacio que habitamos y por proteger al legado que nos define”.

El arquitecto Mario Schjetnan Garduño, fundador del Grupo de Diseño Urbano (GDU) en 1977, recibió la medalla por cinco décadas de trabajo:

“Todo premio y en particular de este nivel tan importante lleva un mensaje implícito;  agradezco al jurado que destaca la arquitectura del paisaje y el diseño urbano ambiental en este momento tan crítico de la historia”.

Los arquitectos fueron reconocidos por su trabajo de décadas en restauración de inmuebles históricos y edificación del paisaje, respectivamente.
El Parque Ecológico Xochimilco, obra del paisajista. Héctor Téllez

Se refirió a los problemas que a su juicio hacen indispensable un cambio de paradigma: “Vivimos deshumanización y crecimiento apurado de nuestras ciudades, una crisis ambiental severa de cambio climático y calentamiento global, una inequidad inaceptable en el espacio público abierto en nuestras áreas urbanas centrales y periféricas, un desequilibrio vegetal e hídrico entre la estructura urbana y el espacio urbano”

Frente a ello, propuso una visión integradora: “Se concibe que toda la ciudad es naturaleza, hay una a proteger y conservar; una creada, es decir, inducida; una enajenada o ignorada que se nos presenta irregularmente en inundaciones y catástrofes telúricas; una finita, que es transformada en los materiales que utilizamos en arquitectura y la urbanización de nuestras ciudades; una recobrada entre una infraestructura sumergida para poderla transformar en una infraestructura sustentable, verde y azul, y o una extraída y excavada que deja grandes huecos, polos negros y posibles pasivos ambientales difíciles de restañar”.

Cerró con una formulación ética: “Ese cambio necesario de paradigma entre la visión de desarrollo y progreso, entre humanidad y naturaleza, ya que a través de la trilogía inseparable de arquitectura, arquitectura y paisaje y diseño urbano podemos dar viabilidad, futuro y habitabilidad, lejos de la catástrofe. Y llevamos profundamente esa voluntad hacia la vida y esa necesidad de recuperar el paraíso perdido”.

Una Goya para los galardonados

Ricardo Prado Núñez recibió la presea por una vida dedicada al estudio, conservación y restauración de monumentos artísticos e históricos, con una práctica profesional que suma más de 90 intervenciones en edificios patrimoniales y una docencia sostenida en la Facultad de Arquitectura de la UNAM.

Los arquitectos fueron reconocidos por su trabajo de décadas en restauración de inmuebles históricos y edificación del paisaje, respectivamente.
El restaurador remodeló el Palacio Postal de 1996 a 2000. Araceli López

Al pasar al podio, Prado organizó su discurso en tres ejes: “Mi gratitud hacia México, que me ha dado la oportunidad de poder estudiar una carrera en mi muy querida Universidad Nacional Autónoma de México, y el poder asimilar en sus aulas, con sus grandes maestros, junto con restauradores de bienes muebles, historiadores del arte, el conocimiento y el cariño por el riquísimo patrimonio histórico construido”.

El segundo eje fue la formación de una conciencia patrimonial en sus alumnos: “He tenido la oportunidad de hacer sentir a mis alumnos el orgullo que debe significar para todos los mexicanos la herencia que representa la posesión de un patrimonio histórico construido que viene desde hace muchos siglos, y hacerlos pensar si sería lógico que, habiendo recibido un legado como este, prefieran destruirlo o vandalizarlo con pintas en lugar de conservarlo”.

El tercero, la recompensa por haber trabajado en monumentos emblemáticos y la lucha constante que implica la restauración.“Manifestar la gran satisfacción que he tenido en el contacto con los grandes edificios patrimoniales, como este magnífico Palacio de Bellas Artes, el antiguo Teatro Esperanza Iris, el Palacio Postal de la Ciudad de México, las esculturas de Cuauhtémoc o los llamados Indios Verdes, y lo que ha significado para mí la lucha constante que representa el trabajo de un restaurador del patrimonio para conservar y rescatar”.

La arquitecta Louise Noelle se refirió a las aportaciones de Schjetnan Garduño, y Xavier Cortés Rocha, profesor emérito de la UNAM, presentó a Prado como “un profesional de la restauración, un hombre culto, gran conocedor de nuestra arquitectura patrimonial”.

Al final un fuerte ¡Goya! se escuchó en la Sala Manuel M. Ponce, que aplaudió de pie a los galardonados.

BSMM

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Leticia Sánchez Medel
  • Leticia Sánchez Medel
  • letymedel@yahoo.com.mx
  • Reportera cultural, cursó la maestría en Periodismo Político, es autora de tres libros sobre la historia inédita del Cervantino.
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