Oxígeno es el libro que nunca hubiera querido escribir Marta Jiménez Serrano (Madrid, 1990). En noviembre de 2020, pocos meses antes de publicar su primera novela, la autora estuvo a punto de morir junto con su pareja por una fuga de monóxido de carbono en su casa.
En entrevista con MILENIO, la escritora comenta: “La cercanía de la muerte me obligó a hacerme preguntas que cambiaron mi modo de relacionarme con el mundo, pero no sé si cambió mi manera de escribir. En Oxígeno tengo un tono, una mirada y un estilo un poco distintos. No es fácil hablar de la muerte de una manera frontal, de un evento tan crudo que de algún modo sentí que necesitaba la mínima intervención posible”.
En el libro, publicado por Alfaguara, reconstruye el accidente e incluye testimonios de quienes estuvieron junto a ella en aquel momento tan difícil de su vida.
“A mí la literatura me ha salvado, si no la vida, de la locura muchas veces, poder nombrar lo que nos duele, contar lo que se nos dificulta. Si todos fuéramos felices y nos comunicáramos perfectamente, la literatura no existiría. Al verbalizar aquello que nos pesa la literatura tiene un poder salvador muy grande”.
Oxígeno tiene algo de novela de no ficción, pero la escritora considera que es un libro “híbrido porque utiliza materiales de mi propia experiencia y también están las herramientas de una novela. Lo que sí he intentado es sostener la intriga narrativa. Es un libro raro”.
Desafíos narrativos
Jiménez necesitó cinco años para narrar esta experiencia, y durante ese periodo, “me relacioné con la herida desde todos los lugares. Intenté hablar de ella cuando estaba abierta, luego dejé que pasara un poco de tiempo y volví sobre ella, después hubo un momento en que la miraba y ya era una cicatriz”.
Del que al inicio de la escritura del libro aún tenía ansiedad al rememorar lo ocurrido, “y al final llega ese momento en el que el texto es el texto y lo estás narrando casi como si le hubiera ocurrido a otra persona”.
Uno de los mayores desafíos narrativos fue reconstruir aquello que ocurrió mientras ella permanecía inconsciente. Para hacerlo, entrevistó a quienes estuvieron cerca de ella, como el enfermero que la rescató e intentó trasladar al texto esa sensación de vacío.
La filóloga española asegura que en su libro también hay una parte de denuncia social, relacionada con la precariedad y las dificultades para acceder a una vivienda.
“Esto que pasó tiene que ver también con la precariedad, con las dificultades de acceso a la vivienda y con la falta de responsabilidad de la propietaria. Me parecía necesario no contar eso como un incidente personal, porque creo que se engloba dentro de la estructura política que estamos viviendo ahora y la precariedad en muchos lugares del mundo”.
La autora considera que todos asociamos la muerte a una situación extraordinaria o un accidente.
“Pero nadie espera un sábado tranquilo en su casa, de repente caerse al suelo. Y eso también es una parte central del libro porque uno de los problemas de que ocurra esto en tu hogar es que luego uno necesita descansar en su sofá y yo no tenía a dónde ir”.
Después del suceso, Jiménez Serrano tuvo que enfrentarse también al miedo de volver a dormir y aprender nuevamente a cuidar de sí misma.
“Me remitía a la infancia. A ese miedo que hemos tenido todos cuando éramos pequeños de quedarnos a oscuras y a solas. Sentí un poco que tuve que volver a aprender a vivir como cuando era niña. A poner el mismo horario de cena, aprenderme a dormir, a cuidarme de nuevo. Pero fue muy útil porque me dejé llevar menos por la energía y más por las cosas que necesitaba”.
Sentir mucho
Uno de los grandes aprendizajes que tuvo tras casi perder la vida fue “a no dejar que el miedo vaya al volante. A no dejar que el miedo dirija determinadas decisiones. Me han preguntado mucho si ya no tengo miedo y claro que tengo miedo porque si no, sería una psicópata”.
Para la escritora, no importa qué emoción provoque su historia, sino que el lector logre sentir muchas cosas. “Me gustan mucho los libros que cada lector puede llevar a su terreno. Entonces, quizá hay lectores a los que el libro les acompaña, a los que les incomoda, a los que les angustia. Lo que me gustaría es que sintieran mucho. Pero cualquier reacción me parece buena”.
¿Lo que te sucedió cambió tus ganas de ser escritora?
No, para nada. Al revés, me reafirmó que este es el modo que tengo de relacionarme con la vida. Fernando Pessoa, con quien me siento muy identificada, decía que escribir era su modo de estar solo y a mí me pasa lo mismo.